Nacional

Dos metáforas tabasqueñas

Dos metáforas trazaron la actualidad de AMLO…

Una: pese a nubarrones y lloviznas, el mitin en la delegación Venustiano Carranza, tierra hostil para morenistas, transcurrió sin contratiempos. Por temor al chubasco, se optó de última hora por un solo orador: Andrés Manuel, quien retó a las sombras con un discurso extenso, en el cual machacó sus temas perpetuos, aprendidos de memoria por sus partidarios y que, sin embargo, desatan euforias a cada repetición. Entre gotas cobardes, él sintetizó: “Se ha portado muy bien el tiempo”. La frase fue interpretada como una alusión a sus números alegres, a 640 horas de la jornada electoral. Y contando…

Dos: pese a terminar apretujados bajo los últimos fresnos del Parque de los Periodistas Ilustres, único sitio donde se logró armar la concentración, los seguidores del tabasqueño resistieron la espera, la ventisca y la confusión por los cambios de sede, casi sin parpadear. Sin importar el arribo tardío de López Obrador —llegó con 45 minutos de retraso—, los sobresaltos del clima y los boicots de la camarilla perredista al frente de la delegación, ellos aliviaron su tarde con versos y vivas.  Expectantes, inquebrantables, insaciables… Fue un indicativo de lealtad, un mensaje irrebatible: no habrá miedo, campaña, denuncia o propaganda capaz de moverlos de su fervor añejo.

Dos metáforas…

En Venustiano Carranza, cacicazgo de los hermanos Moreno —Julio César, quien ya fue jefe delegacional de 2006 a 2009 y ahora aspira de nuevo al puesto; e Israel, quien de mandadero en la redacción de un periódico llegó a ser delegado en 2015, aunque el año pasado la Corte ordenó su destitución por desacato judicial—, se obstruyó desde todos los frentes la asamblea de los morenistas: para evitar el uso de la explanada delegacional, se concedió permiso a un circo para montar su carpa y anunciar payasos, superhéroes, acróbatas, magos y piratas.

El grupo lopezobradorista decidió organizar la reunión a espaldas de la explanada, en el cruce de Lázaro Pavia y Lucas Alamán, pero desde la madrugada dominical el espacio quedó bloqueado por camiones de carga y transporte.

Sin tiempo para encontrar una mejor sede, el estrado y demás aparatejos de sonido fueron trasladados hacia la esquina de Congreso de la Unión, junto al parque de árboles entrelazados donde todos los fines de semana se ofrecen garnachas, frituras y tacos canasteros de a 7 por 10.

En las horas previas, algunas camionetas destartaladas recorrían con altavoces las calles circundantes anunciando el cambio obligado. “Por causas de fuerza mayor”, decían los merolicos.

Por eso la llegada de AMLO fue precedida por un peregrinar de caminantes despistados y familias dispersas, una especie de paseo dominical sin orden ni rumbo.

Bastones, andaderas y sillas de ruedas sobre el asfalto.

Las intrigas perredistas y la estrechez del lugar derivaron en un mitin menos nutrido de lo habitual, más aún por tratarse de la capital y sus ya conocidas pasiones electoreras y del puntero en la actual campaña presidencial.

Lejos de cualquier apreciación, López Obrador cruzó por la franja de los mallugones, donde la multitud se desvive por tocarlo, sentir su ropa sudada y su cabellera despoblada. Y llegó a la tarima bajo los fresnos, atiborrada de candidatos y candidatas a toda suerte de cargos de elección popular. Fue tal el nivel de saturación de suspirantes y demás colados de ocasión, que un auxiliar de campaña cayó al vacío mientras la muchedumbre vitoreaba la presencia de Claudia Sheinbaum.

Según el guion original, hablarían cinco aspirantes, pero las nubes negras trastocaron el programa. “Ya viene la lluvia”, susurró Sheinbaum a AMLO y le pidió tomar el micrófono sin abridores ni protocolos. “Que la gente te escuche a ti, tú nos representas a todos”, le dijo. Y así fue…

No hubo sorpresas en el discurso tropical: pasó de la venta de aviones y helicópteros oficiales, a la disolución de pensiones a expresidentes; de nuevos aeropuertos bajo la lupa a reducciones salariales a funcionarios públicos, incluidos ministros de la Corte, secretarios y legisladores. Siempre con un dedo acusador, mordaz, delator…

Para el anecdotario,  dos referencias extrañas. Una, a sus años de lucha y sus deseos de votación mortuoria: “Cuando venía para acá, me vi en una fotografía al lado de una mujer. Yo no tenía canas en ese tiempo, han pasado ya varios años, se nos adelantaron algunos familiares, pero están en el cielo. Ellos, como nosotros, estarán el 1 de julio, casi como a esta hora, festejando, porque vamos a tener fiesta”.

Y otra, imán de carcajadas, surgió al tocar el tema de la Residencia Oficial de los Pinos. “Voy a seguir viviendo en mi casa, la que todos ustedes conocen y la que también es su casa. Los Pinos serán parte del Bosque de Chapultepec, y será un área abierta al público, donde habrá exposiciones de arte y cultura”, dijo primero.

Alguien, entre el gentío, preguntó: “¿Por qué no te gustan Los Pinos?”. Y él, encantador de sueños, respondió: “Ahí espantan, esa casa está embrujada, hay malas vibras y ni con varias limpias se acaban. Sale hasta el chupacabras. ¿Saben cómo se va a purificar? Sólo con el pueblo, que será el purificador de la vida pública del país”.

No hubo chaparrón… “Nunca les voy a fallar”, prometió él, como siempre, pero esta vez alguien entre la masa, atrevió:

—Más te vale, te vamos a traer corto…

“Se portó bien el agua”, reiteró Andrés Manuel en la despedida de esta tarde metafórica y apretujada en la delegación de mordazas, merolicos, exmandaderos y payasos…

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