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“La empatía, vital para nuestra supervivencia y de la sociedad”: Giacomo Rizzolatti

El cientifico italiano Giacomo Rizzolatti relató cómo descubrió las neuronas espejo y su importancia en la evolución humana. Su charla concluye el festival El Aleph en la UNAM

Giacomo Rizzolatti fue el invitado especial de la segunda edición de El Aleph, realizado en la UNAM.

Sin la empatía, el ser humano no habría desarrollado comunidad ni sociedad alguna, es este mecanismo neuronal una característica evolutiva presente en los primates y refinada por el ser humano. Hoy en día, científicos han demostrado que la empatía es un proceso tanto cognitivo como neurológico y ha resultado en muchos descubrimientos más sobre cómo nos relacionamos con los demás.

Hace un par de décadas, el equipo de investigación de Giacomo Rizzolatti estudió en monos un tipo de neuronas encargadas del movimiento; los científicos de la Universidad de Parma, Italia, observaron además un tipo de células que no sólo se encendían cuando el primate ejecutaba ciertos movimientos, sino también cuando observaba a otros hacerlo, donde se reflejaba. Los científicos nombraron a este tipo de células “neuronas espejo”, vinculadas con complejos procesos del comportamiento, como la empatía.

“No hay duda de que reconocemos las acciones de los otros y éstas son importantes para nuestra supervivencia y de la sociedad”, señaló Rizzolatti durante su conferencia “Las neuronas de la empatía. Crónica de un gran hallazgo científico”, realizada en el marco del Festival de Arte y Ciencia El Aleph.

El italiano agregó que no es milagroso tener neuronas espejo, sino que van progresando a partir de estímulos visuales a la codificación parietal y después motriz. Después del hallazgo en monos, el objetivo era investigar lo que sucedía en humanos.

Las investigaciones se realizaron en un inicio con la conexión de electrodos a los monos para analizar neuronas específicas, después emplearon imagenología cerebral para estudiar circuitos completos. 

En experimentos con seres humanos, relató, presentaron estímulos que generaban disgusto, como el de presentar un huevo podrido, que activaba una parte de la corteza insular. Los científicos no buscaban entender la parte cognitiva del disgusto, sino observar que la misma área activada por el disgusto también se activa cuando vemos a alguien que muestra esa sensación.

“Esto muestra que podemos tener empatía, es decir, sentirme en el mismo estado que el otro”. Añadió que se han realizado estudios con otro tipo de sensaciones, como el dolor.

El especialista que ayer también se presentó en El Colegio Nacional, explica cuál es la diferencia entre la empatía neuronal y la cognitiva, esta última relacionada con la forma fenomenológica y racional de entender.

“Si presenciamos un accidente, por ejemplo, y midiéramos nuestra presión arterial, encontraríamos nuestro pulso alterado; en cambio, si leo en el periódico que hubo un ataque terrorista si bien no me sentiré feliz, veremos que no es la misma empatía de verme en el otro, ya que en la actividad de mi cerebro no habría cambios”.

En la primera situación se experimenta esa sensación desagradable y se muestra una empatía que no es cognitiva, sino interna. “Esto es totalmente increíblemente importante porque podemos modularlo”.

CONOCER Y ENTENDER. Para no emplear un ejemplo actual, Rizzolatti se remitió a la época nazi, donde el gobierno convenció con propaganda a su país de que los judíos eran subhumanos, cancelando así sus mecanismos de empatía. “Eso sucede actualmente con ISIS y el terrorismo, que desestiman que somos igualmente humanos”. Algo preocupante es que bajo ciertas circunstancias estos mecanismos también se pueden cancelar en los niños, acotó.   

Por otra parte, mencionó que se ha detectado que problemas como el autismo o la dificultad de relacionarse socialmente se vinculan con una conexión débil en este tipo de neuronas.

Además, en las sociedades, como en las relaciones madre-hijo, puntualizó, tenemos la necesidad de aprender nuevas acciones, puesto que “cuando las aprendemos podemos entenderlas y entender al otro”.

 

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