El factor de lo Imponderable - Wilfrido Perea Curiel | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 05 de Junio, 2018
El factor de lo Imponderable | La Crónica de Hoy

El factor de lo Imponderable

Wilfrido Perea Curiel

De no darse un sobresalto verdaderamente mayor e imprevistos AMLO se encamina a ganar la elección presidencial en curso. Las encuestas que recientemente circularon muestran que el tabasqueño goza de un envidiable momentum, luce imparable para el imaginario colectivo. Consolidado en una primera posición, su triunfo parece inminente, hablando, por supuesto, de la vía democrática. Se entiende que el fantasma del fraude electoral, producto de nuestra propia historia política, siempre aceche, empero, en este caso, tendría que ser un robo monumental o un suceso verdaderamente traumático para que se rompa la trayectoria que los vectores de los estudios de opinión han señalado con consistencia desde varias semanas atrás. De darse un imponderable de tal magnitud, ya lo de menos sería el resultado electoral, sino los múltiples efectos que ello contraería, así como la impredecible reacción social. En este indeseable escenario México entraría a un agujero negro.

Cabe la pregunta, pese a lo anteriormente expuesto, ¿puede AMLO perder aún la elección? Por cuestiones de rigurosidad metodológica habría que responder afirmativamente, no obstante, empíricamente no hay fundamentación, en este momento, para aseverar que se podría colapsar la campaña de Morena, o bien, que Anaya o Meade, crecerían a un ritmo inusitado hasta el grado de arrebatarle el primer lugar al exjefe de gobierno de la CDMX.

Anaya y Meade están en su legítimo derecho de luchar con todo hasta el 27 de junio, fecha en la que concluyen las campañas para dar paso a una etapa de reflexión. Su empeño y empuje debe ser visto como una muestra de pundonor, siempre es bien visto perder con dignidad y tal condición se logra en no aflojar el paso hasta el último momento. Eso es lo que merecen las militancias de sus respectivos partidos y las alianzas que representan. Eso es una cosa, sin embargo, se verían muy irresponsables si en medio de la desesperación que impera en sus cuarteles, llevaran a otra dimensión la guerra sucia contra el tabasqueño, o entre ellos mismos: promover el odio no es buena idea en medio de tanta agitación que se vive. El clima social está muy revuelto y la nomenclatura del sistema que opera desde la penumbra podría ver en esta circunstancia condiciones favorables para intentar dar un rudo manotazo al proceso electoral. ¿A quien se responsabilizaría en primera instancia de un desaguisado mayor? La pregunta no es ociosa.

La democracia mexicana no está consolidada, ahora mismo atraviesa por una de sus pruebas más comprometedoras. Esta elección ha sido un trance muy complicado. La clase política en general ha exhibido sus miserias; instituciones clave como el INE o el TEPJF han quedado a deber; la violencia política está desatada, según la consultora Etellekt, hasta ahora han ocurrido 104 asesinatos de políticos vinculados a las campañas; la sociedad mexicana vive una creciente polarización que desde ahora divide a familias; AMLO está confrontado con una poderosa ala del empresariado mexicano; en el plano interpartidista la interlocución está rota; en la dimensión intrapartidista hay mucho resentimiento contenido en espera de explotar; la sociedad mexicana experimenta una crispación como no se había visto. Por si faltara algún inconveniente más, todo lo anterior se da en un marco de inseguridad pública incontrolable y de grises nubarrones sobre la economía mexicana. Un autentico coctel explosivo, la coyuntura está sobrecargada.

Hace falta mucha mesura, la estabilidad del país está en juego. Construimos una blandengue democracia, aunque sin auténticos demócratas. Lastimosamente en México los candidatos no saben perder, pero tampoco saben ganar. Conviene decir que el proceso electoral tiene amenazas dignas de tomarse en cuenta, dista mucho de ser un proceso ejemplar. Si como se dijo más arriba, en la percepción social el desenlace parece ya dado, es decir, que es irreversible el triunfo de AMLO, lo cierto es que tampoco se puede descartar el factor del referido imponderable mayor, sobre todo, cuando emerge como un mecanismo para trastocar el rumbo de la contienda presidencial. Convendría que los candidatos fueran más cautos y mesurados, la atmósfera política y social está ya bastante enrarecida.

pereawilfrido@me.com

 

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