Diseño para el cambio

Voces de la UAM

Luis Rodríguez Morales*

En 2017, asociaciones profesionales, escuelas de diseño y ONG firmaron la Declaración de Montreal. El propósito de este documento es reconocer y difundir el potencial del diseño como agente de cambio para contribuir al logro de distintos objetivos económicos, sociales, culturales y ambientales, que son el resultado de los apremiantes retos que en distintos órdenes enfrentamos y que se sintetizan en las metas propuestas por la ONU para alcanzar un desarrollo sostenible.

La trascendencia de estos problemas demanda la formulación de una pregunta fundamental: ¿Qué se puede hacer ante estos retos? Para el caso de las disciplinas y su desempeño profesional, este cuestionamiento es central. Si una profesión no puede ofrecer una respuesta positiva a esta pregunta, entonces resulta ser superflua y prescindible.

La consolidación del diseño como profesión se da hacia el fin de la Segunda Guerra Mundial, como resultado del acelerado crecimiento de la industria y los procesos de globalización. Al igual que otras profesiones ligadas al desarrollo de la industria y el comercio, el diseño ha pasado por etapas en las que se han enfatizado distintas facetas relacionadas con el enfoque con el que se enfrentan los problemas en el desempeño profesional.

En un principio, se privilegió la capacidad de los diseñadores para solucionar problemas centrados en la optimización de la funcionalidad de los productos. Posteriormente, se subrayó el potencial para proponer soluciones competitivas atendiendo a las demandas de las empresas, en otro momento se enfatizó la competencia para producir experiencias diversas o de incrementar el valor de bienes y servicios, así como la sustentabilidad de los satisfactores. Todos estos aspectos han estado implícitos en el diseño desde antes de su consolidación como profesión y disciplina. En este proceso evolutivo ha sido claro que lo diseñado, además de cumplir con objetivos funcionales, productivos o estéticos, determina la manera en que nos relacionamos con el contexto y con otros seres humanos.

Los enfoques del diseño se dan conforme a los procesos de evolución propios de la disciplina y las demandas de la sociedad en su conjunto, que buscan que esta disciplina no se limite tan sólo a resolver problemas funcionales o productivos. Por tanto, no es nuevo decir que el diseño impacta de manera decisiva en nuestra calidad de vida, sin embargo, esta influencia se consideraba como el resultado de alguno de los enfoques mencionados, y en la actualidad se señala como uno de sus objetivos centrales.

La Declaración de Montreal hace un llamado a reconocer y desarrollar algunas características comunes a todas las especialidades profesionales del diseño, entre ellas:

a) factor central en el desarrollo de las Pymes y de las industrias creativas, b) componente que impulsa la innovación y la competitividad, c) vehículo para expresar la cultura, d) ingrediente que otorga e incrementa valor a la tecnología, e) agente para el desarrollo de soluciones sostenibles y sustentables y f) agente de cambio para ofrecer una mejor calidad de vida, desde una perspectiva incluyente.

Reconocer al diseño como agente para el cambio, no es un eslogan u otra manera de caracterizar una de las facetas implícitas en la configuración del mundo material (productos y servicios). Implica una transformación en la manera como se forma a los diseñadores y en los modos de ejercer la práctica profesional. Entre otros aspectos, implica un esfuerzo por fortalecer y desarrollar las competencias para el desempeño interdisciplinario y para investigar desde una perspectiva sistémica.

Desde esta óptica, el trabajo del diseñador no se inicia de la manera tradicional con la estructuración de una definición del problema, sino con el análisis de una situación, desde la perspectiva de la complejidad, que involucra no sólo al usuario sino a una cadena de personas o entidades que, de alguna manera, tienen necesidades o poder de decisión con respecto a una solución. Este análisis necesariamente lleva a involucrar distintos actores y proponer enfoques que rebasen las posturas tradicionales de las especialidades del diseño (industrial, gráfico, etcétera), para ofrecer una solución integral que no se limite a las habilidades disponibles desde las especialidades profesionales.

Una solución integral se alcanza cuando se materializa en un sistema-solución, cuya realización requiere de la convergencia de diversas disciplinas. La solución integral comprende productos, en el sentido tradicional del diseño industrial y estrategias de información, en el sentido del diseño de la comunicación visual. Lo anterior implica que en la actualidad, los diseñadores, más que centrarse en el desarrollo de habilidades propias de una especialidad, deben contar con una formación que les permita disponer de las competencias de un diseñador integral, entre las que destaca la de investigar.

El proceso tradicional del diseño se puede dividir, en primera instancia y a grandes rasgos, en dos grandes fases. La primera se centra en la investigación del problema y la segunda en la implementación de la solución. Desde la óptica del Diseño Integral, la fase de investigación recorre la totalidad del proceso. No sólo se estudia la problemática, también se requiere investigar cómo es recibido el sistema-solución para hacer posible la participación de la cadena de personas involucradas y procurar que las soluciones no dependan del “genio” o inspiración de una persona, sino de la colaboración social.

El proceso de investigación debe llevarse hasta la fase de evaluación de las propuestas y no limitarse al inicio. Las competencias necesarias para llevar a cabo investigaciones que parten de problemáticas complejas y culminan en propuestas pertinentes, que atiendan a problemas ambientales, añadan valor, sean agradables, incluyentes, funcionales y así favorezcan la innovación y competitividad de las Pymes, son objetivos a tener en cuenta para colaborar en el cambio hacia una sociedad más justa y sostenible.

Alcanzar las metas propuestas en la Declaración de Montreal requiere de la colaboración interdisciplinaria y el desarrollo de competencias de investigación como aspectos fundamentales en la formación y la práctica profesional del diseño. Este año la CDMX ha sido nombrada Capital Mundial del Diseño por la World Design Organization, lo que presenta una oportunidad para reflexionar sobre la importancia del diseño como una profesión capaz deconvertirse en un agente de cambio.

* Profesor-investigador del Departamento de Teoría y Procesos del Diseño de la División de Ciencias de la Comunicación y Diseño de la Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana

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