Este doctor pone todo su corazón para “reparar” pequeños corazoncitos | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 08 de Junio, 2018

Este doctor pone todo su corazón para “reparar” pequeños corazoncitos

◗ Alberto, médico del Hospital López Mateos (ISSSTE), es uno de los especialistas más jóvenes en intervenir quirúrgicamente el corazón de recién nacidos. Tiene a su cargo estudios donde constantemente su cuerpo se ve expuesto a radiación. Sabe que a la larga podría tener problemas oncológicos, pero también está firme en que es algo que ya meditó lo suficiente. Quiso ser médico, es muy bueno en lo que hace y ha decidido asumir los riesgos de su labor

Este doctor pone todo su corazón para “reparar” pequeños corazoncitos | La Crónica de Hoy
Alberto Zárate Fuentes, un mexicano de valores profundos y valiosa entrega.

Tiene dos pasiones en la vida, y de las dos habla con el mismo amor, sus ojos brillan, revelan que ama tanto a una como a la otra: su familia y su profesión, es médico cardiólogo intervenicionista pediátrico.

Se siente agradecido con Dios por brindarle la oportunidad de poder salvar vidas: “Yo pongo todo mi conocimiento y mis manos. Pero sé que no todo depende de mí. Soy muy católico y me encomiendo a Dios cada que opero a un pequeñito. Le pido que me ayude, sobre todo en los casos que están color de hormiga”, confiesa.

Es Alberto Zárate Fuentes, médico adscrito al área de Cardiología Pediátrica e Intervencionista del hospital Adolfo López Mateos del ISSSTE.

El primer médico de una familia de cuatro hermanos, él y su gemelo, quien es actuario, son los de enmedio, el mayor y el más chico son ingenieros como su padre ya fallecido, ingeniero con maestría en sistemas, y su madre, revela orgulloso “es una mujer adorable, la amo, se ha entregado en cuerpo y alma a su familia”.

Su servicio social, que le tocó realizar en una zona con muchas necesidades, en Villa Victoria, Estado de México, donde había muchos niños con problemas cardíacos que no habían sido atendidos de manera correcta, fue la primera señal de que se dedicaría el resto de su vida a curar corazones.

Sin cumplir aún los 40 años, tiene una especialidad que no todos los cardiólogos pediatras alcanzan, luchó por especializarse en intervencionismo —opera esos pequeños corazoncitos— con su mejor aliado, la medicina moderna. Sus diestras manos atienden estas deficiencias en el corazón y la mayoría de las veces ya no son a corazón abierto, sino a través de la vena femoral, en la pierna a la altura de la ingle hace una pequeña incisión de dos milímetros para llegar al corazón.

El doctor Zárate Fuentes nos permite conocerlo un poco más allá, lejos de la prisa hospitalaria y alejado por unos instantes de la consulta diaria, deja ver al hombre que hay detrás de esa nívea  bata que porta con orgullo, lo mismo que su sortija de matrimonio que se puso frente al altar hace ocho años. Ese amor, que nació en el segundo año de la carrera, ha dado vida a tres pequeños, de cinco y tres años y un bebé de nueve meses.

Entrecierra sus ojos y su rostro refleja una amplia sonrisa de satisfacción humanitaria, admite que lo suyo es “reparar” fallas en los corazones de sus pequeños pacientes, que pueden llegar desde recién nacidos y a quienes ha logrado operar oportunamente y regalarles lo que no tiene precio: una nueva oportunidad de vida.

 Su especialización tiene una remuneración económica, pero su mejor paga son las muchas bendiciones que recibe, de padres y madres que llegan al hospital Adolfo López Mateos, con el corazón acongojado, porque a quien más aman, sus pequeños hijos, están en riesgo de perder la vida.

Con orgullo llega con su mamá, le confiesa que en su trabajo le dan muchas bendiciones, hasta de los pequeños que le dicen “gracias, porque antes de llegar aquí me sentía mal, y ahora ya estoy bien”, sin tener idea clara de la operación a la que fueron sometidos, y entonces la orgullosa madre de Alberto, con un nudo en la garganta, a la distancia, agradece a Dios por todos esos desconocidos que bendicen a su hijo.

En la carrera, admite, reprobó autonomía, pero eso sólo le dio la convicción de dar lo mejor de sí, terminando sus estudios con el quinto mejor promedio de su generación y fue el primer lugar del Congreso a nivel nacional en el examen de Certificación de Cardiología Pediátrica “y todo eso te va motivando cada vez más”.

En la cúspide de su carrera, el especialista, con cursos en el extranjero, sabe que su pasión implica un riesgo a su propia salud, y aún así se sigue entregándo con pasión.

Le encantaría seguir en su profesión muchos años más, pero también sabe que al tener contacto con la radiación que se maneja para los exámenes de los niños y se hace a través de un tubo de rayos X, “y los riesgos siempre existen”.

Aunque se trabaja bajo los más estrictos estándares de seguridad, con el uso de equipo especial tipo blindaje, que son chalecos de plomo y collarín, para tener cierta seguridad radiológica, siempre la dosis acumulada de radiación pudiera ocasionar riesgos de presentar algún problema oncológico o la opacidad del cristalino.

El doctor Zarate, toma de prisa su café, sus pacientes lo esperan. Se despide no sin antes reconocer que permanecerá en el ISSSTE, en el área de cardiología pediátrica intervencionista, por muchas razones: porque confiaron en su capacidad para arrancar este importante proyecto que ha crecido mucho a sólo dos de su inicio; cuentan con tecnología de primer nivel que permite atender a los derechohabientes “como si estuvieran en el mejor hospital privado, te lo puedo asegurar, además, detrás de mí hay un enorme equipo de profesionales que hemos logrado trabajar en un perfecto engranaje en pro de estos pequeños pacientes”.

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