Nicaragua: la revolución traicionada - José Fernández Santillán | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 08 de Junio, 2018
Nicaragua: la revolución traicionada | La Crónica de Hoy

Nicaragua: la revolución traicionada

José Fernández Santillán

Las protestas en Nicaragua contra el régimen de Daniel Ortega no cesan. El miércoles de la semana pasada, o sea, 30 de mayo, con motivo del día de las madres se organizaron manifestaciones pacíficas en diversas ciudades del país. No obstante, en Managua, cuando la marcha ya empezaba a dispersarse, un grupo de asistentes fue atacado a balazos. La jornada se cerró con al menos 15 muertos que se sumaron a las 91 personas que habían perdido la vida desde que se iniciaron las movilizaciones el 18 de abril. La mecha que encendió la agitación fue la disposición oficial de emprender reformas al sistema público de pensiones. Medida que reduciría las prestaciones de los trabajadores y aumentaría las aportaciones de los asalariados en activo.

Pese a que el domingo 22 de abril, el gobierno dio marcha atrás a esa disposición las demostraciones de descontento no se han detenido. Es de hacerse notar que al comenzar los actos contra su gobierno ese 18 de abril, Daniel Ortega tardó en aparecer en público, y cuando lo hizo, llamó a los manifestantes “pandilleros manipulados”. Eso muestra la pérdida de contacto con la realidad de su país. Como dice Enrique Delgadillo Lacayo en su artículo “Adiós, Daniel” (Facebook, 23-IV-2018): “Te has aislado con tu policía privada y la policía nacional que has corrompido, estás fuera del alcance emocional e intelectual de la gente común. El miedo que te posee se traduce en violencia”.

Parece increíble que un líder de la Revolución que derrocó a los Somoza el 19 de julio de 1979 se haya convertido en un tirano.

Daniel Ortega fue el representante de las tres corrientes del FSLN en la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, de la que también formaron parte Sergio Ramírez, Alfonso Robelo y Violeta Barrios; es decir, el órgano colegiado que tomó el mando en Nicaragua cuando Anastasio Somoza Debayle huyó en julio de 1979.

Ortega fue Presidente de Nicaragua de 1979 a 1990 cuando fue derrotado por la Unión Nacional Opositora (UNO), una coalición de catorce partidos opuestos al FSLN que llevó a la Presidencia a Violeta Barrios la viuda de Pedro Joaquín Chamorro, director del diario La Prensa, opositor a Somoza. Chamorro, asesinado el 10 de enero de 1978. Muchos consideran que ese crimen fue el detonante que hizo estallar la revolución nicaragüense. Entre los cerca de 50 mil muertos que produjo aquel conflicto armado está Camilo Ortega Saavedra, hermano de Daniel y Humberto.

La derrota electoral debió haber sido una lección para Daniel y el FSLN. La organización fundada por Carlos Fonseca Amador debería de haberse adaptado a los cánones de la democracia liberal; pero no fue así. Daniel Ortega perdió las elecciones en 1996 y 2001.

Vale la pena traer a colación un dato: en 1998 Daniel Ortega fue acusado de haber abusado sexualmente de su hija adoptiva Zoilamérica Narváez.

Ortega, ávido de poder y ya sin compromiso ideológico alguno, sabía que nunca recuperaría el poder si el umbral de la segunda vuelta mantenía como requisito superar el 50 por ciento más uno. Toda la oposición se uniría contra él. Por eso pactó con su antiguo enemigo, Arnoldo Alemán, del Partido Liberal, bajar el techo para ganar en primera vuelta con un 35 por ciento. A cambio, Ortega ayudó a Alemán, expresidente de Nicaragua, a sortear las acusaciones de corrupción que pesaban sobre él.

Este dato es clave para entender la recuperación política de Daniel Ortega. El 5 de noviembre de 2006 se impuso con un 38.07 por ciento frente a una oposición dividida. En 2007, después de 17 años, regresó a la Presidencia de la República.

Como dice Sergio Ramírez (laureado con el Premio Cervantes) refiriéndose a Ortega: “Una vez que llega al poder, él decide que nunca más lo va a dejar que nunca más va a cometer el error de perder una elección”. (Wilfredo Miranda, Univisión, 3-VIII-2018).

Para consolidar su proyecto, necesitaba una sentencia de la Corte Suprema de Justicia que en 2009 declaró inconstitucional el artículo de la Carta Magna nicaragüense que prohibía la reelección presidencial. Ortega ha ido sumando poderes a través de la corrupción, la compra de voluntades, la sumisión y el amedrentamiento.

El colmo fue que mediante una serie de triquiñuelas destituyó a 28 diputados de oposición e inhabilitó a Eduardo Montealegre, un opositor de peso, para que participara en las elecciones. En la fórmula electoral del FSLN, Ortega puso como candidata a la Vice-Presidencia de la República a su esposa, Rosario Murillo. Ganó, para un tercer período consecutivo, el 6 de noviembre de 2016.

Daniel Ortega ha borrado todo vestigio de democracia, Estado de derecho, equilibrio de poderes. En cambio, ha echado a andar un proyecto personal y familiar. Una dictadura dinástica que cada vez se parece más a la de los Somoza.

No obstante, como dice el nieto de Pedro Joaquín Chamorro: “La gente en las calles ha mostrado que su indiferencia ha terminado. El gobierno ha sido incapaz de detenerla”. (Mateo Jarquín Chamorro, “The Beginning of the End for Ortega”, The New York Times, 26-IV-2018).

jfsantillan@itesm.mx

@jfsantillan

Imprimir

Comentarios