La identidad libanesa y cómo se mexicanizó | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 08 de Junio, 2018

La identidad libanesa y cómo se mexicanizó

La identidad libanesa y cómo se mexicanizó | La Crónica de Hoy

Cuando llegaron a México los primeros emigrantes, Líbano no existía propiamente como país. “Existía, sí, el territorio de Monte Líbano, y las referencias de la montaña histórica, que se remontaban hasta los tiempos de la biblia; las referencias en árabe aluden a “la tierra”, a todo lo que era la montaña libanesa”, explica el historiador Martínez Assad.

“Fue un movimiento migratorio que se inició con rapidez, porque hacia 1860 se desencadenan matanzas de cristianos dentro del imperio otomano, el sultán es derribado por el movimiento revolucionario de los jóvenes turcos, y al mismo tiempo, las potencias europeas miran con recelo al imperio; hay ataques constantes del imperio austrohúngaro, el más poderoso de la época. Es una reyerta que continúa hasta nuestros días, intentando determinar si Turquía pertenece o no a Europa, cuando Europa comenzó en Turquía, y el cristianismo es la punta de lanza del occidentalismo”

Por eso, añade el investigador, todas las migraciones de la época: armenios, griegos, judíos, libaneses, tienen encima la idea de la huída, que será aún más intensa al paso de los años, hacia el periodo 1914-1916. Sin embargo, y a pesar de no tener un país, propiamente dicho, los elementos identitarios ahí estaban. “El imperio otomano concedió muchas prerrogativas a las comunidades: respetaba las formas de organización, la jurisprudencia y lo hizo a tal grado con las comunidades cristianas, que habrá momento en que los musulmanes turcos se sientan como disminuidos y consideren que el imperio les presta menos atención que a los que no son musulmanes”.

No obstante, en el caso del pueblo libanés, Martínez Assad no ve en la huida el factor principal que impulsa la migración: “lo cierto es que no había muchas posibilidades de desarrollarse, o de llevar una vida mejor. Lo que creo, como hipótesis, es que la mayor parte de los que emigran son cristianos; los musulmanes emigran mucho menos, y es una situación similar a la que hoy ocurre en la región, donde hay una notable disminución de población cristiana”.

EL RECLAMO DE IDENTIDAD

No conocían el país ni el idioma, pero tenían en común con los mexicanos un factor importantísimo: también eran cristianos.

“Creo que la identidad religiosa operó mucho como aglutinante para comunidad pero también les permitió establecer puentes. Por el hecho de ser cristianos,

tuvieron más facilidades de que se lograran vínculos matrimoniales de libaneses o libanesas con mexicanos o mexicanas, mucho más que en el caso de otros grupos como el judío, donde era más difícil que autorizaran matrimonios mixtos.

Pero los libaneses siempre buscaron su identidad. “Mi madre se quejaba: en sus papeles decía que era sirio-libanesa, y ella se afirmaba a sí misma como libanesa, como muchos otros más. Esa confusión entre sirios, otomanos y libaneses tiene que ver con los conflictos territoriales de fines del siglo XIX. Hasta después de la segunda guerra mundial se establecerán los límites de Siria y de Líbano, donde triunfó la tendencia de crear un “Gran Líbano”, que ocasionó inevitables roces entre musulmanes y cristianos, quienes aspiraban a un territorio más pequeños, sin los musulmanes del norte y del sur”.

LA LLEGADA Y LA ADAPTACIÓN

Así vinieron, muchos sin recursos, y otros con lo suficiente como para establecerse con cierta rapidez. Primero se les encuentra en Veracruz, en Tampico, en Mérida o en Campeche. Muchos, poco a poco, se trasladarán al interior del país. Entonces se creará una gran comunidad libanesa en Puebla, que llegará a tener mucha influencia.

“Tuvieron mucha comunicación entre ellos: por eso sabían a dónde les convenía moverse, en dónde había qué tipos de negocios y qué hacía falta. Así comenzaron a dispersarse, y eso les da una ventaja con respecto de otras migraciones. Llegaron a abarcar todo el país y eso les da una importancia muy particular”.

Un segundo factor que les permitió adaptarse fue que su espíritu de comunidad tenía sustancia: vinieron en grupos. “Esa práctica ya la habían realizado migrantes franceses e italianos: viajaron en oleadas, desde una sola región, del mismo pueblo”, narra Martínez Assad. “Vinieron grupos de matrimonios, de solteros y de solteras que luego se casaron acá. Todo eso construyó un entramado que les dio apoyo y que les permitió integrarse”.

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