Anthony Bourdain dejó una reflexión sobre la cultura | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 08 de Junio, 2018

Anthony Bourdain dejó una reflexión sobre la cultura

Antes de fallecer, uno de los íconos del mundo de la gastronomía, impregnó su mensaje en pro de la diversidad cultural

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A días de cumplir 62 años de edad, este viernes fue encontrado el cuerpo sin vida del escritor, crítico y chef, Anthony Bourdain, en el hotel Le Chambard, Kaysersberg, en la región de Alsacia. El fiscal de Colmar, Christian de Rocquigny du Fayel, informó que se trató de un suicidio por ahorcamiento.

La particularidad de su personalidad radicaba en su asidua manera de externar su realidad, una realidad vista a través de los ojos de alguien a quien poco se le puede ocultar, porque desde el lavaplatos hasta la pluma más fina, él conocía las implicaciones dentro del mundo de la industria gastronómica.

“No busco necesariamente contar todo lo que necesitas saber sobre un lugar. Quiero transmitir la sensación que tengo sobre el mismo. No es exactamente periodismo, es muy subjetivo”, dijo Bourdain en una entrevista para USA Today.

Al igual que en los programas de televisión, su vida fue un constante viaje que lo llevó a conocer cada aspecto de un mundo rico en cultura, el cual partía de la honestidad con que la combinación de sabores ofrece esa sensación única al gusto, hasta llegar al aspecto más frívolo del protocolo dentro de un restaurante de cinco estrellas. Así era su vida y para ello vivía.

“La gente me sorprende todo el tiempo. Me gusta pensar que soy una persona cínica, como alguien que ha recorrido mucho. Pero el comportamiento humano es un misterio inagotable para mí”, comentó durante la misma.

Su pasión por descubrir y definir cada sabor lo llevó a su primer trabajo ocupando uno de los puestos más bajos del escalafón gastronómico, como lavaplatos en un restaurante en Massachusetts. Sin embargo, esa experiencia fue determinante en su forma de pensar; lo llevó a reconocer la labor y participación de cada persona dentro de la cocina. 

Aunque se graduó del Instituto Culinario de América, fue justo durante la juventud que inició uno de los aspectos más oscuros de su vida: la adicción. Con ella, llegaron un sinfín de consecuencias que terminaron afectándolo a nivel personal y profesional, su temperamento y personalidad se distorsionaron en proporción a la disolución de sus relaciones.

“No quiero hacer lo mismo todo el tiempo. Si de forma consistente haces feliz a la gente, incluso a tu audiencia más fiel, estás haciendo algo mal. Me interesa mucho más intentar ser creativo, intentar mantenerme interesado, impulsando a mi equipo y a mis socios creativos a hacer su mejor trabajo”, agregó.

No obstante, fue su carácter y honestidad lo que le abrió las puertas del éxito fuera de la cocina; a través del artículo “No coma antes de leer esto”, publicado en The New Yorker en 1999. En él expuso por primera vez, de manera formal, los detalles de las cocinas en las que trabajó durante varios años. Gracias a dicho texto una editorial lo contactó para que escribiera un libro al respecto y de ahí surgió Confesiones de un chef (2000), en el que incluyó aspectos personales sobre su situación relacionada con las drogas.

Fue así que salió de la cocina para entrar a la pantalla chica con programas como: “No Reservations”, que lo hizo acreedor a dos premios Emmy; y “Parts Unknown”.  Aunque este último consistía en una serie de viajes y cocina, la parte gastronómica pasaba a un segundo plano cuando era Anthony Bourdain quien estaba frente a la lente; su capacidad para explorar cada aspecto de la cultura más allá de los platillos hicieron de su característica vital un fenómeno televisivo que cautivó al público internacional.

“Su amor por la gran aventura, los nuevos amigos, la buena comida y bebida, y las historias destacadas del mundo le convirtieron en un contador único de historias.” – CNN

Eran alrededor de 250 días al año los que pasaba de viaje, recorriendo distintas cocinas por todo el mundo; en ambientes personales e íntimos que daban la posibilidad de conocer más a quien preparaba los platillos que sobre el platillo mismo.

“Nos enseñó sobre comida pero, más importante aún, nos enseñó su capacidad de unirnos. De que tuviéramos algo menos de miedo a lo desconocido. Lo echaremos de menos”, compartió el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama al conocer su muerte. 

Su formato rompió con la manera de hacer programas de cocina y ofreció una ventana al intercambio cultural, tocando aspectos muy específicos de cada región. En ese sentido, se sintió fuertemente atraído por la cultura mexicana y todo lo que ésta representaba principalmente para su país natal.

“Sin importar nuestras ridículamente hipócritas actitudes hacia la inmigración, pedimos que los mexicanos cocinen un gran porcentaje de la comida que comemos, que cultiven los ingredientes que necesitamos, limpien nuestras casas, poden nuestro césped, laven nuestros platos, cuiden a nuestros hijos. Como cualquier chef te diría, nuestra industria del servicio entera, la industria restaurantera como la conocemos, en la mayoría de las ciudades estadunidenses, colapsaría de la noche a la mañana sin los trabajadores mexicanos. Algunos, por supuesto les gusta decir que los mexicanos están ‘robando empleos americanos’, pero en dos décadas como chef y empleador, nunca he tenido un solo chico estadunidense en mi puerta aplicando por un puesto como lavaplatos, portero o cocinero en preparación. Los mexicanos hacen mucho del trabajo que en este país, la gente probablemente no haría”, expuso en una nota publicada el 3 de mayo del 2014 en Tumblr.

Su postura antes temas de discriminación siempre estuvo inclinada a defender los derechos humanos: tanto en el caso de los inmigrantes como con los derechos de la mujer, mostrando su apoyo al movimiento #MeToo.

“Por mucho que pensemos que la conocemos y amamos, apenas hemos rascado lo suficiente de lo que reamente es la comida mexicana. No es queso derretido sobre un trozo de tortilla. No es simple o fácil. No es simplemente ‘bro food’ para un medio tiempo. Es de hecho, antigua, más antigua que las grandes gastronomías de Europa y con frecuencia profundamente compleja, refinada, sutil y sofisticada. Un verdadero mole, por ejemplo, puede tomar días para prepararse, para balancear los ingredientes (siempre frescos), minuciosamente preparado a mano. Podría ser, debería ser, una de las cocinas más emocionantes del planeta. Si prestamos atención. Las cocineras tradicionales de Oaxaca hacen algunas de las salsas más complicadas y matizadas en la gastronomía”.

En cada artículo, libro o programa realizado yace un pensamiento que no sólo apoya la diversidad cultural, sino que la motiva por todo el mundo, como la herramienta necesaria para el progreso de la humanidad. Descanse en paz Anthony Bourdain.

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