Las desigualdades

Manuel Gómez Granados

El martes de la semana que recién terminó, un grupo de investigadores de El Colegio de México presentaron el así llamado informe Desigualdades en México, 2018. El texto puede descargarse completo en http://desigualdades.colmex.mx/informe-desigualdades-2018.pdf, y hay también un resumen ejecutivo disponible en http://desigualdades.colmex.mx/resumen-ejecutivo-2018.pdf. Se trata de uno de los esfuerzos más serios para los efectos devastadores que tienen las grotescas desigualdades en las que se fundamenta el modelo de (mal) desarrollo con el que México se ha comprometido en los últimos años.
De las muchas gráficas y cuadros que dan cuenta de la manera en que hemos construido un país marcado por profundas e injustas desigualdades, que no tienen que ver ni con los méritos ni con el esfuerzo, sino con la existencia de un modelo perverso que no ofrece a todas las personas que vivimos en México la oportunidad de desarrollar sus habilidades, hay dos que resultan especialmente importantes en la actualidad. La primera es la figura 3.2 de ambos textos (p. 10 del resumen y p. 63 del documento completo), titulada Características de los empleos de los trabajadores subordinados remunerados, que se elaboró con datos de la Encuesta Nacional de Empleo 2000-4 y de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2005-7. La gráfica compara el porcentaje de empleados que tienen y no tienen seguridad social, los que tienen y no tienen contrato, los que ganan menos de un salario mínimo y los que trabajan por medio de un contrato temporal.
Lamentablemente en esas cuatro categorías se observa un empeoramiento general al comparar los datos de 2000 con los de 2017. Las personas que trabajan sin seguridad social pasaron de ser 44.3 en 2000 a ser 45.3 por ciento en 2017, cifra que se agrava en el caso de las mujeres, que eran 41.2 en 2000 y 48 por ciento en 2017. Las personas que trabajan sin contrato son básicamente las mismas: 45.8 en 2000 y 44.5 por ciento en 2017 en la población general, pero en el caso de las mujeres ha empeorado, pues pasó de 41.9 en 2000 a 45.6 por ciento en 2017; las personas que ganan menos de un salario mínimo pasaron de ser 14.4 en 2000 a ser 24 por ciento del total en 2017 y, finalmente, las personas que trabajan con un contrato temporal, pasaron de ser poco más de siete por ciento en 2000 a ser poco menos de diez por ciento en 2017.
Como se puede ver, no hubo alguna mejora en un periodo de 17 años en esos indicadores sobre las condiciones objetivas en las que las personas desarrollan una actividad remunerada. Tampoco lo hubo en términos de las percepciones salariales, como lo deja ver la figura 3.3 que sólo aparece en la página 64 del texto completo. Ahí podemos ver que, a pesar de una ligera mejora entre 2005 y 2007, la mediana del ingreso por hora trabajada ha ido a la baja cuando se le compara con lo que ganaban en 2000 los empleadores, que pasó de 45 pesos por hora en 2000 a casi 55 en 2006 y quedó en 38.76 pesos por hora en 2017. La situación es más grave para las personas que trabajan de manera subordinada y para quienes se autoemplean. Las primeras empezaron el 2000 con poco más de 20 pesos por hora y llegaron a 2017 con 25. Quienes se autoemplean empezaron 2000 con poco más de 19 pesos y llegaron a 2017 con 23.64 pesos, luego de que ambas tuvieron alguna mejora en 2006.
Ojalá que quienes toman decisiones se dieran el tiempo para leer alguno de los dos textos. Interpelan.


manuelggranados@gmail.com

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