Ciudad

Se curan en salud candidatos a la CDMX ante industriales

En la pasarela, nadie logró convencer del todo: Sheinbaum no mostró un rostro distinto… serena, fría, con escasa chispa; Barrales intentó hacer creer que ya alcanzó a la morenista, no lo consiguió; Boy fue recibida como una especie de entremés al medio tiempo y Mikel terminó por ser despedido entre cabeceos y somnolencias

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Con un tinte de excusas anticipadas, los candidatos a la Jefatura de gobierno de la CDMX formularon frases comunes frente a los industriales de la ciudad y del país:

“Es imposible cambiar la situación en la capital de la noche a la mañana”…

“Los problemas no se resolverán en un sexenio”…

“No hay fórmulas mágicas”…

Al final, nadie pareció convencer del todo, pese al repertorio de adulaciones del aspirante priista Mikel Arriola. Ni él…

Hubo chascos y vacilaciones.

En los pasillos de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación, donde empresarios y productores deambulaban atiborrados de baguettes, se escucharon diálogos singulares:

—Ingeniero, ¿usted por quién irá?

—Paso.

—¿Ninguno le gustó?

—Son el mismo gato, pero revolcado.

O:

—¿Cuál de los cuatro fue el menos peor?

—Ni a cuál irle…

—Y a usted, ¿qué le parecieron?

—Para mí, todos están quemados.

A 19 días de la elección, Canacintra invitó a sus instalaciones a Claudia Sheinbaum, de Morena y comparsas; Alejandra Barrales, del Frente; Mariana Boy, del Verde y Arriola, del PRI.

Barrales, segunda en la pasarela, por detrás de Sheinbaum, intentó reducir la contienda a ellas dos, pero los asistentes resistieron el sopor de cuatro horas para escuchar a Mikel —programado como último en el orden del día, quizá para garantizar la permanencia—, quien tampoco ofreció ideas realistas: se concentró en una colección de estadísticas y terminó por ser despedido entre cabeceos y somnolencias. Sólo algunos insistieron en las tradicionales caravanas…

Boy fue recibida como una especie de entremés al medio tiempo: lanzó un par de buenas propuestas en materia de mejora regulatoria y seguridad —temas de interés entre los integrantes de diversos sectores industriales—, aunque en el adiós se hablaba más de su obsesión por acomodarse la rubia cabellera y hubo quien la describió con tres palabras: “Está muy verde”.

A la espera de Mikel, se redujo el tiempo de Mariana. Los moderadores pidieron incluso entregar las preguntas pendientes a su equipo de trabajo, para darle salida veloz. Fungió, en sentido figurado, como mordida momentánea a una chapata de pollo a los tres chiles.

Arriola fue el único en extender la mano a los industriales, apenas cruzó la puerta del auditorio sede. Se filtró por casi todas las filas: abrazos, besos, selfies, cuchicheos y arrimones. “Gracias por venir a escucharme”, decía él. Repartió apretujones hasta a los reporteros confundidos con prominentes inversionistas, ataviados con sus trajes remendados.

—¡Me permite, señor candidato!

—Con todo gusto…

—¡Mikel, una fotito!

—Cómo no.

“Si fuera por lambisconería, se llevaría la elección de calle”, se escuchó decir entre los asientos.

“Es buena onda”, concluyó más de un apapachado. Tardó, de mano en mano y de mimo en mimo, más de 10 minutos en llegar al estrado. Cuando al fin subió, obsequió un par de reverencias presidenciales, mientras el sonido oficial lo presentaba como: “Nuestro candidato”. Se escaparon, entre los aplausos, algunas hurras.

“Yo debuté aquí como comisionado de Cofepris, y fue una reunión muy durita… Pero juntos fuimos resolviendo los problemas. Pasó lo mismo cuando estuve en el IMSS y vengo ahora con un diagnóstico muy similar de la ciudad”, expresó Mikel al continuar sus coqueteos. Luego se perdió en datos y porcentajes, y vinieron los bostezos.

Entre candidato y candidato, se agasajó a los industriales con agua de limón, pepino y menta, y charolas de chapatas gourmet: roast beef con carne de res al horno, salsa pesto con queso panela y jitomate. Y natilla para el postre.

Más de uno quedó empanzonado…

Al menos aquí, en Canacintra, la pretensión de Barrales de acotar la batalla a dos, no funcionó.

Sheinbaum no mostró un rostro distinto a sus días de campaña: serena, fría, con escasa chispa y, por instantes, inclinada al aburrimiento. Dependiente total de las aguas oscilantes de Andrés Manuel López Obrador y sometida a la bondad de las encuestas.

Sólo un momento sacó la casta, al abordar el tópico de los cárteles y bandas delictivas en la ciudad. “Ahí donde me ven científica, flaquita y menudita, sí puedo retomar el control de la seguridad”, expresó. Para enfrentar diversas problemáticas en la capital, pidió sin mucho eco un vínculo entre gobierno, iniciativa privada y universidades.

Barrales, con mayor vitalidad, más desenvuelta, pero menos creíble, recurrió a la autocrítica y a los reproches contra la administración de Miguel Ángel Mancera: “No hay una ruta trazada entre gobierno y empresarios, ustedes siempre haciendo malabares y cuidándose del gobierno para que no les estorbe. Las microempresas no duran más de año y medio, porque no aguantan al gobierno encimoso. En el gobierno no gusta que comente estas cosas, como tampoco les gusta escuchar que no podemos seguir dando concesiones a uno o dos empresarios, sino a muchos”.

Enrique Guillén, presidente nacional de la Cámara, repitió a todos lo mismo: “El gobierno y la iniciativa privada, debemos estar juntos”. Y con ese mensaje culminó, tras más de 250 minutos y siete chapatas, el desfile de evasivas y aduladores…

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