Pleitos de familia - Guillermo Puente Ordorica | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Junio, 2018
Pleitos de familia | La Crónica de Hoy

Pleitos de familia

Guillermo Puente Ordorica

En un libro ya clásico de las relaciones internacionales, Kissinger sugirió —con cierta complacencia al parecer— que las diferencias entre los países que integran el denominado mundo occidental, a partir de la segunda postguerra mundial, equivalen a problemas de familia. (Henry Kissinger, La diplomacia, FCE, México, 1995) En ese entendido, los conflictos no son de fondo en virtud de los fuertes lazos ideológicos y culturales, pero también políticos, económicos y sociales que mantienen.

Ello viene a colación de lo sucedido el pasado fin de semana, en la reunión del llamado Grupo de los 7 (hasta antes de la anexión de Crimea en 2014 por parte de Rusia, era G-8) de lo que la prensa ha informado exhaustivamente. Las reacciones de molestia del presidente Trump rompieron el consenso para la adopción de una declaración final del G-7. Según mensajes de Twitter del mandatario estadunidense, las declaraciones del primer ministro canadiense a la prensa respecto de la imposición de tarifas y aranceles al acero y al aluminio por parte del gobierno norteamericano, no correspondían con la (su) realidad. De manera que a los frentes abiertos en el exterior, tanto en lo político como en lo económico y en lo social —Irán, TPP, NAFTA Siria, Jerusalén y la cuestión israelí-palestina, cambio climático, antinmigración—, se abre esta nueva disputa entre aliados occidentales, ahora en el seno de uno de sus foros informales de consulta y diálogo más prominentes. No es gratuito que los líderes occidentales se encuentren perturbados y vuelvan a reaccionar con lamento y decepción.

En adición al planteamiento de Kissinger mencionado anteriormente, cabría considerar que la literatura universal ha retratado con acierto y dramatismo el sentido, profundidad y consecuencias que pueden implicar también los pleitos entre familias, cuando son llevados al extremo. Por el momento, el distanciamiento trumpista del orden internacional establecido, parece asemejarse más a un afán de subrayar la condición de potencia hegemónica de su país y de buscar fortalecer una autoridad sin cortapisas, lo cual subraya la unilateralidad de sus esfuerzos.

Si bien resulta difícil intentar saber si la actuación estadunidense pudiera implicar un rompimiento del orden internacional establecido, queda claro que no debe subestimarse a su dirigente y que sus desatinos son producto exclusivamente de su excentricidad o de su demencia. Tampoco es del todo novedoso observar a la potencia hegemónica comportándose sin tapujos. Por diferentes razones, aunque en otro contexto, cabe recordar que la superpotencia había ya propiciado una profunda fractura del sistema multilateral, a inicios del presente siglo, con su intervención militar en Irak y su lucha contra el terrorismo global, lo cual puso en jaque y contra la pared a prácticamente todos los actores del sistema internacional. Solamente con el transcurso de los acontecimientos en Irak y en el mundo, que dieron por resultado un berenjenal insostenible, fue que se produjeron las circunstancias para favorecer un cambio y recurrir nuevamente a las instancias multilaterales. Ello de la mano, en el plano interno estadunidense, de la alternancia en la presidencia en 2009. Años después, el cambio en el contexto político interior del gigante mundial y los arrebatos de su actual gobierno parecen enfilados a subir nuevamente a la palestra, la vigencia del sistema multilateral. No menos importante es la dimensión interna del conflicto que encabeza el intempestivo mandatario estadunidense, enfrentado a buena parte de las instituciones de su país, amplios sectores de su población, actores políticos, medios de comunicación y organizaciones civiles, en una miríada de temas que abarcan la migración, los derechos humanos y la libertad de expresión, entre otros.

Sin duda puede observarse un sentido esquizofrénico en todo ello, pero las acciones promovidas por el líder estadunidense no parecen ajenas y desbalagadas entre sí. Cabe suponer que se trata de esfuerzos tendientes a promover una especie de excepcionalismo estadunidense al extremo, como parte de un proyecto ideológico de restauración y autoridad.

La siguiente parada del presidente estadunidense es Singapur para su cara a cara con el líder norcoreano. Veremos.

 

gpuenteo@hotmail.com

 

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