Justicia en el aula: Expectativa del maestro y aprendizaje del alumno - Gilberto Guevara Niebla | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 12 de Junio, 2018
Justicia en el aula: Expectativa del maestro y aprendizaje del alumno | La Crónica de Hoy

Justicia en el aula: Expectativa del maestro y aprendizaje del alumno

Gilberto Guevara Niebla

La evolución del aprendizaje del alumno es influida, simultáneamente, por la idea que tiene el maestro de su alumno, y por el concepto que el alumno tiene de sí mismo. Si desde el inicio del curso el profesor piensa que Pedro es un alumno inteligente y que Pablo, en cambio, es un tonto, es muy probable que, al final del curso, Pedro tenga buenas calificaciones y Pablo tenga malas calificaciones.

Otro tanto ocurre con el autoconcepto del alumno. Si el alumno se juzga a sí mismo como una persona capaz y tiene anhelo y voluntad por aprender, es muy probable que tenga éxito en el curso; pero si, en cambio, el alumno se muestra inseguro de su capacidad y se juzga a sí mismo como un apersona mala o necia, es muy probable que fracase.

Entre los maestros es muy conocido el principio del “efecto Pigmalión”, o sea, el efecto que tiene la valoración inicial que hace el maestro de cada alumno. La investigación empírica ha demostrado que esa valoración actúa como una profecía que se cumple casi invariablemente. 

Este principio pedagógico otorga al maestro un papel decisivo sobre el destino de cada alumno y hace posible que, en un momento dado, contribuya a un resultado más justo en la distribución del aprendizaje. Lo que ocurre frecuentemente es que los maestros “etiquetan” a los alumnos, es decir, los clasifican en “buenos” y “malos”. Este etiquetar suele tener consecuencias injustas. Al hacerlo, ignoran que los “buenos” suelen ser los chicos que provienen de grupos sociales medios o altos y los “malos”, los que provienen de grupos sociales pobres o con desventajas.

En su obra Pygmalión en la escuela (1980), Rosenthal y Jacobson analizan la investigación empírica en torno a este tema. Ellos confirman que la diferencia entre los alumnos aventajados y con desventaja es, en el fondo, una diferencia social o racial y que los niños de quien el maestro espera un desarrollo mejor, mostrarán realmente ese desarrollo.

En esa obra se relata el experimento realizado en una escuela pública elemental de Estados Unidos, Oak Schhool, localizada en un distrito con presencia de clase media y clase obrera, aunque la mayoría de sus alumnos eran de clase baja (casi 20% de origen mexicano). A todos los alumnos se les aplicó un test que, se dijo, permitía predecir si un alumno puede “despegar” en su desempeño. Los resultados del test con la lista de alumnos, fueron entregados a cada maestro y esos resultados indicaban que un 20% de los alumnos eran candidatos a “despegar” (en realidad, este 20% era de alumnos seleccionados al azar).

Los resultados confirmaron lo esperado. Los niños de los que se esperaba un “despegue” intelectual obtuvieron, relativamente, mejores calificaciones, y mostraban mayor curiosidad intelectual, mejor adaptación personal y ser más felices. Sin embargo, el experimento reveló que los efectos de las expectativas del maestro pueden complicarse mucho, sobre todo por la variedad de situaciones existenciales de los alumnos.

Pero la vida misma nos permite comprobar la importancia que para el éxito escolar tiene la distinción que hace el maestro del alumno cuando le reconoce públicamente —es decir, ante el grupo— sus cualidades académicas o la importancia de su desempeño. ¿Quién no recuerda en su vida escolar a un profesor que lo destacó al reconocerle sus méritos?

Un profesor que presta atención a los alumnos con mayor desventaja, que conversa con ellos, que los trata con amabilidad y delicadeza, que los escucha, que los toma en cuenta, es un profesor que estará cambiando el autoconcepto del alumno y favoreciendo una mayor justicia en el salón de clase.

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