La equivocada identidad nacional

Edgar Valero Berrospe

Las calles de Moscú de pronto se llenaron de banderas… Para mi sorpresa no eran banderas únicamente de Rusia…. Había banderas de Alemania, de Francia, de Panamá, de España, de Perú, de Suecia, Islandia y… de México. Hoy (ayer) se celebró como desde hace 18 años el Día de Rusia, con lo cual se recuerda el establecimiento de la Federación de Rusia (nombre oficial de este país), acontecido el 12 de junio de 1990, unos meses después de la caída del Muro de Berlín.

La prohibición establecida por las autoridades nacionales de que no se pueden ondear banderas de otros países en las plazas públicas, no sólo fue ignorada, sino que hubiera sido imposible detener a decenas de miles de personas que se sumaron a la celebración en la Plaza Roja donde estuvo el Presidente Putin, en la Pushskinskaya, o la Pouchkine que al atardecer ya estaba inundada de luces neón y en cuyas decenas de restaurantes y bares comenzaron a convivir y a celebrar el “Establecimiento de Rusia” hasta paisanos de Chihuahua, Ciudad Victoria, algunos de Oaxaca o de Mérida… Había motivos para, finalmente, probar el vodka, producto nacional de esta nación.

La fiesta del Mundial ha traído, ahora a este país, todo tipo de turistas. No sé si le sorprenda si le digo que de los aficionados, ataviados casi todos con las camisetas de las selecciones nacionales de sus respectivos países, casi nadie, tenía boletos para los partidos.

Pero el caso más curioso, tenía que ser de aficionados mexicanos, hubo algunos que me confesaron, antes de perder la conciencia por el consumo de la espirituosa bebida, que compraron tickets para el partido entre Japón y Senegal, porque era para el único que había disponibles y que se va a jugar en Ekaterinburgo, a 1785 kilómetros de distancia, (sí, la sede del duelo entre México y Corea del Sur), y que no tenían idea de dónde se encuentra ese lugar.

El día libre se prolongó de tal manera que debido a que aún no me cambia el reloj biológico, tras concluir mi programa de radio a las 12 de la noche, regresé al Centro Internacional de Medios de Comunicación y la fiesta continuaba en Moscú, con la agravante de que ya a esas horas, los mexicanos hablaban ruso y los rusos mentaban madres al más puro estilo mexicano…

Y es entonces que me vino la reflexión sobre la forma en que el Tri ha sido vapuleado por los medios mexicanos después de su fiesta de la semana pasada. Una fiesta que al final de cuentas no significa realmente nada, excepto el escándalo que necesitan algunos colegas para tener notas sensacionalistas que vendan.

Los rusos tienen su propio estilo, pero pude hacer la comparación de que a pesar de que no son favoritos, ni siquiera para avanzar a la segunda ronda en un grupo pobre de protagonismo que complementan Arabia Saudita, Uruguay y Egipto, el del súper estelar Mohamed Salah (que no tiene nada que ver con Mohamed Farah, el multicampeón del atletismo), no están preocupados. Es más, han cobijado a su equipo, que la última vez que tuvo una estrella de talla internacional, fue hace casi una década con Andrei Arshavin que jugó en el Arsenal.

Ni el presidente Putin ha querido comprometer a su equipo nacional, a pesar de que en el segundo de los tres mandatos en que ha ejercido como presidente (está en el cuarto al que accedió apenas el 7 de mayo pasado), fue quien los embarcó en 2009 para que fueran campeones del mundo, algo que en su momento, no le dio risa a nadie, pues la escuadra roja venía de ser semifinalista en la Euro del 2008 y la economía del país era pujante y esperaba un gran futuro.

Casi una década después, ni futbol, ni dinero. Rusia está poquito menos que hundida en los dos terrenos. Y en cambio los mexicanos, que contradecimos las cifras extraoficiales de que estamos “de la fregada”, (y el número de viajeros al Mundial me avala), le atizamos con todo a un equipo que, con rotaciones y sin ellas, ha avanzado de forma consecutiva en seis ocasiones a la segunda ronda del Mundial, algo que además del Tri, sólo han logrado Alemania y Brasil, y aún así nos quejamos, se las mentamos y nos llamamos ofendidos, robados, traicionados por una “banda” de irresponsables que se “pegaron una encerrona” con 30 mujeres de dudosa reputación. ¡Uffffffff que drama!

La criticada Selección Nacional de México, a pesar de sus no sé cuántos entrenadores en las últimas casi tres décadas, sigue siendo (dependiendo de varios criterios), la décima mejor de la historia y mucho ha contribuido el último periodo que le menciono. Y si México no avanza a la segunda ronda, no será por la fiesta o porque somos mediocres. Ni tampoco en ello nos irá la identidad nacional.

Me decía Javier Aguirre allá en París hace unos días algo muy cierto, perder en el futbol no conlleva perder el orgullo del país, ni va a pasar nada. Es un deporte, es para divertirnos, pero mientras nadie haga énfasis en esta situación, seguiremos entendiendo mal cuál es el orgullo nacional y que el futbol, realmente, poco tiene que ver en ese asunto...

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