La muerte materna en México, un grave problema por resolver

Diva Hadamira Gastélum

Hablar de la muerte materna es visibilizar un grave problema de salud pública que las mujeres padecen de manera silenciosa. Y es que, a pesar de que no es considerada una enfermedad, los riesgos que éstas sufren durante su ciclo reproductivo y que no son atendidos de manera adecuada ni preventiva, conllevan a la muerte de la madre y del recién nacido.
De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), son alrededor de 830 mujeres las que mueren a diario en todo el mundo debido a causas prevenibles con el embarazo y parto, siendo las mujeres jóvenes de al menos 15 años las que corren mayor riesgo.
La muerte materna suele ser multifactorial, diversas son sus causas, tanto directas como indirectas; sin embargo, todas éstas debieran ser prevenibles y, por supuesto, evitables. Estos factores de riesgo van desde las hemorragias intensas, las infecciones, los trastornos hipertensivos, las complicaciones durante el parto y los abortos peligrosos, hasta aquellas complicaciones asociadas a enfermedades como el paludismo y el VIH en el embarazo.
Si bien todas estas causales pueden prevenirse, no todas las mujeres logran acceder a servicios de salud adecuados para su atención. Tenemos un alto número de muertes maternas principalmente en aquellas zonas rurales, marginadas e indígenas donde la inaccesibilidad geográfica, cultural, económica y social constituye las principales razones de dicha desigualdad y desatención.
Estados como Chiapas, Jalisco, México, Veracruz y Michoacán son los que presentan un mayor número de casos de muertes maternas, ya no nada más de mujeres, sino de niñas y adolescentes; entidades también con un mayor alto índice de pobreza y de población indígena.
Hace apenas unos meses la Secretaría de Salud señaló que cada día mueren dos mujeres embarazadas en México, simplemente en 2017 fallecieron 772 mujeres durante su gestación y al dar a luz. Las cifras de mortalidad materna no son nada alentadoras, por el contrario, hoy día los embarazos adolescentes forman parte de una nueva causalidad al ser las mujeres jóvenes quienes tienen mayor riesgo de complicaciones y muerte por parto.
Y es que recordemos que de acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México ocupa el primer lugar en embarazo adolescente; ya que uno de cada cinco embarazos es de jóvenes que no alcanzan la mayoría de edad.
Si bien la salud y el bienestar de las mujeres forman parte de uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, no hemos logrado acabar con las muertes evitables de niñas, adolescentes y mujeres durante su ciclo reproductivo.
De hecho, parte de la estrategia mundial de la OMS es resolver las desigualdades en la calidad de los servicios de atención de la salud reproductiva, materna y neonatal de las mujeres, reforzando los sistemas de salud pública que respondan a sus necesidades y prioridades; además de garantizar en todo momento una atención de calidad y de igualdad.
Es fundamental identificar aquellos obstáculos y ­desigualdades que las mujeres padecen durante su etapa de gestación, puesto que la atención y tratamiento a tiempo, hacen la diferencia entre la vida y la muerte de las madres y sus hijas e hijos.
Desde el Senado de la República hemos impulsado iniciativas para garantizar la salud y el bienestar de las niñas y mujeres, pero sobre todo, su acceso a servicios de salud de calidad.
Combatir este grave problema de salud es uno de los principales retos que tenemos como legisladores. La atención prenatal durante su gestación, así como la atención de profesionales especialistas durante las primeras semanas y postparto son esenciales para acabar con la mortalidad materna prevenible.   

 

 

Diva Gastélum Bajo
Presidenta de la Comisión
para la Igualdad de Género  

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