¿Por qué trabajan niñas, niños y adolescentes en Chiapas?

Conacyt -

Sarai Miranda Juárez*

Cada 12 de junio se conmemora el Día Internacional contra el Trabajo Infantil, lo que representa una oportunidad para reflexionar sobre las múltiples implicaciones que se articulan alrededor de este fenómeno social.

Según el Módulo de Trabajo Infantil de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2017 del INEGI, en México existen 3 millones 242 mil niños, niñas y adolescentes (NNA) de 5 a 17 años que se declaran ocupados.

Por su parte, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social estimó que para 2014 uno de cada dos NNA en México estaba en situación de pobreza y uno de cada nueve en pobreza extrema. Es decir, que la mitad de la población de 0 a 17 años no tenía las condiciones básicas para acceder a la alimentación, la salud, la educación y los servicios básicos.

Chiapas detenta el primer lugar en indicadores de pobreza en la niñez con 82% del total de su población de 0 a 17 años. Esta entidad federativa históricamente ha mostrado profundos rezagos sociales, la mayoría de su población tiene escaso acceso a las condiciones mínimas para el logro del bienestar, además de experimentar día a día la discriminación por clase, género y etnia, que abona a profundizar su vulnerabilidad social.

EL TRABAJO INFANTIL EN CHIAPAS.

Chiapas registra una tasa de participación laboral de NNA de 12.8%, superando la tasa nacional de 11%. La tasa de participación laboral en la entidad aumentó más de dos puntos porcentuales entre 2015 y 2017.

En este sentido las políticas públicas deberían partir del reconocimiento del papel de los hogares en la dotación de NNA a los mercados de trabajo, puesto que ponen en práctica estrategias para garantizar su supervivencia material y hacer frente a las presiones económicas y a la precariedad laboral que enfrentan los adultos, y que se expresa en la insuficiencia de ingresos.

De las 196 mil 909 personas de 5 a 17 años que se encuentran ocupadas en alguna actividad económica, 65.6% son hombres y 34.4% mujeres. La tasa de participación de los hombres es de 17% mientras que la tasa para las mujeres es de 8.7%. Un niño chiapaneco entre los 5 y 17 años de edad tiene mayor probabilidad de trabajar que una niña chiapaneca entre estas mismas edades.

Estas diferencias son un reflejo de los roles sociales de género. La tasa de ocupación femenina en estas edades responde a su mayor ocupación en tareas domésticas, tanto en su hogar como en hogares de terceros; que históricamente han sido invisibilizadas y escasamente declaradas.

La participación de NNA en el trabajo crece a medida que aumenta su edad, sin embargo puede estar oculto y subestimado el trabajo doméstico de las niñas más pequeñas, quienes sustituyen a los hermanos mayores cuando éstos ingresan a la escuela o al trabajo fuera del hogar.

La mayor parte de NNA, 70%, trabaja en el sector agrícola, 19.8% en el sector comercio y servicios, y 10.1% en la industria y construcción. Al desplegar los datos por sexo los resultados son diferenciados. Poco más de siete de cada diez niños (77.9%) realizan labores agropecuarias, en tanto que seis de cada diez niñas (61.7%) trabajan en el sector servicios, como comerciantes en el sector informal, en comercios establecidos o en el servicio doméstico.

EL SIGNIFICADO DEL TRABAJO. Además de la pobreza y las necesidades económicas, hay otras causas detrás del trabajo infantil. En el ámbito rural y en las familias indígenas se considera que el trabajo es benéfico para el sano desarrollo de NNA, ya que los sitúa frente a responsabilidades, los ayuda a madurar y les aporta una experiencia de aprendizaje que difícilmente podrían obtener en la escuela, la casa o en el espacio recreativo.

Los padres y madres ven el trabajo como una importante alternativa frente al ocio y consideran que desde edades tempranas NNA deben aprender a ganarse la vida y el sustento cotidiano. Muchos piensan que una de las mejores herencias para sus hijos e hijas es el aprendizaje de un oficio o actividad laboral que les asegure sustento en el futuro.

LAS MOTIVACIONES. Según la encuesta antes referida, en Chiapas 40.3% de NNA tienen como motivación principal para trabajar “aprender un oficio”, le sigue “el hogar necesita su trabajo” con 24%. Otras motivaciones son “el hogar necesita de su aportación económica” (10.7%) y “para pagar su escuela y sus propios gastos” (10.4%), mientras que “por gusto o sólo por ayudar”  y “pago de deudas, no estudia y otra razón” aparecen en último lugar con 7.2% cada uno.

Para las niñas es más importante trabajar porque “el hogar necesita de su trabajo” (28%). La razón “para pagar su escuela y/o sus propios gastos” es mayor para ellas que para los niños (12% vs 10%), lo que muestra que las niñas tienen menores posibilidades de que la familia asuma los gastos relacionados con su escolaridad.

Paralelamente se observa que “aprender un oficio” es más importante para los niños (45.2%) que para la niñas (5.8%), lo que da cuenta nuevamente de la incidencia de los roles de género. Aprender un oficio está más vinculado a generar ingresos y convertirse en proveedores, por lo regular en empleos fuera del entorno del hogar, lo que contrasta con el motivo más importante para las niñas que está relacionado con el espacio privado, trabajar para el propio hogar que necesita su trabajo.

Estos datos muestran la complejidad social que se presenta alrededor de la realidad de los NNA que trabajan. Los responsables de las políticas públicas encaminadas a asegurar el bienestar a la niñez chiapaneca deben hacer un esfuerzo por dejar de criminalizar a las familias de estos NNA e ir más allá de las estrategias de erradicación y tolerancia cero, a fin disminuir el riesgo de negarles el derecho a desarrollarse como agentes de su trayectoria de vida.

Para muchos NNA chiapanecos, en su mayoría indígenas, la prohibición del trabajo infantil podría significar la diferencia entre ir o no a la escuela, pues solo trabajando pueden enfrentar los gastos que ello genera. En este sentido, atender otras necesidades básicas como la mejora de las condiciones de pobreza de los hogares, la mayor regulación de los mercados de trabajo agrícola y la protección de aquellos NNA que trabajan redundaría en mejores resultados a corto y largo plazo.

* Doctora y catedrática del CONACYT en El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR)

smiranda@ecosur.mx

Imprimir

Comentarios