Cristiano, lo llamarán por su nombre | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 16 de Junio, 2018

Cristiano, lo llamarán por su nombre

En una mágica noche para Portugal, CR7 anotó tres goles para arrebatar la victoria y la gloria a España durante un trepidante partido celebrado en Sochi que vivió un ambiente increíble. El tercer gol del capitán de los Campeones de Europa fue una joya en tiro libre con un efecto espectacular

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Bien podría ser la crónica de una conquista anunciada. Si algo le debía Cristiano Ronaldo a la afición de su país portando la camiseta nacional de Portugal, esta noche la deuda quedó sellada para siempre, más allá de si Portugal tiene o no posibilidades de ser algún día campeón del mundo.

Con una implacable sed de éxito, el capitán lusitano dio uno de los mejores juegos que se le recuerde y ahora sí, con autoridad, enfrentando a sus compañeros, amigos y rivales de la Liga de España, anotando tres goles y mientras callaba a la ruidosa porra de la Furia Roja, hacía explotar en la tribuna a sus coterráneos y los fuegos artificiales en la profunda noche de Sochi, que ya había caído y amenazaba tormenta.

Y justo antes de que el cielo mismo se le entregara en llanto al astro portugués, cuando corría el minuto 88 y ya la Furia Española parecía alistarse para pensar en su siguiente salida, un soberbio disparo en tiro libre a unos 25 metros de distancia de la meta defendida por el arquero David De Gea, se incrustó en el ángulo izquierdo de la meta española, lejos, muy lejos del alcance del arquero ibérico, quien cubría su poste derecho. Pero antes de que el balón se anidara en la meta, hizo un viaje a lo desconocido, esquivando en forma literal por el lado derecho a la barrera y mientras bajaba suavemente se perfilaba para proyectarse rumbo a su destino. Un destino que era el empate a tres en un duelo disputado a sangre y fuego por dos de los mejores equipos del mundo.

Y aunque no hubo ganador entre los equipos, si hubo en cambio varios en otros sentidos. El público que abarrotó las tribunas del Estadio mundialista de Sochi, que luego lo inundó de cánticos y banderas, unas verdi-rojas como en aquella noche parisina hace dos años cuando la mismísima Torre Eiffel les rindió homenaje a los héroes lusitanos, y otras de rojo encendido con el escudo de armas de la Madre Patria. Si el espectáculo en la cancha fue extraordinario, el de las tribunas no lo fue menos.

El público ganó, el Mundial ganó, el futbol ganó con la noble pero al mismo tiempo brava entrega de los protagonistas en la cancha, los que le aplaudieron al gran Iniesta cuando dejó el terreno de juego y los que se se mantuvieron con las palmas en alto a la salida de Diego Costa tras su poderoso aporte a la causa española, pero el gran ganador de la noche, sin duda alguna, fue el hombre que portaba la camiseta número 7 y el gafete de capitán de Portugal, Cristiano Ronaldo, quien esta noche, la de anoche pues, enmudeció a unos y encendió a otros mientras compraba su boleto a la inmortalidad.

Ya lo ha ganado todo, pero lo que disputaba ante España estaba más en el plano personal. Porque la rivalidad de lusitanos y españoles es de leyenda, el nombre propio de Cristiano no pintaba. Como no pintó aquel día en Ciudad del Cabo en que el protagonista fue David Villa y los ibéricos los eliminaron en los cuartos de final en su ruta gloriosa al campeonato del mundo

Como tampoco pintó aquel día en Donetsk en la majestuosa Donbass Arena cuando pidió, tras los 120 minutos de guerra casi fratricida entre merengues y catalanes por un lugar en la final de la Euro, ser el quinto tirador en los penalties ante sus amigos-enemigos. Y como no hubiera entonces un quinto disparo, Ronaldo se fue en silencio. Ni para festejar, ni para llorar por haber fallado. Nada. Sólo el silencio.

Pero el tiempo premia a la paciencia y Ronaldo, que en lo cotidiano pareciera no tenerla, recibió el pago a las equivocaciones y las humillaciones pasadas y cuando Nacho, su propio compañero en el Madrid lo fauleó, dicen que no, en el área para que se decretara el penalty cuando no habían pasado ni tres minutos de juego, fue premiado, aunque el propio CR7 se serenó antes de la ejecución. No se acaba de acomodar la tribuna cuando ya el marcador decía 1-0…

Pero España no vino en calidad de comparsa, y evadiendo a sus propios demonios, y que los tiene, y muchos, encontró en Diego Costa a su baluarte, quien al promedio de la primera mitad, y tras quince minutos de desencuentros entre los que siempre se encuentran en la media cancha española, igualó los cartones venciendo a Rui Patricio. Y es que la historia no estaría bien contada si sólo habláramos de Ronaldo…

Porque la noche fue testigo de aciertos y desaciertos, como el de De Gea, quien dejó que se le fuera de la manos el segundo el lejano disparo de CR7 antes del descanso, mal atacado y que daba otra vez ilusión a Portugal. Y entonces la noche, no de la Sochi, la del futbol, se le vino encima a los lusitanos, quienes en su turno de equivocarse, permitieron el despliegue de las Armada Española que en tres minutos les hizo dos goles para darle la vuelta al partido….

Y como Iniesta sigue reteniendo su futbol inteligente, entonces Jordi e Isco tuvieron los balones que dejaron de tener los de enfrente. Si Lopetegui había decidido que Costa estaría en el comando ofensivo o no, ya no lo sabremos nunca, pero Fernando Hierro sí apostó por él y mientras Busquets le dejaba un dulce en la puerta para sólo empujarlo e igualar los cartones, el polémico Nacho dejó su marcador personal en cero-cero, al hacer el golazo de la voltereta que lavó su cara del penal-no penal sobre Ronaldo en los primeros minutos del partido.

Pero la fiesta no terminó feliz sólo para los ibéricos, porque el brutal espíritu de competencia, la implacable sed de triunfo, la inobjetable temeridad de intentarlo todo, aunque sea una vez, provocó que el señor Cristiano Ronaldo entregara boletos a la segunda ronda, casi seguro, a ambas escuadras, con un impresionante disparo que con gusto volvería a describir, pero no quiero exagerar.

Antes de que el cielo se abriera para dar paso a un cascada, Portugal y España sellaron un memorable empate, que los alguna vez campeones mundiales les supo a gloria luego de los acontecimientos de la semana y a los campeones de Europa les dio el alivio de saberse de nuevo protagonistas, aunque enfrente tengan a los de siempre.

Pero esta noche, esta ciudad, en esta Copa, el mundo sabrá que el caudillo lusitano se hizo respetar, y que la mejor forma en que pudo homenajear a su rival, fue clavarle esos tres goles que significan muchos records igualados, pero España siempre sabrá, de ya, de quién estamos hablando cuando se mencione por su nombre a un “Cristiano” que pululó en el mundo a principios del Siglo XXI...

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