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Messi traiciona a Messi

Argentina fracasa ante Islandia, que le arrebata el empate a un gol luego de que el “10” fallara un penalti que pudo haber significado la victoria para la Albiceleste

Parece ser que Lio Messi seguirá viviendo con la dualidad histórica de un personaje que cada vez que se pone la camiseta de la Selección Argentina, se contagia de la desesperación de más de 30 años de sueños y esperanzas que se rompen en cada cita mundialista. Y así lo probó ante la Selección de Islandia y ante el gigantón Hannes Halldorsson, que le detuvo un penalti al minuto 64, cuando se abrió el único pequeño resquicio del muro defensivo de los Vikingos.

Argentina, el subcampeón mundial, uno de los grandes favoritos para coronarse en este evento, con Messi en la cancha, el Kun Agüero, Mascherano y Biglia, Otamendi y Di María, y muchos de los mejores del mundo, volvieron a ser el equipo que no se entiende en la cancha, como en la eliminatoria que tuvieron que ir hasta el último día, en el último momento, para alcanzar su espacio en Rusia. No tienen remedio. Ni con Sampaoli en la banda ni con quien sea… Y aunque Maradona se dé golpes en pecho en la tribuna con una mano, mientras con la otra sostiene un puro encendido en un lugar donde está prohibido fumar.

La diferencia fundamental en el partido fue que Argentina sigue pensando que es como equipo lo que no es, y que Messi no encuentra en la Albiceleste lo que sí en el Barcelona, que no es que juegue para él, pero que sí juega, mientras que la selección sufre y se preocupa en vez de ocuparse como frenar a un equipo que ataca y defiende en bloque.

Islandia juega sin miedo, porque no tiene nada que perder y sí mucho que ganar y ayer en el Estadio del Spartak ya ganó. Debutar en un Mundial con un empate ante Argentina, ¿cómo? Debutar en un Mundial ante Argentina que es además dos veces campeón del mundo y actual subcampeón. Eso es jugar a jugar para ganar. No termina por ser un juego de palabras, sino una realidad.

Y mientras en su desesperación, Jorge Sampaoli trataba de señalar desde la banda, y lo veíamos a unos cuantos metros en el excelente lugar que asignó a la prensa en este estadio el Comité Organizador, en donde debía de acomodarse Otamendi, o en su momento Banega.

Por su parte, Hallgrimsson, el técnico de Islandia estaba más ocupado viendo el juego, sí, viendo el juego, no había muchas indicaciones que dar, porque la brutal marca que ejerció el cuadro europeo fue un poema de seguridad para que en el momento de la verdad, cuando hubo la debilidad que provocó el penal sobre Meza, Hannes Halldorsson se convirtiera en héroe... “Che… Mira que pararle este boludo el disparo a Messi…”, decía el colega de a un costado…

Sólo que el traje de héroe del arquero de Islandia venía acompañado de una tarjeta de regalo firmada por el “10”, con sus mejores deseos de que su primer viaje a una Copa del Mundo “resulte inolvidable” y lo fue… Messi, que no encontró a su vez su traje de “héroe” sino el de “superhéroe” que le acompaña en las ocasiones más importantes de su vida, le agregó a la tarjeta y a la vestimenta, “un dulce” para disfrutar el resto de su vida. “Pararle un penalti en un Mundial al mejor jugador del mundo”, sí, es un regalo para el resto de la vida…

No hubo futbol de parte de Argentina y los de enfrente simplemente hicieron lo que han hecho no los últimos cuatro, sino los últimos ocho años, porque la flaca memoria humana no nos deja recordar que Islandia se quedó a un gol de calificar a Brasil 2014, cuando cayó en el duelo de vuelta del repechaje ante Croacia…

Y luego, los islandeses mostraron que el futbol es más sencillo que esos complicados esquemas que han puesto de moda técnicos como el de México, Juan Carlos Osorio, que se rompen la cabeza como si sus alumnos en la escuelita no fueran capaces de descifrar la complicada ecuación del pizarrón. Que siendo honesto, no son capaces, porque son futbolistas y no matemáticos, pero esa es otra historia.

El Spartak Stadion estalló en pleno cuando Sergio Agüero había abierto el marcador al minuto 19, consiguiendo en su tercer Mundial, apenas su primer gol, aunque la emoción se apagó en la tribuna de sombra apenas cuatro minutos más tarde, cuando Alfredo Finnbogason, portando la camiseta número 11 igualó los cartones al 23.

A partir de ese momento, hubo 70 minutos (ya con la reposición) de la misma historia. Argentina atacando, alcanzando profundidad en el primer servicio y luego, luego nada, porque todos los islandeses cabían en una sola foto, bastaba enfocar atrás de la línea de media cancha en uno de los múltiples intentos de contragolpe de la Albiceleste, para poder contar hasta once de los gigantones vestidos de blanco. El “chaparro” Gudmundsson de 1.79 de estatura, se quedaba un poco para que Argentina no tuviera los metros que le hacían falta a Banega o a Di María y sin eso, no hubo desbordes y como invadió a los sudamericanos la duda colectiva, nadie quiso atreverse, si acaso el propio Messi, que tratando de enmendar su error sacó un poderoso disparo que pasó apenas a un lado del poste derecho, y después de eso nada.

Portugal durmió la noche del viernes con plácidos sueños provistos por Cristiano. Argentina en cambio, seguramente habrá vivido la pesadilla de que su máxima estrella, no estuvo a la altura de las circunstancias, y esta comparación es, inevitablemente eterna.

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