Reformismo limitado

Javier Santiago Castillo

“La voluntad general expresada en la Constitución y las leyes…es la única regla a que deben sujetarse los mexicanos para labrar su felicidad…”

Benito Juárez

 

 

La coyuntura es favorable para el reformismo, aunque sea limitado. Lo relevante no es descalificar, como lo han hecho diversos opinadores, sino realizar una reflexión politológica para comprender los factores que han construido la actual coyuntura política electoral.

Después de la elección presidencial de 2012 hubo quienes consideraron que Andrés Manuel López Obrador estaba políticamente marchito. Mi valoración en ese momento fue que, si el país se descomponía para las elecciones de 2018, sería un candidato competitivo. Y el país se descompuso.

Para comprender la situación actual debemos de analizar diversos aspectos políticos, económicos y sociales:

1. El reformismo de izquierda independiente se nutre, históricamente, de cuatro raíces: el cardenismo de los años treinta, el Partido Comunista, el Movimiento de Liberación Nacional y el Partido Mexicano de los Trabajadores. Esta corriente fue dando pasos para actuar conjuntamente, con el fin de alcanzar el poder por la vía democrática. Es así como funda el Partido Socialista Unificado de México (1981), el Partido Mexicano Socialista (1987); la culminación de este proceso fue la fundación del Partido de la Revolución Democrática (1989).

En este último partido se fusionaron las corrientes reformistas independientes y la proveniente del Partido Revolucionario Institucional. Pero esta alternativa reformista y nacionalista se desgastó paulatinamente: la renuncia de Andrés Manuel López Obrador al PRD (septiembre de 2012); la firma del Pacto por México (diciembre de 2012) dio la imagen de ser el eje de la trasformación modernizadora, pero resultó un fuego de artificio que fortaleció el proyecto neoliberal; los sucesos de Ayotzinapa indujeron al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas a abandonar sus filas (noviembre 2014) y; la coalición con el PAN, lo llevó a que se diluyera su imagen como una alternativa política reformista independiente de izquierda.

2. Otro factor que ha tenido relevancia en la construcción de la actual coyuntura es el predominio de la visión neoliberal de las élites política y económica del país. Tal vez, la mayor deficiencia del sector neoliberal fundamentalista ha sido considerar que un país se administra como empresa, pensando que lo esencial es el beneficio inmediato proporcionado por el libre comercio y la fe ciega en que el equilibrio macroeconómico terminará por elevar los niveles de vida de la población, lo que no ha ocurrido.

Aunado a lo anterior, el deterioro de la imagen gubernamental derivado de que la población no percibe beneficios de las reformas estructurales, el incremento de la violencia de la delincuencia organizada y la corrupción de la clase política, de manera particular de ex gobernadores priistas, ha llevado a la frustración social de las expectativas creadas al inicio del sexenio.

3. Los elementos anteriores son el telón de fondo de la coyuntura concreta, que a su vez tiene diversos elementos relevantes. El primero es que López Obrador inició una estrategia para llegar a la Presidencia de la República desde el año 2000. Durante su gestión, como Jefe de Gobierno del Distrito Federal, todos los días imponía la agenda de discusión de la política nacional.

Las campañas presidenciales de López Obrador de 2006 y 2012 tuvieron como denominador común el exceso de confianza, el discurso polarizante y la soberbia política. Tales factores incidieron en su derrota.

Dos campañas presidenciales fallidas dejaron enseñanzas. Había que tener el control del partido. Pero la naturaleza del PRD, con el juego de sus corrientes y el abandono de una visión reformista propia, no le era útil. Entonces, formó su propio partido, Morena, del que es dirigente indiscutible.

Otra experiencia era que había que buscar aliados, más allá de su propia visión, lo cual implicaba sin duda alguna abandonar o atemperar, al menos, el discurso político polarizante. Además, requería reconciliarse con actores sociales y políticos que habían sido sus detractores o adversarios en el pasado.

Lo anterior lo llevó a la construcción de una coalición dominante. Los empresarios merecían un lugar privilegiado en la estrategia. Por otra parte, había que aprovechar las fracturas que se dieron en otros partidos. De manera particular sectores importantes del PRD, cuando se acordó realizar la coalición con el PAN, se transvasaron a Morena por convicción o conveniencia. Posteriormente, la utilización de las candidaturas federales y locales para atraer liderazgos locales o regionales del PRI, del PAN y del PVEM, permitió ampliar su presencia política en regiones que otrora estaban fuera de su alcance.

4. Las campañas de los adversarios se iniciaron con retraso, por la tardía nominación de los candidatos presidenciales. Ricardo Anaya y José Antonio Meade no pudieron desplegar sus acciones propagandísticas con oportunidad, si bien existía certeza de que serían los candidatos.

La coalición PAN-PRD y la ausencia de un liderazgo carismático, alejó a este último partido de ser un referente del reformismo independiente. Lo cual le dejó a Morena y a su líder el campo abierto para convertirse en la alternativa reformista a las políticas neoliberales. En consecuencia, López Obrador con un discurso más moderado, aunque monotemático, logró llegar a los sentimientos de rechazo al sistema, mientras los otros dos candidatos intentaban llegar a la razón de las personas. Jesús Silva-Herzog Márquez, en un artículo reciente, diagnosticó en una frase lapidaria las campañas de los tres candidatos: “Una campaña y dos abortos”

5. El reformismo de izquierda independiente histórico tenía una propuesta de cambio estructural, coherente, con una visión de desarrollo y autonomía nacional, que no es lo mismo que autismo económico y político. La visión reformista limitada tiene algunas propuestas particulares acertadas, pero carece de objetivos globales que vislumbren un nuevo rumbo al país. Ni siquiera plantea una reflexión crítica del proceso globalizador y la forma en que México se ha insertado y como debería incrustarse en adelante en él. Tampoco tiene trazada una ruta de cambio institucional, vía reformas jurídicas, que necesariamente transitan por el Congreso.

La irritación social actual es un caldo de cultivo, largamente incubado, propicio para el reformismo, por limitado que sea. Es dudoso que el resultado del tercer debate propicie un giro de 180 grados en las preferencias electorales. En caso de que eso sucediera o no, la convivencia pacífica y la viabilidad del sistema obliga a todos a respetar el veredicto de las urnas.


Profesor UAM-I
@jsc_santiago
www.javiersantiagocastillo.com

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