Los valores y el deporte

Carlos Villa Roiz

El campeonato por la Copa Mundial de Futbol cuya sede este 2018 son varias ciudades de Rusia, más allá de la pasión que despierta entre millones de aficionados de los cinco continentes y de los múltiples y millonarios intereses comerciales que también están en juego, es una excelente oportunidad de convivencia pacífica entre naciones, sin importar las diferencias y rivalidades existentes, a veces agudas, entre unas y otras.

Al igual que los juegos olímpicos, cada cuatro años se repite esta competencia internacional en donde la blanca paloma de la paz aparece como símbolo con la renovada esperanza de que no sea nada más un simple cliché. La Experiencia ha demostrado que estos eventos masivos también atraen a los enemigos de la paz y el terrorismo siempre es una dolorosa amenaza que se tiene que cuidar para evitarlo de manera especial.
Ya desde tiempos de la antigua Grecia se pregonaba que una mente sana debe radicar en un cuerpo sano, y así, la práctica del deporte y los ejercicios físicos siempre han estado ligados a los programas educativos desde la niñez. El aplauso y la corona de laurel y olivo, sin duda, son las anheladas recompensas, aunque en cada partido de hoy estén involucrados millones de dólares en todos los países.
El futbol se ha convertido al paso del tiempo en un deporte de excelencia que atrae a las multitudes, y que se practica lo mismo entre los niños de las vecindades y barrios, las escuelas o a través de las ligas y clubes más en forma.
Los valores que acompañan al futbol son múltiples. La sana competencia, la convivencia entre contrarios, el respeto a las reglas y jueces, el combate a la corrupción y el apego a la legalidad, la confianza en sí mismo y a nivel grupal, la ética deportiva, el espíritu de superación, la fraternidad, y así podríamos alargar la lista hasta superar más de 70 valores que han catalogado algunos expertos en medicina del deporte.
Hay una responsabilidad ética y moral que tienen los jugadores, al ser considerados como astros e ídolos de millones de niños y jóvenes en el mundo, y ésta consiste en dar un buen ejemplo en la vida misma, pues precisamente por ser admirados, la gente trata de imitarlos en muchas de sus actitudes e incluso en los escándalos que con frecuencia ocurren.
Durante un mes, los ojos del mundo estarán puestos en lo que ocurra en este torneo, sin importar las diferencias raciales, sexuales, religiosas o políticas de los jugadores o de los 32 países que representan.
El papa Emérito Benedicto XVI, durante su pontificado, hizo grandes elogios a esta justa internacional por sus múltiples bondades, y de manera especial, el papa Francisco es un gran aficionado a este deporte, razón por lo que en el Vaticano ha recibido a un buen número de clubes que le han obsequiado camisetas, balones y escudos de sus equipos, al punto de que en los museos vaticanos se han tenido que habilitar algunas vitrinas para exponer al público parte de estos obsequios de gran valor sentimental.

 

 

 

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