Calculan la aportación de los bosques de macroalgas a la economía en México | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 18 de Junio, 2018

Calculan la aportación de los bosques de macroalgas a la economía en México

Reportaje. En las últimas dos décadas, la UABC y el CICESE han publicado diferentes estudios que informan que al menos tres especies de algas marinas tienen valor comercial por las moléculas que se pueden extraer de ellas, pero además realizan cálculos de la relación que existe entre la salud de los llamados bosques de macroalgas, presentes frente a las costas de Baja California, y el nivel de nacimientos y reproducciones de peces de interés comercial

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Lejos de nuestras miradas, bajo la superficie del mar, en las zonas donde circula el agua fría que proviene de los polos, existe un ecosistema en el que vegetales marinos se estiran desde el piso subacuático hacia la luz del Sol. Se trata de los bosques de macroalgas, que fueron dados a conocer para la ciencia por Charles Darwin, en 1859, después de su viaje en el barco Beagle.

México cuenta con regiones marinas donde está presente este ecosistema en el que existen algas de más de 30 metros de altura y es comparable a lo que sería un bosque o una selva en tierra firme. Estas poblaciones de organismos están presentes frente a las costas del noroeste mexicano, en el Océano Pacífico. Ahí se encuentran presentes miles de organismos animales y vegetales de alto interés ecológico y económico.

En las últimas dos décadas, la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABC) y el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE) han publicado diferentes estudios que informan que al menos tres especies de algas marinas tienen valor comercial por las molécula que se pueden extraer de ellas, pero además realizan cálculos de la relación que existe entre la salud de los llamado bosques de macroalgas, presentes frente a las costas de Baja California, y el nivel de nacimientos y reproducciones de peces de interés comercial.

FECUNDO Y LLENO DE VIDA. En México se han identificado alrededor de mil 60 especies diferentes de algas marinas, pero la mayoría son algas de pequeñas dimensiones, que son importantes pero en exceso pueden llegar a cubrir todo el suelo marino y hacer daño a otros organismos, como los corales de los arrecifes. Pocas de estas algas son mayores a 50 centímetros y mucho más escasas son las que miden más de 20 metros de longitud o altura.

Desde el punto de vista de biodiversidad, el ecosistema de bosques de macroalgas es hogar y refugio de cientos de especies que tienen poca movilidad, pero también funcionan como guardería de algunas crías y como centro de alimentación de depredadores como peces pargos, rayas e incluso para mamíferos como el lobo marino.

A pesar de que estos ecosistemas son propios de aguas templadas y polares, también estos bancos de plantas marinas de distintas especies se pueden hallar en zonas tropicales, pero a mayor profundidad.

La ubicación geográfica de la península de Baja California y sus condiciones climáticas favorecen la presencia de una gran diversidad de especies de macroalgas, organismos acuáticos de suma relevancia para los ecosistemas marinos.

La primera vez que un científico comparó este ecosistema de macroalgas con una selva tropical fue en 1973, cuando el canadiense Kenneth H. Mann, investigador emérito del Instituto Oceanográfico Bedford, en Nueva Escocia, documentó que algunas macroalgas podían crecer hasta 30 metros de altura, en zonas que están a 5 kilómetros de distancia de las playas y en las que el agua es fría o templada.

El mismo K.H. Mann demostró que, con buenas condiciones ambientales, es posible cosechar hasta 30 kilogramos mensuales de algas frescas por metro cuadrado sin afectar el crecimiento del resto de la planta. Esto lo llevó a afirmar que éste es uno de los ecosistemas más productivos del planeta.

Debido a que sirven de alimento para otros organismos de importancia pesquera y comercial, además de su contribución en el mantenimiento de la calidad de la columna del agua o por su demanda comercial, las macroalgas son estudiadas en Baja California con fines científicos y productivos.

La doctora Lydia Betty Ladah, investigadora del Departamento de Oceanografía Biológica del CICESE, explicó a la Agencia de Noticias del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) que las macroalgas son una de las especies base del ecosistema marino, especialmente en el ambiente bentónico.

“Igual que los bosques terrestres, los bosques de macroalgas son muy importantes de mantener por sí mismos pero también por su valor agregado, pensando en el valor socioeconómico que tienen, especialmente en la península de Baja California”, recalcó en conversación con la periodista Karla Navarro.

Desde mediados de la década de 1990, la doctora Lydia Ladah se ha dedicado al desarrollo de estudios de los bosques de macroalgas desde diferentes perspectivas: el sector pesquero, su impacto económico, su importancia ecológica y, más recientemente, desde las variables físicas y de selección natural.

Frente a las repercusiones inminentes del cambio climático, la doctora Lydia Ladah y su grupo de investigación se dedican a buscar poblaciones de macroalgas que de forma natural están sometidas a condiciones de estrés.

“Si estas poblaciones son aisladas genéticamente, tienen una posibilidad, bajo fuerzas selectivas, de empezar a crear cepas en estos bosques que son mucho más resistentes a las condiciones estresantes, que el resto de la población”, dijo la científica.

Su objetivo es identificar adaptaciones específicas de poblaciones marginales de macroalgas para aprovecharlas en programas de restauración y reforestación que pueden ser útiles tanto para macroalgas como Macrocystispyrifera, como también para corales, manglares y pastos marinos.

“Nos enfocamos en estas especies porque son las especies fundadoras del ecosistema en general. Sin Macrocystis no existe este ecosistema, depende al 100 por ciento de esta especie”, subrayó.

ALTA PRODUCTIVIDAD. En México, el aprovechamiento de estos organismos que son similares a las plantas de tierra firme comenzó en los años 50 del siglo XX y se convirtió en una fuente de materia prima para diferentes industrias que necesitan sustancias no toxicas que hagan espesas a varias sustancias. Esta actividad se mantuvo relativamente estable durante cuatro décadas, pero después comenzó a experimentar crisis.

A pesar de que en el año 2004 se registró una caída en el interés comercial por los productos extraídos de algas marinas, en la actualidad se han encontrado nuevos usos y se abren perspectivas positivas para su aprovechamiento, como ha investigado y reportado José Antonio Zertuche González, del Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC.

De las algas gigantes marinas se pueden extraer diferentes productos, como el agar, que es una especie de jalea o gelatina que se usa para hacer más espesos algunos alimentos como las sopas, helados, yogures, e incluso se le usa para hacer más claras algunas cervezas. Además, en la investigación científica se usa al agar como base para hacer cultivos de microbiología, es decir que en pequeñas muestras de ese polímero natural pueden crecer bacterias, hongos y virus bacteriófagos de interés científico.

Otro producto de interés comercial extraído de la pared celular de las algas —principalmente de las llamadas algas pardas— son los alginatos, que también son sustancias que forman una especie de gel a temperatura ambiente y que es usado por los dentistas para hacer las impresiones de dentaduras que después sirven como molde para las reproducciones de dentadura en yeso con las cuales trabajan para hacer prótesis. Otros uso popular de los alginatos es dar un poco más de cuerpo y textura a los jugos de fruta envasados. 

Adicionalmente, algunas especies de algas rojas son fuente de una sustancia llamada carragenina, que es usada para dar cuerpo y sensibilizar el paladar cuando se consumen postres lácteos, aunque su uso comenzó a disminuir desde fines de los años 90s por alegatos de que podría ser causante de alergias. Esta controversia sigue vigente, a pesar de que las autoridades sanitarias de la Unión Europea aprobaron, en 2003, un dictamen en el que se autoriza el consumo de alimentos con carragenina en niños mayores de 18 meses.

“En México, el aprovechamiento de las algas marinas a nivel industrial se inicia a mediados del siglo pasado frente a las costas de Baja California. La industria comenzó en 1955 con la cosechar de Gelidiumrobustum, como fuente de agar, seguida por Macrocystispyriferaen 1956 como fuente de alginatos y una década después inició la cosecha de Chondracanthuscanaliculatuscomo fuente de carragenina”, explicó el doctor Zertuche González, de la UABC, en su artículo Aprovechamiento de las macroalgas en México; estado actual y retos futuros.

Durante cuatro décadas, en la segunda mitad del siglo XX, México se ubicó como un exportador de materia prima extraída de algas para la industria de alimentos y de la salud, en Estados Unidos. Dentro del país sólo se aprovechaba uno de estos derivados, llamado agar, por parte de la empresa Agarmex. A mediados de los años ochentas se instalaron plantas piloto para la producción de alginatos y carragenanos, con apoyo de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su siglas en inglés), pero esos proyectos no prosperaron.

A pesar de los altibajos en el interés por aprovechar las macroalgas, la investigación científica ha ayudado a conocer la distribución y tamaño de este recurso en los mares mexicanos.

Como explica el doctor Zertuche, el desarrollo de la investigación aplicada sobre el aprovechamiento de macroalgas, en México como en cualquier país estará supeditado al interés de alguna rama industrial establecida, su vinculación con el sector académico y su promoción gubernamental.

“México actualmente tiene al menos cuatro ramas industriales a partir de las macroalgas; los ficocoloides, las algas como forraje marino y terrestre, los extractos para mejoradores agrícolas y las algas para consumo humano de manera directa o como ingrediente en otros alimentos. La industria de los ficocoloides ha sido tradicionalmente la que más biomasa demanda mientras que la demanda de algas para consumo humano es aún muy pequeña”, detalla Antonio Zerticha en su artículo Aprovechamiento de las macroalgas en México.

Las macroalgas pueden ser cosechadas directamente en su ambiente natural; sin embargo, especialistas de la UABC colaboran en un proyecto piloto para impulsar su cultivo en tierra, bajo condiciones controladas y a escala comercial, lo que permite garantizar la cantidad y calidad de la producción.

El doctor José Miguel Sandoval Gil, investigador del Cuerpo Académico de Botánica Marina del IIO, explicó a la Agencia de Conacyt que el proyecto se centra en el aprovechamiento de Ulva sp. o lechuga de mar.

La aportación del doctor Sandoval Gil es específicamente la optimización de las condiciones de cultivo de Ulva sp., mediante el desarrollo de estudios fisiológicos, estudios que se han desarrollado durante décadas para la optimización de los cultivos agrícolas terrestres, pero representa un campo inexplorado para el caso de las macroalgas.

“Lo que estudiamos es cómo las variaciones de los parámetros fisicoquímicos de las pozas piloto de cultivo afectan la fisiología y el crecimiento de la macroalga. A partir de nuestros estudios, se pueden tomar decisiones para optimizar los cultivos, como por ejemplo, los tiempos idóneos para la cosecha”, dijo el doctor Sandoval Gil.

A diferencia de la cantidad de estudios que hay respecto a cultivos de plantas terrestres, las investigaciones en torno al cultivo de macroalgas son incipientes, pero está claro que este ecosistema es de alta importancia para la conservación de la biodiversidad marina y es una fuente potencial de trabajo e ingresos para personas de las comunidades costeras de México.

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