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El hartazgo por delitos da pie a grupos de autoprotección vecinal

Las colonias Del Valle y Narvarte documentan y filman la ola delictiva; se organizan aprovechando la creación de figuras vecinales con acceso a las autoridades... Pero algo pasa, nada se mueve en contra de los delicuentes, que incluso miran fijo a las cámaras de vigilancia. La idea de tener un arma aparece

Vecinos de las colonias Del Valle y Narvarte, hartos de la delincuencia que —aseguran— aumenta en calles de esta demarcación, comenzaron a organizar grupos de autoprotección para combatir delitos que van desde robos (de autopartes, a casa habitación, negocios, asaltos a transeúntes) hasta el secuestro extorsivo de perros.

Los vecinos que participan en estos grupos comentan que el Ministerio Publico ha contribuido al hartazgo. Incluso hay un tono de burla en la autoridad cuando acuden a denunciar la reincidencia delitos: “¿Otra vez por aquí?, usted es el de la otra vez, ¿no?”, fue lo que le dijeron los elementos del MP al dueño de una ferretería de Avenida Universidad a la que han robado en tres ocasiones.

De allí la decisión de “cuidarnos entre nosotros”, pero la efectividad de la autoprotección está en duda. Algunos vecinos han instalado alarmas y cámaras vecinales, independientes a los sistemas del gobierno capitalino, pero los delincuentes han llegado también al cinismo. Los rateros buscan las cámaras de seguridad, las ven y continúan desmantelando autos o asaltando. Y los vecinos prueban ante Crónica sus aseveraciones: En efecto, en uno de ellos, sólo un ejemplo, se ve a un ladrón que lleva un huacal. Lo usará como banquito para alcanzar y desprender una luminaria de un domicilio. El ladronzuelo mira a la cámara que lo filma, hace una pausa y continúa su labor.

Paradójicamente, la luminaria es de una casa y fue colocada para que la calle no esté a oscuras, en un intento por hacerla más segura.

Pasa lo mismo con sujetos que desvalijan autos. “Se toman todo el tiempo del mundo, ven las cámaras y se hacen tontos, saben que los están grabando y, si acaso, sólo aceleran el paso”, narra Iván Felipe, coordinador vecinal de uno de los sectores en los que se divide Narvarte.

VECINOS, UNIDOS CONTRA LOS BANDIDOS. Mantas bien elaboradas, mandadas a hacer en taller, anuncian la presencia de cámaras de vigilancia y la organización vecinal contra los delincuentes. “Basta de robos”, señala una de ellas. Junto a esa leyenda, un puño cerrado. Estas son las señales de la autoprotección que aparece también en forma de distintivos más pequeños para los hogares que quieran lucierlo en sus ventanas.

Mediante grupos de WhatsApp, Twitter y Facebook, los vecinos se comunican. En esos grupos digitales, se comparten alertas, imágenes y videos de los delitos y se alertan de personas o actividades sospechosas en su calle.

De los recorridos de Crónica en estas colonias se desprende una duda obvia. Vecinos de la Del Valle y la Narvarte se han organizado y tratan de atraer a más habitantes de estas colonias a organizarse (romper la apatía, dicen ellos), y simultáneamente se topan con una autoridad inútil para atacar a la delincuencia (especialmente al gobierno central de la CDMX, pues los coordinadores tienden a ser más benevolentes con los panistas que han gobernado la Delegación benito Juárez). ¿Entonces hacia dónde va todo esto?

Una parte de la respuesta es que el enojo vecinal se traduce, en ocasiones, en medidas extremas. Al menos, algunos vecinos aseguran que ya compraron un arma que mantienen en casa o su negocio.

En estas colonias, cuyo nivel de desarrollo humano ha sido comparada con el de países nórdicos, no es un vecino acelerado, sino un coordinador vecinal serio el que relata que ya hubo al menos un caso de justicia por propia mano. El coordinador vecinal explica, a pregunta expresa, qué medidas pueden tomarse en caso de atrapar a un delincuente: “Lo  que volveríamos a hacer sería darle una madriza, hasta que ya no se pueda mover y que lleguen después las autoridades por él”.

Era el ladrón de un Oxxo. Fue capturado luego de ser perseguido por vecinos a lo largo de tres calles.

En cuanto a la adquisición de arma, en el caso de quien llamaremos Roberto por motivos de seguridad, la tiene en su domicilio, que también alberga su negocio. “En caso de ser necesario, eliminar a los delincuentes”, señala. “Las autoridades no son competentes, no sirven, en una emergencia no les voy a hablar,  cuando me tengan amagado con la pistola, cuando se estén robando mi carro, es mucho el tiempo en el que llegan, para ese entonces ya habré acabado con ellos”, justifica Roberto.

Un par de sujetos en una motocicleta a plena luz del día someten con una llave al cuello a un transeúnte; los empleados, dueños y clientes de restaurantes o cafés son sometidos a puntas de pistola.

El modus operandi de los delincuentes cambia continuamente.

En las calles de la Del Valle y la Narvarte no es raro ver personas en situación de calle. Duermen en ocasiones tapados por cartones. Los saqueadores de negocios se hacen pasar por estos vagabundos, se cubren completamente con cartones al lado de la cortina del negocio que decidieron robar y así se encubren mientras rompen candados o palanquean la cortina metálica.

El robo a un negocio (cerrado actualmente) incluyó a un perro pug. Después del robo, los delincuentes se comunicaron con el duelo para pedir rescate.

Sobre Vértiz, aseguran vecinos, el secuestro de mascotas se ha multiplicado. El secuestro ha sido detectado desde hace tiempo. En colonias de la vecina Delegación Cuauhtémoc, es bien conocida por los vecinos. La mascota desaparece, se le busca sin éxito y cuando se ponen anuncios en los postes, casi de inmediato alguien se comunica y negocia una “recompensa”. Los dueños de los canes se conocen y platican entre sí durante los paseos por los parques. En esas pláticas deducen que se trata de un modus operandi.

UN CAFÉ Y SU DINERO, PLIS. La colonia Narvarte es una colonia singular. Reza un informe de 2016, del Gobierno de la Ciudad de México, que las colonias con alto índice delictivo son aquellas que se encuentran, en general, en un lugar céntrico, con vías de transporte a distancias cortas, con números altos de comercio.

Hablar de la cantidad de establecimientos comerciales está de más. Restaurantes, tiendas, cafés, bares y demás comercios llenan los perímetros de sus manzanas. Muchos de ellos han sido víctimas de asaltos o testigos oculares de los robos.

Un tanto fuera del epicentro de la organización vecinal antidelictiva que se gesta en la Del  Valle-Narvarte, los cafés surgidos en la avenida La Morena (entre Narvarte y La Esperanza) conocen bien de los asaltos en los que su caja registradora y los clientes presentes son desplumados.

En la esquina de La Quemada hay un tres de tres (tres negocios y tres asaltos en el último trimestre). Una patrulla pasa enfrente de uno de los negocios el día que lo viosita Crónica, da un toque de sirena y se retira. Es la respuesta de la autoridad.

En palabras de los propietarios de locales comerciales, se ha acentuado la escasez de patrullas a partir de la conversión del DF en Ciudad de México. Los mismos comerciantes comentan que para el área de Narvarte tienen reportado que hay diez unidades.

“A las quejas que hacemos a las coordinaciones vecinales, las autoridades han hecho caso omiso y es una situación verdaderamente alarmante”, asegura Octavio Marroquín, dueño de la ferretería localizada en la avenida Universidad. “¿Qué te puedo decir? Hacer la denuncia es inútil. Es una camioneta de al menos 98 mil pesos y tengo video de los robos hechos a los comercios adyacentes, estamos en un ciclo de altos niveles de delitos”, indica Octavio. Habla a Crónica en presencia de su coordinadora vecinal, Gabriela Bobadilla. Octavio muestra en el semblante su hartazgo, su molestia. Comenta que la afectación ya es emocional, no sólo es ultrajar sus fuentes de ingresos y su trabajo.

En las imágenes facilitadas en torno a Eugenia y Universadid, puede apreciarse el robo de bicicletas, el intento forzado de ingreso a los establecimientos y el robo de artículos electrónicos a los locales contiguos a la ferretería.

En la misma zona, otro vecino y comerciante, que pide omitir su nombre, muestra la expresión igual que la de Octavio. Un rostro lleno de hartazgo. Su local ha sido asaltado en tres ocasiones.

EL VAGABUNDO. Y si de modus operandi se trata, debe señalarse uno muy especial. El ladrón tiene apariencia de indigente. A una hora en la que el tránsito de transeúntes y de vehículos es mínimo, el pseudomendigo coloca objetos como cartón y cobijas sobre sí, utilizando la cortina de metal del establecimiento como pared de su vivienda de esa noche.

Desde el interior del refugio, se sabrá a la mañana siguiente, la seguridad de las cortinas es violentada para introducirse en el local y extraer la mercancía.

“Lo cierto es que las autoridades no están haciendo su trabajo. Los operativos policiacos y la policía nada más se presentan cuando hay partidos de futbol en el estadio Azul. Se roban las luminarias colocadas recientemente por la delegación, porque la de los postes de luz están ocultas por el ramaje de los árboles y está muy oscuro”, indica Carlos.

Éstas son la Del Valle y la Narvarte de hoy. Los vecinos indican que el delito está en aumento, que la autoridad se muestra incapaz. El hartazgo crece y el germen de una organización vecinal antidelictiva se está dando como respuesta. Mantas de advertencia, juntas vecinales, comunicación por WhatsApp y redes sociales y hasta la adquisición de algún arma están allí, sin que aún se pueda prever hacia dónde desembocará lo que los propios vecinos llaman hartazgo y enojo.

Videofilmar la impunidad

Los vecinos de las colonias Del Valle y Narvarte entregaron a Crónica videofilmaciones de la ola de robo que ha motivado las actividades de autoprotección.
Durante la presente semana nuestro diario entregará a sus lectores las historia de estos video. Robos a casa habitación, desvalijamiento de autos, asaltos en la banqueta a plena luz del dia, robo de luminarias (destinadas a hacer más seguras las calles) y robo a los diversos clientes de negocios. Todo está filmado, a nadie, dicen, se sancionó.

 

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