Cultura

La turquesa es también de origen mesoamericano, revelan estudios

Investigación. Los 38 mosaicos encontrados en el Templo Mayor fueron analizados y revelaron que las piedras provenían de minas de Michoacán, Guerrero y centro de México y no de Estados Unidos como se creía. Los resultados cambian totalmente nuestras perspectivas, dice Leonardo López Luján

Investigadores mexicanos y estadunidenses analizaron 43 mosaicos de turquesas, de los cuales 38 pertenecen a ofrendas de la zona arqueológica Templo Mayor, pero en lugar de que los resultados corroboraran que esos objetos azul-verdosos provinieron del suroeste de Estados Unidos como lo señalaban las hipótesis, las conclusiones evidenciaron que la turquesa se obtuvo de minas locales, probablemente ubicadas en Michoacán, Guerrero y centro de México.

“Estos resultados, sin lugar a dudas, nos sorprendieron muchísimo, porque siempre se ha supuesto que la turquesa prehispánica venía desde el lejano norte. Los resultados de este proyecto científico binacional son por ello de gran trascendencia, puesto que cambian totalmente nuestras perspectivas”, señala en entrevista Leonardo López Luján, arqueólogo y director del Proyecto Templo Mayor.

La investigación hecha por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la Universidad de Arizona, el Instituto Getty de Los Ángeles y la Universidad de California, inició en 2008, cuando arqueólogos descubrieron al pie del recinto ceremonial de la zona arqueológica, una ofrenda con el esqueleto completo de un lobo mexicano que tenía un par de orejeras de madera recubiertas con mosaicos de turquesa.

“Lo excepcional es que los sacerdotes mexicas que enterraron este animal a fines del siglo XV, ataviaron el cadáver con joyas particularmente lujosas. En las patas, por ejemplo, tenía cascabeles de oro de la Sierra Madre del Sur; en torno a la cintura había caracoles del Océano Atlántico; en el cuello lucía cuentas de jadeíta de Guatemala y, flanqueando la cabeza, había un par de orejeras de madera recubiertas con bellos mosaicos de turquesa”, detalla López Luján.

Para determinar de dónde fue extraída la turquesa, los arqueólogos mexicanos se pusieron en contacto con geoquímicos de la Universidad de Arizona, quienes desarrollaron una nueva técnica base del análisis de isótopos de plomo y estroncio, con la cual confirmarían que la turquesa era de Estados Unidos y detallarían de cuál de los 19 distritos mineros con actividad prehispánica provino ese mineral.

Leonardo López Luján explica que siempre habían inferido que el origen era el suroeste de los Estados Unidos o zonas adyacentes del noroeste de México, pues se había afirmado que los mesoamericanos importaban la turquesa de esa región, específicamente de lo que hoy es California, Nevada, Arizona, Sonora, Colorado y Nuevo México.

“Según se ha especulado, entre el 900 y el 1521 d.C., existió una ruta de intercambio de unos 2 mil kilómetros de distancia. Los mesoamericanos enviaban guacamayas, cacao y cascabeles de cobre y, a cambio, los oasisamericanos del suroeste de Estados Unidos enviaban turquesa”, narra.

Sobre los materiales analizados, añade el investigador, se enviaron muestras de ocho de las 20 ofrendas mexicas del Templo Mayor y, al mismo tiempo, muestras tomadas de artefactos prehispánicos mixtecos del sur de Puebla que hoy se resguardan el Museo Nacional del Indio Americano del Instituto Smithsoniano de Washington.

MINAS EN MESOAMÉRICA. Los mosaicos de turquesa de objetos mexicas y mixtecas que se enviaron para su estudio a la Universidad de Arizona, Estados Unidos, arrojaron resultados isotópicos muy semejantes entre sí, esto significa que la turquesa se obtuvo de la misma formación geológica.

“Lo sorprendente es que su huella isotópica de plomo y estroncio no es una de las propias del suroeste de los Estados Unidos o del noroeste de México, sino que pertenece a alguna zona que produjo cobre de Mesoamérica, muy posiblemente del Occidente (Michoacán-Guerrero) o del Centro de México”, señala Leonardo López Luján.

El también arqueólogo del INAH añade que existen fuentes documentales que narran la llegada de turquesa en forma de tributo a Templo Mayor, ya que este mineral fue símbolo de poder y estuvo asociado a los gobernantes.

“En el Códice Mendoza, antiguo documento del siglo XVI que hoy se encuentra en la Universidad de Oxford, se menciona que los mexicas recibían turquesa como tributo de dos provincias de la Mixteca (Quiauhteopan en el este de Guerrero y Yoaltepec en el oeste de Oaxaca) y una provincia de la Huasteca (Tochpan en el norte de Veracruz)”, indica.

Entonces, agrega, existe la posibilidad de que esas tres provincias tributarias obtuvieran la turquesa de minas ubicadas en sus propios territorios o que la importaran del centro o, más probablemente, del occidente de México.

—¿Han localizado esas minas mesoamericanas?

—La gran pregunta que queda por resolver, es ¿dónde se encontraban las minas mesoamericanas de turquesa? Varias regiones de cobre en Mesoamérica son buenas candidatas, pues cumplen con las condiciones geológicas para haber alojado turquesa en sus zonas de oxidación.

“Sin embargo, debido a que generalmente las minas prehispánicas de turquesa eran pequeñas y superficiales (al menos así sucede en los Estados Unidos), y además están próximas a depósitos de cobre con gran valor económico en la actualidad, podrían haber sido agotadas, alteradas o destruidas por el trabajo minero posterior”, responde.

López Luján comenta que el siguiente paso en esta investigación será la búsqueda en el territorio nacional de posibles fuentes de donde los pueblos mesoamericanos extrajeron esta preciada roca, asociada con los gobernantes.

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