El furor futbolero ha empezado y eclipsa el desempeño de las campañas presidenciales en curso, lo cual viene como un remanso a la ciudadanía. En ocho días los candidatos cerrarán su trabajo proselitista y en menos de dos semanas se sabrá el resultado del proceso electoral. En el ínter circularán las ultimas entregas de las encuestas, donde no se espera cambio significativo en las tendencias. Anaya y Meade seguirán desgarrándose por la medalla de plata, mientras sus asesores tratan de perfilar una narrativa consistente en que nada está dicho y que los estudios de opinión terminarán equivocándose dramáticamente.

La tendencia parece muy clara y, salvo algún imponderable mayor, AMLO será el próximo presidente. Peña Nieto parece tener prisa por entregar la banda presidencial, en tanto, el tabasqueño da visos de querer empezar a gobernar desde el mismo 2 de julio.  Viene una etapa de transición pletórica de sorpresas y golpeteos. El enrarecido ambiente político no se difuminará necesariamente al conocerse el resultado, por el contrario, tensiones hasta ahora contenidas, finalmente se expresarán. No es para menos, se gesta uno de los cambios más importantes en el tablero político en la historia reciente de este país.

Morena podría no solamente quedarse con la Presidencia, sino también como la fuerza mayoritaria en el Congreso. En esa dirección apuntan varios estudios de opinión serios. Empero, más allá de los legisladores que el partido de AMLO pudiera obtener en las urnas, este instituto se convertirá en el centro de gravedad que atraerá a desertores, particularmente de las bancadas del PRD y del PRI.

Debería entenderse de una buena vez, que AMLO no trata meramente de conformar su propia gobernabilidad, sino que lo que desde ahora está armando es una nueva hegemonía. No se trata de un nuevo régimen, sino de apropiarse de los vigentes mecanismos legales, e incluso aquellos metalegales, de dominación para re- fundar un pacto político que tenga a AMLO como eje articulador. El tabasqueño recurrentemente se dice inspirado por Juárez y Madero, sin embargo, su intentona luce más cercana al Plutarco Elías Calles del 29.

Peña Nieto se equivocó geográficamente, confundió a Toluca con el resto del país y le fue muy mal. AMLO podría errar cronológicamente, al parecer padece del “síndrome de Julissa” es decir, luce atrapado en los setenta. México ya no aceptaría el esquema de una gran corporación política que contenga toda la gran diversidad social y cultural que en los últimos lustros ha aprendido a expresarse y a hacer valer sus derechos.

La ciudadanía votará a AMLO básicamente porque tiene mucho coraje hacia el PRI y hacia Peña Nieto, porque encuentra en el abanderado de Morena una esperanza de que las cosas se hagan diferentes. Se recuerda con cierta tristeza, cuando en aquella gran concentración de la noche del 2 de julio de 2000, en torno al Ángel de la Independencia, la ciudadanía, luego de festejar el triunfo de Vicente Fox, le coreó aquel espontáneo “no nos falles”, “no nos falles”, el desenlace es conocido, el sexenio de Fox resultó una gran decepción.

Al volumen de la expectativa generada, corresponde el tamaño de la rabia, de la frustración, quizá de eso deberían platicar en la etapa de transición Peña y López Obrador. Este último da a entender que, con su triunfo, México tendrá un nuevo amanecer, que en su sexenio “con honestidad y combate a la corrupción” se solucionarán los más profundos problemas que en décadas no hemos podido atender como sociedad.

Se dice que si le va mal al presidente le va mal al país, nadie desea eso, al menos que sea por retorcida mezquindad. AMLO tiene que dejarse ayudar y escuchar a lo que él retóricamente llama como su “principal asesor”: el pueblo. Además, tiene que hacerse desde ahora de una piel más gruesa, la prensa será ácida y con toda oportunidad le marcarán sus errores y los de su equipo. Lo cual al final del día está bien, ya que se trata de ejercicio democrático. La onda Vaselina no es trending, AMLO mejor que nadie debería saber que este país ya cambió y que seguirá cambiando con él o a pesar de él. 

pereawilfrido@me.com

 

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