La administración Trump, inmoral y cruel

Concepción Badillo

Todo comenzó en abril. La administración Trump decidió perseguir como delito criminal a todos aquellos que crucen la frontera sin documentos. Una política conocida como “cero tolerancia” que se aplica a todos los adultos, independientemente de si vienen con sus hijos o no. Los niños, dice el gobierno, no pueden ser detenidos, tratados ni juzgados con sus padres, de ahí que en las últimas seis semanas ha separado a más de 2 mil 300 menores de sus progenitores. La mayoría permanece en custodia del gobierno de Estados Unidos aún si quien los trajo es deportado.

La secretaria de Seguridad Interna, Kirstjen Nielsen, quien ha dejado claro que el gobierno no se disculpará jamás por esta acción que se intenta sea una lección, argumenta que si un estadunidense comete un delito es enviado a la cárcel y se le separa de su familia,  “estamos haciendo lo mismo en la frontera”. Asegura que abundan  los casos en que miles de inmigrantes vienen con niños que no son suyos para tratar de persuadir a las autoridades.

El presidente Trump dice que cancelará toda ayuda estadunidense “a los países que abusan enviándonos su gente”  y ha ido más lejos, repitiendo lo que decía en campaña: que aquellos que cruzan la frontera con menores, son en su mayoría rateros y asesinos, miembros de bandas criminales que intentar alterar la cultura y bienestar de su país.

Parece que el mandatario ignora que desde 2014 cientos de miles de familias con niños vienen huyendo de la violencia que se vive principalmente en El Salvador, Honduras y Guatemala. Una crisis de refugiados que se inició durante la administración de Barack Obama cuando, sin embargo, se dio prioridad a la deportación de personas consideradas peligrosas.

Durante  su gobierno también se envió a centros de detención a madres con niños, en arrestos que en casos duraron meses o aún años, pero nunca los separó enviándolos, como ahora, a ser cuidados por custodios que en su mayoría ni siquiera hablan su idioma.

Los menores, algunos de hasta de dos o tres años de edad y al menos dos casos de bebés de semanas, están siendo enviados a los centros donde se les retiene por un periodo promedio de 58 días, después del cual se trata de colocarlos en hogares provisionales en los que permanecen por meses. Un proceso totalmente diferente al que se le sigue a los padres que en gran mayoría luego de estar  detenidos son enviados de regreso a sus países… sin sus hijos.

Trump insiste en que sólo hay dos opciones: abrir la frontera y dejar entrar a todos o perseguirlos como criminales. Los gobiernos de George W. Bush y el de Obama se decidieron por una tercera opción: la de tratar a los inmigrantes indocumentados que vienen en familia en los juzgados civiles, no en penales.

En los centros de detención, a decir de la ex primera dama Laura  Bush en una opinión que publicó el diario The Washington Post,  el personal encargado de los menores tiene prohibido cargarlos o consolarlos. Reportes de los pocos periodistas que han tenido acceso a los campos, ahora albergados en tiendas de campaña, relatan desesperación de niños llorando por sus papás, y otros, sólo años más grandes, cambiándoles los pañales. Comentaristas de derecha aseguran que quienes lloran son actores o que la prensa inventa que llaman a su  mamá.

La misma señora Bush valientemente ha comparado esos centros de detención con los campos a donde el gobierno enviaba a los estadunidenses de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial, llamándolo uno de los más vergonzosos episodios en la historia de este país. Uno por cierto, lleno de prejuicio, poltica y racismo, tal como se ve ahora.

Cabe recordar que cuando Estados Unidos entró a la guerra luego de que Japón atacara la base naval de Pearl Harbor, el gobierno de Franklin D. Roosevelt decidió detener en campos especiales a más de cien mil japoneses que residían en California, Washington y Oregon, en su mayoría gente inocente y ciudadanos estadunidenses, que fueron sacados violentamente de sus casas.

El actor de ascendencia japonesa, George Takei de Star Trek o Viaje a las Estrellas, quien de niño estuvo en uno de esos centros, asegura que la política de Trump es mucho peor, porque entonces nunca fueron separados de sus padres: “Lo que pasa hoy debe llenarnos de dolor y rabia. El liderazgo de este país ha perdido la más básica humanidad”.

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