El tratamiento del agua residual y la posibilidad de crear trabajos

Consejo Consultivo de Ciencias

Lilian E. Dominguez Montero (1), Blanca E. Jiménez-Cisneros (2) y Héctor M. Poggi-Varaldo (3)

En México, la contaminación del agua se debe a la inadecuada disposición de las aguas residuales de origen municipal, industrial, y de naturaleza variada, como el drenaje agrícola, la escorrentía pluvial, entre otras. Las aguas residuales municipales que se generan en México contienen una diversidad de contaminantes como materia orgánica, nitrógeno y fósforo (que pueden ser fertilizantes en suelos), metales pesados, materia orgánica soluble y coloidal degradable, compuestos orgánicos tóxicos recalcitrantes, además de una gran variedad de microorganismos, algunos de ellos patógenos. De acuerdo con el último reporte de Conagua, México en el 2015 generó 229 m3/s de aguas residuales municipales, y se trataron solamente 57% de ellas, lo que sigue propiciando el reúso de agua residual bruta para riego o su descarga no controlada.

El tratamiento de aguas residuales es un proceso productivo positivo del cual se obtiene agua tratada. Sus objetivos son la mejora del ambiente, la reducción de los impactos negativos de las aguas contaminadas tanto en el ambiente como en la salud humana, en este último caso se busca disminuir las enfermedades gastrointestinales. El tratamiento del agua residual tiene como resultado un ahorro económico en gastos de salud pública; la posibilidad de reusar el agua para fines municipales (lavado de vehículos, riego de áreas verdes, fuentes de ornato y limpieza de calles, entre otros), para la industria (en torres de enfriamiento, y diversos procesos industriales), y en particular para la agricultura (cultivos de consumo crudo y de exportación, que son mucho más rentables). El reúso además resulta en ahorros significativos en el uso de agua potable, que es muy costoso en México.

Para todo lo anterior, el desarrollo de tecnología nacional es de vital importancia para tratar el agua a un menor costo de construcción y operación, generar empleos y contribuir a tener una balanza comercial positiva a nivel internacional, todo ello manteniendo eficiencia y facilitando la implementación de los procesos. Las patentes nacionales pueden ser un indicador útil para medir y analizar dichos avances tecnológicos.

Nuestro país cuenta con la Ley de Propiedad Industrial y es el Instituto Mexicano de Propiedad Intelectual (IMPI) quien se encarga de su ejecución. Además, el IMPI se encarga de la protección de los derechos de propiedad industrial únicamente en el país donde ésta es solicitada y concedida. Asimismo, México es uno de los 184 países asociados a la Organización Mundial de la Protección Industrial (OMPI) y al Tratado de Cooperación en Materia de Patentes (PCT, por sus siglas en inglés). El principal objetivo del PCT es el de simplificar, hacer más eficaz y económico el procedimiento para solicitar la protección de una patente de invención en varios países. La OMPI y el PCT no son los encargados de otorgar la concesión de patentes internacionales, dicha tarea compete de manera exclusiva a cada una de las oficinas de patentes de los países donde se solicita la protección.

El análisis de la información referente a las patentes en México para el tratamiento de aguas residuales por titulares extranjeros y mexicanos permite observar que el número de patentes concedidas es muy escaso en comparación con el número existente en otros países. En efecto, el país sólo ha contribuido con 34 patentes de un total global de 5041 (0.67%) en el periodo de 1996 a 2013. Los centros de investigación y universidades cuentan que hay un menor número de patentes otorgadas, en comparación con las solicitudes realizadas por empresas e inventores independientes. Esto puede deberse a que el tiempo de concesión de una patente, de acuerdo con el IMPI, es de 4 a 5 años, lo cual es un periodo largo comparado con el tiempo para la publicación de un artículo académico.

Por otra parte, está documentado que muchas empresas en México prefieren adquirir tecnología ya probada e importarla. Más aún, sólo un 5 % de las empresas totales en México realizan Investigación y Desarrollo, lo que limita la creación de nuevas patentes por dicho sector. El otro sector que puede realizar investigación y desarrollo de nueva tecnología y patentamiento corresponde a las universidades y centros de investigación. Sin embargo, en el ambiente académico se considera que un artículo es una aportación a la ciencia y a la tecnología más importante que una patente, sin considerar que el patentamiento es también un medio significativo de información para la sociedad en cuanto a inventos y avances tecnológicos. Ello a pesar de que incluso en los estertores del modelo nacional desarrollista en México (Sexenios 1970-1976, 1976-1982) existió una política oficial para incentivar la generación de tecnología en Instituciones de Educación Superior y Centros de Investigación.

Lo anterior constituye un llamado a las autoridades gubernamentales para implementar programas de estímulos efectivos tanto a nivel empresarial como educativo a fin de acrecentar la investigación y desarrollo tecnológico sobre el tratamiento de aguas residuales que conduzcan a resultados prácticos y patentables. Es necesario reforzar los estímulos a los investigadores e ingenieros, por una parte, pero también es necesario crear programas desarrollo y manejo de empresas nacionales con base tecnológica. Ello serviría para el control de la contaminación del agua, pero también para muchas otras áreas del conocimiento. Contar con tecnología nacional, además de resultar en procesos más económicamente eficientes y adaptados a las condiciones del país que cuando se usa tecnología importada, permitiría generar los empleos que nuestro país tanto necesita.

1. Programa Transdisciplinario en Desarrollo
Científico y Tecnológico para la Sociedad, Cinvestav.

2. Instituto Ingeniería, UNAM / División Ciencias del Agua, UNESCO / Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias.

3. Departamento de Biotecnología y Bioingeniería, Cinvestav

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