Los colombianos dijeron no al populismo

Ma. del Rocío Pineda Gochi

El pasado domingo el pueblo colombiano dio una gran muestra de civilidad democrática en su segunda vuelta electoral. Ante las enormes expectativas e incertidumbre que generó el candidato de izquierda —considerado populista por un sector de la sociedad—, Gustavo Petro Urrego, la eficiencia de sus resultados de preconteo y el oportuno reconocimiento de su derrota en cadena nacional, devolvieron al país, en poco más de media hora, la tranquilidad y la certidumbre de que la mayoría de los colombianos decidieron dar el voto de confianza al candidato Iván Duque, del Partido Centro Democrático.

De acuerdo a los datos emitidos por la Registraduría Nacional del Estado Civil (entidad autónoma y desconcentrada que tiene a su cargo el registro de la vida civil e identificación de los colombianos y la realización de los procesos electorales y los mecanismos de participación ciudadana) las elecciones para presidente de la República batieron el récord con una participación histórica de más del 53 por ciento del electorado, equivalente a 19 millones 511 mil 168 votos de un total de 36 millones 783 mil 168 electores.

Estos hechos dejan una gran lección para la comunidad latinoamericana en diversos sentidos. En términos de democracia, se logró una mayor participación ciudadana, pulcritud, orden y eficiencia en el desarrollo del proceso comicial. Respecto a su sistema de elecciones, la “segunda vuelta electoral” les permitió dar mayor legitimidad al presidente electo, porque compitieron los candidatos con mayor representación.

En materia de igualdad de género, tuvieron un importante avance porque cuatro de cinco candidatos escogieron como fórmula vicepresidencial a una mujer, por tanto, Colombia tendrá su primera vicepresidenta en toda su historia reciente.

Por otro lado, en la definición de propuestas y la agenda de gobierno, el exceso de medidas populistas, las transiciones drásticas en sectores estratégicos, las políticas y programas para un solo sector poblacional generaron división, encono, incertidumbre y expectativas negativas que no se tradujeron necesariamente en mayores votos.

La experiencia y el contraste de otros sistemas de gobierno influyeron de manera importante a la hora de elegir. La reflexión sobre las medidas proteccionistas del presidente norteamericano y la emigración masiva de venezolanos a su país –que están generado importantes problemas socioeconómicos a la sociedad colombiana– permitieron comparar y razonar sobre el tipo de gobierno que mayor conviene a sus intereses como nación.

Llama la atención que los colombianos estrenarán un nuevo derecho, que deriva de una reforma constitucional en materia de equilibrio de poderes promulgada en el 2015, donde la fórmula (presidencia y vicepresidencia) que obtenga el segundo lugar en las elecciones ocupará dos curules, uno en el Senado de la República y otro en la Cámara de Representes. Bajo este esquema, Gustavo Petro y Ángela María Robledo liderarán la oposición en cada una de las cámaras legislativas, y por ende, habrá mayor representación y discusión.

Esta experiencia de las elecciones colombianas nos da un gran ejemplo de ejercicio democrático que debiéramos adoptar en México. En 11 días estaremos eligiendo el destino y el futuro de nuestra nación, y en este clima de polarización, violencia, encono, descalificación y desinformación, debiera prevalecer la mesura, el nacionalismo, la unidad y el amor por nuestra patria.

Los mexicanos estamos obligados a reflexionar, dialogar, debatir y discernir sobre el tipo de Nación al que aspiramos. Y sin lugar a dudas, no podremos construir el México que anhelamos dando pasos hacia atrás. Ejerzamos el derecho de elegir a nuestros representantes privilegiando su experiencia, cualidades y capacidades, y no sus medidas demagógicas y populistas. El próximo primero de julio, los mexicanos también digamos no al populismo.

Senadora de la República

Michoacán de Ocampo

@RocioPinedaG

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