El impacto comercial de la imposición estadunidense de los aranceles a las importaciones mexicanas de acero y aluminio, va más allá de esos productos y del área económica; implica toda una serie de efectos tanto a nivel interno en Estados Unidos, a nivel de la frontera y la relación bilateral entre ambos países, para la región, y por supuesto, a nivel internacional.

Además de representar un aumento en los costos de construcción y consecuencias para la industria siderúrgica, automotriz y otros sectores en México; el aumento de los aranceles también impactará política y económicamente a Estados Unidos, en una medida que se considera contraproducente, ya que aumentará los precios de los vehículos en Estados Unidos y cuyo descontento se verá reflejado en las próximas elecciones legislativas de noviembre.

En la frontera México-Estados Unidos si bien se espera un impacto en las exportaciones directasde estos materiales en Coahuila y Nuevo León, que son los principales productores de la zona y dos de los más importantes a nivel nacional, también se espera que no impacte en el resto del comercio bilateral, considerando que ambos materiales son utilizados en la industria manufacturera nacional, específicamente en la industria automotriz, aeroespacial, de construcción y de electrodomésticos.

Geopolíticamente hablando,a nivel internacional, se puede observar una estrategia del presidente estadounidense, que si bien implica una escalada de aranceles en el contexto de una guerra comercial de alcance global, podría traducirse en una búsqueda para recuperar el poderío como potencia mundial comercial, frente a países como China, aun a costa de organizaciones internacionales comerciales, como lo es la OMC.

Esto implicaría una reconfiguración de los mecanismos de integración económica, entre ellos el TLCAN, lo que permitiría a explicar la decisión del titular del ejecutivo norteamericano respecto a buscar acuerdos comerciales bilaterales con México y con Canadá, en vez de renegociar y actualizar el TLCAN, violentando de esta forma, el principio de reciprocidad, aumentando la desconfianza entre sus socios comerciales regionales, y haciendo presente la sombra del futuro, hablando en términos de negociación, ya que merma por completo el discurso de cooperación política y búsqueda de acuerdos bilaterales que se venía manejando durante las últimas décadas, y que había permitido conformar una visión trilateral, de búsqueda de competitiva regional ya que al ser socios naturales y miembros activos de diferentes organizaciones internacionales con intereses comunes, habrá otros procesos de negociación en donde deberán confluir y negociar.

Finalmente, ante este panorama, resulta necesario pensar y replantear la postura de México ante Estados Unidos, no sólo en la renegociación del TLCAN, sino como vecino geográfico y socio comercial natural. La política exterior mexicana, no debe perder de vista el tema económico-comercial que impactará en el corto y el mediano plazo, pero si lo que se pretende es consolidar una relación bilateral integral, se deberá pensar geopolíticamente halando, considerando siempre, la búsqueda de cooperación y concordancia en los temas y sectores que integran la agenda bilateral en materia política, económica, social, cultural, y por supuesto, de frontera.

cpi@prodigy.net.mx

 

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