Cultura

Ignacio Ramírez, la inteligencia que forjó los cambios del país en el siglo XIX

Bicentenario. A 200 años de su nacimiento, Crónica recuerda al escritor y pensador liberal que abogó por la enseñanza bilingüe en escuelas, luchó por los derechos de la mujer, como el acceso a la Universidad, defensor de la democracia, y a los 19 años de edad exclamó en un acto público que Dios no existía

El escritor Ignacio Ramírez (1818-1879), mejor conocido como El Nigromante, fue durante el siglo XIX el primero en abogar por la enseñanza bilingüe en las escuelas, luchó desde el Congreso para que las mujeres tuvieran acceso a la Universidad y fue el poeta que a sus 19 años de edad exclamó en un acto público que Dios no movía al mundo.

A 200 años de su nacimiento, los discursos que este pensador liberal pronunció para la formación de la Constitución de 1857 serán recuperados por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) en el libro Ignacio Ramírez y el liberalismo social mexicano.

“Ramírez estuvo a la vanguardia en la defensa de las libertades del pensamiento y también de los indígenas. Su padre era mestizo y su madre indígena, entonces hizo una gran defensa de los pueblos originarios exigiendo que se legislara a su favor, que se respetara su lengua, sus tierras y sus usos y costumbres”, comenta en entrevista Patricia Galeana, directora del INEHRM.

El Nigromante, añade, también hizo una defensa de las mujeres. “Señalaba que ellas pasaban por tres etapas: cuando nacían esclavas, cuando eran liberadas por sus esposos y cuando se liberaban por sí mismas. Es decir, fueron ideas novedosas y aunque tuvo el apoyo de liberales radicales, no todas quedaron plasmadas en la Constitución del 57”.

Sobre el libro que el INEHRM alista, Patricia Galena explica que reunirán las participaciones de Ramírez en dicho Constituyente, porque fue uno de los oradores más importantes.

“Hicimos una selección de lo que publicó Francisco Zarco sobre los debates, material que no está al alcance del público porque no se ha hecho ninguna reimpresión desde hace muchos años y la mejor forma para que las nuevas generaciones conozcan nuestra historia, es leyendo a los grandes personajes que hemos tenido”, indica.

UN FEMINISTA. Una de las cualidades de Ignacio Ramírez fue su honestidad, opinó Liliana Weinberg, investigadora por El Colegio de México y biógrafa del autor bicentenario. Ejemplo de esa congruencia, la también crítica literaria la sintetiza con una anécdota:

“Ramírez muy pobremente vestido con ropa humilde llegó a tomar un tren y el jefe de la estación le dijo: no puede subir a este tren porque no se admiten mendigos. Entonces Ramírez sacó una credencial que lo habilitaba como secretario de estado, se la mostró y le respondió: soy funcionario de gobierno, no mendigo para mí, mendigo para mi Patria”, narró Weinberg.

¿Por qué era honrado Ramírez?, se cuestionó la experta durante el foro Ignacio Ramírez El Nigromante, organizado por el INEHRM el pasado miércoles. “Porque creía que la causa de la Patria es primero y que ningún pequeño y mezquino interés personal podía rivalizar con esta responsabilidad titánica de constituir un México nuevo”, respondió.

Weinberg también destacó las ideas a favor de la mujer que el poeta debatió en las reformas constitucionales de 1857, así como sus propuestas de separar la Iglesia del Estado, ejercer la libertad de pensamiento e imprenta, de reformar la sociedad mexicana a través de la educación y conseguir una renovación moral a través de la difusión de la ciencia.

En específico, sobre los derechos de las mujeres, Ramírez afirmó que el acceso a la educación tenía que ser igual entre hombres y mujeres para asegurar los derechos y obligaciones de los ciudadanos.

“Si en siglos pasados la mujer fue máquina de placeres en unas naciones, o máquinas para hacer hijos y hacer vestidos y comidas, en otras; y en las mayoría de ellas un positivo mueble de lujo para los ricos, incluso un dependiente, el primero de los animales domésticos para los pobres. Todo esto se debe superar, hoy la mujer tiene la personalidad religiosa y civil, sólo le falta la personalidad política”, escribió El Nigromante.

Al respecto, el investigador por la Universidad de California, David Maciel definió al autor bicentenario como uno de los primeros feministas del país.

“Abogó por los derechos de la mujer, por el divorcio y por una educación más comprensiva para ellas porque como sabemos, no se les permitía ingresar a la universidad. Ramírez decía que la mitad de México estaba atrasada por mantener a la mujer en esa condición, decía que era una colonia interna. Fue un feminista del siglo XIX que ya quisieran muchos tener en el siglo XXI”.

SIN DIOS. La electricidad, el vapor y la imprenta fueron tres avances tecnológicos que El Nigromante admiró, por eso entre sus propuestas de reforma educativa, incluyó la promoción de la ciencia.  

Sin embargo, uno de los momentos célebres de Ignacio Ramírez ligado a la divulgación científica, sucedió cuando él tenía 19 años, edad en que ingresó a la Academia Literaria de San Juan de Letrán.

“En las palabras de ingreso a la Academia de Letrán en 1836, Ramírez expresó: No hay Dios, los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos; a lo cual siguió una argumentación basada en términos científicos”, señaló el poeta Vicente Quirarte.

Aunque hoy el discurso que Ramírez pronunció no se encuentra íntegro en un sólo documento, existe —dijo Patricia Galeana— una descripción hecha por Guillermo Prieto.

“Leyó con voz segura e insolente el título que decía: No hay dios. El estallido inesperado de una bomba, la aparición de un monstruo, el derrumbe estrepitoso de un techo no hubieran producido mayor conmoción. Se levantó un clamor rabioso que se disolvió en altercados y disputas. El señor Iturralde, rector del Colegio dijo: no puedo permitir que aquí sea lea eso, es un establecimiento de educación”, escribió Prieto.

Por último, el especialista David Maciel destacó que El Nigromante fue tajante en sus principios políticos y en su idea de democracia. “No había concesiones. Fue seguidor de Benito Juárez, pero cuando vio, según él, que estaba perpetuándose en el poder rompió con Juárez y apoyó a Porfirio Díaz. Luego vio que Díaz no estaba cumpliendo y rompió con él hasta el final de sus días”.

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