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¡Llora por mi Argentina!

Con la peor versión que se recuerde en mucho tiempo, la albiceleste fue humillada por Croacia 3-0 y quedó al borde de la eliminación. En un mar de dudas por las decisiones del técnico Sampaoli y con la inexistencia de Messi, el cuadro sudamericano fue exhibido por los europeos

Aunque a nadie debería de sorprendernos, sí nos sorprende. A pesar de que calificó hasta el último día en la eliminatoria sudamericana, a pesar de que los cambios de director técnico fueron casi una constante hasta la llegada de Jorge Sampaoli, todavía se mencionaba, como siempre, que la Albiceleste era favorita para volver, al menos, a jugar la final de la Copa del Mundo contra Alemania.

Pero el futbol empezó a sacudir la criba de Rusia 2018 y con sorpresa, muchos de los favoritos empezaron a rezagarse en el camino, esperando que su pasada gloria los salve de un cataclismo que entregue el próximo 15 de julio a un nuevo campeón mundial, cuyo éxito esté avalado por su buen desempeño y no por el color de la camiseta o la fama de sus integrantes.

Y aunque Argentina no murió anoche al caer 3-0 ante una Croacia cuyo desempeño se vio agigantado ante la baja estatura de los dos veces campeones del mundo, que siguen viviendo de la gloria que les dejaron Maradona y compañía hace 32 años, los ches han quedado heridos de muerte.

Se supone que en este equipo juega uno de los dos, o el mejor jugador del mundo según se quiera ver, pero Lio Messi, criticado, condenado por todo el mundo, acusado de no ser capaz de haber ganado un Mundial, no cometió anoche algún acto de gravedad como su falla ante Islandia a la que perdonó desde los once pasos, pero su desempeño fue tan pobre que si no hubiera estado en la cancha, tal vez otro jugador habría creado más preocupaciones de los croatas.

Cada cuando, los argentinos recuerdan a base de goles que no son los mejores del mundo aunque en el lejano mundo egoísta donde habitan, creen que sí, y hace falta que aparezca un  4-0 como el de Cape Town hace 8 años en Sudáfrica, donde la pasada gloria de Maradona tampoco alcanzó para crear un liderazgo a la altura del que tuvieron César Luis Menotti o Carlos Salvador Bilardo cuya sombra sigue pesando toneladas para las nuevas generaciones y las no tanto.

Con la presencia de cinco o seis de los mejores jugadores del mundo, Argentina no carbura, ni con Messi, ni con Agüero, ni con Di María ni con Higuaín, y cuando todos ellos y los demás “argentinos de clase mundial” no ponen al menos carácter, al menos pundonor, el resultado es que un equipo salido de la nada, una Croacia a medio reconstruir tras su propia secuencia de fracasos redondeada hace cuatro años en Brasil, se dio el lujo de jugar, “literalmente”, con la otrora poderosa Albiceleste.

Con justicia tendría que haber sido una derrota de dos a cero, porque el tercer gol no debería de haber contado y no es porque hubiera sido anotado con ventaja o trampa como lo fue la “Mano de Dios”, sino porque ya en tiempo de compensación y cuando los sudamericamos ya sufrían los estragos de una locura colectiva que les quitó el uniforme de futbolistas y les puso uno de leñadores para tratar de salvar su honor con golpes y no con goles, tal vez ya no debería de haber contado, ya era mucho el sufrimiento y peor la humillación.

Pero esta Argentina, y la de antes, la de otros Mundiales, siempre ha contado con un factor que no entrena durante la semana, pero que a la hora de saltar a la cancha siempre está vestido y existe, aunque no se vea, la suerte. Argentina ha sobrevivido a tantos “tangos”, a tantos mares de lágrimas y tantas condenas que si pasa lo de otras noches, Islandia que hoy juega ante Nigeria podría ser “piadosa” y dejarlos vivir para la última jornada si es que no cumple con su condición de favorita.

Pero no sólo fue Messi el que queda en el relato de una noche de terror para Argentina, sino también Willy Caballero, el portero del Chelsea cuya credibilidad en la meta ya ha sido de tal forma descalificada con su desastrosa actuación que reventó las ganas iniciales con que salieron los de Sampaoli, al grado que cualquier ajuste que hubiera hecho el técnico argentino, ya no sirvió de mucho, pues Rebic, Modric y Rakitic se encargaron de que en el reparto de culpas y responsabilidades casi nadie se haya salvado.

Y mientras Messi y sus compañeros enfrentaban una tremenda presión mediática, Croacia empezó a disfrutar del partido y de verse tan superior ante una Argentina tan inferior. Ni siquiera el apoyo festivo de un estadio esplendorosamente argentino, como fue el del Spartak la semana pasada, contribuyó al final de cuentas a mejorar las condiciones de confianza.

Y sólo porque el técnico de Croacia se equivocó, haciendo ajustes hacia donde no era razonable que sucedieran, sacando de la zona de creación a Luka Modric, adelantandolo a un lugar donde se vio perdido y que abrió las puertas del tráfico hacia la media cancha a Argentina que parecía iba dominar el duelo. Caballero empezó controlando sus emociones aunque pocos confían en él.

Messi fue más peleador que creativo, y Argentina empezó a ejercer un dominio asfixiante en la cancha, oportunidades, pero no goles con Meza, Acuña, Enzo, pero la suerte empezó a hacerse presente y Subasic, el arquero croata podrá contar mucho de que sí existe, sobretodo, cuando los balones empezaron a pasar por los lados e incluso en el travesaño.

Y Caballero no contó con la misma suerte, pues cuando quiso ponerse creativo y seguro, mandó una pelota que fue interceptada por Rebic que abrió el marcador y que generó al primer villano de la noche en el estadio de Nizhny.

Sampaoli mandó a la cancha Higuaín, Pavón y Dybala y se lanzó a por Croacia con desesperación. El orden del primer tiempo desapareció y entonces los croatas se agazaparon para esperar los espacios que se abrieron de par en par. Modric y Rakitic se sumaron a la celebración, sobretodo este último, quien metió un golazo desde fuera del área que acabó ya casi cuando el árbitro nos mandaba a todos a abandonar el estadio, que cerró una humillante noche de una de las peores argentinas que se recuerde en una cancha mundialista.

Hoy Argentina pedirá perdón a Islandia de los insultos proferidos por sus aficionados después del empate de la primera jornada, para que decida ser clemente y no condenarlos a la extinción en Rusia, donde el azul celeste se ha deslavado tanto que está a punto de desaparecer.

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