Cultura

“En los sueños, uno se descubre infantil; la moral queda de lado”: Claudina Domingo

La poeta y narradora Claudina Domingo (Ciudad de México, 1982) considera que más allá de la sensación que generan las pesadillas, éstas tienen una imaginería muy fuerte; también opina que al igual que en la mitología, las historias de los sueños suceden en pocos minutos y con un escenario elaborado por alguien más. Con esos dos argumentos, la autora mexicana creó el poemario Ya sabes que no veo de noche.

Esta obra, que Claudina describe como un diario onírico, fue seleccionada ganadora del Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2016 por los jurados Sara Uribe, Marianne Toussaint y Hernán Bravo Varela, y ahora está disponible en librerías gracias a Ediciones Atrasalane.

“Es un diario de sueños, entonces los poemas hablan de ámbitos y paisajes diversos. Quería que fuera una especie de viaje y se me ocurrió que para hacerlo, la voz poética tuviera un trazado de puntos cardinales, empezar por el norte y continuar en sentido contrario a las manecillas del reloj: oeste, sur y este. Es una intención de manifestar el viaje del personaje poético dentro de sus sueños”, comenta.

La diversidad de escenarios que plasma la autora en sus 48 poemas van desde la zona arqueológica de Tikal, las playas de Acapulco y un orfanato, hasta lugares abstractos como laberintos, el color azul, la luna y las montañas.

“Otra puerta: perros muertos / ¿dónde está la primera puerta? / (incluso los perros se cansan de aparecer muertos a cada batir de goznes) ‘¿no has entendido que tu destino es el laberinto?’”, escribe Claudina y señala que en este libro cada verso es un viaje que no termina, “de alguna forma es un laberinto de imágenes oníricas”.

—¿Algunos de tus sueños son pesadillas?

—No hago el distingo entre sueños y pesadillas como tal porque a veces hay pesadillas que, siendo pesadillas muy fuertes, tienen una imaginería que te obliga a sentirte admirado por la historia en que estás. Sí, muchos son pesadillas y creo que lo que define a la voz poeta del libro no es su indiferencia, pero sí el asombro.

—¿En los sueños somos más honestos?

—En los sueños uno se encuentra como también se encuentra en la vida: caído o aventado a circunstancias que ya están, que ya existen. Los sueños como en los mitos: todo sucede en un minuto. Por la velocidad de los acontecimientos y por el hecho de que uno no está atenido a circunstancias morales, en los sueños no nos da tiempo de juzgar en términos éticos.

“Más que la sinceridad, uno se descubre infantil o adolescente. La parte moral queda de lado”, responde.

En un poema, Claudina Domínguez escribe: “así deberían ser las personas: que no pudieran resanarse por completo / ver la cal desperdigada en torno del cuello / escuchar entre las frases apuntaladas un chirriar de vocales despegadas”.

“El personaje que habla en los poemas tiene una codicia existencial y un codicia de emociones, sexual, de experimentar y de que no se le escape nada, pero también está pidiendo que todos sea tan ‘reales’ y francos, que esa realidad distópica se le muestre de manera frontal”, explica la autora.

RECURRENCIAS. En los poemas de la autora de Tránsito y ganadora también del Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer en 2012, hay dos escenarios como constante: la ciudad y la playa.

—¿Tienes alguna fijación de vivir entre la playa y la ciudad?

—Hay recurrencias, versiones del mismo tema porque así son los sueños. No sabía hasta hace poco qué era el mar de fondo y ya que leí y vi videos me di cuenta de que muchas veces he soñado que estoy en una playa en donde sucede el fenómeno del mar de fondo.

Muchas veces, agrega, es la misma playa, “no es visualmente igual pero es el mismo tema. Esta recurrencia en mi vida onírica la plasmo ahí en la recurrencia de la playa y más en el último poema que de alguna forma señala la poética de todo el libro y también la idea de qué pienso sobre los sueños”.

En el poema número 48, una pareja junto con un grupo de amigos viajan hacia Acapulco, pero la pareja se desvía y ella –el personaje que narra la historia–, se arrepiente de elegir a su chico y no haber ido con sus amigos a la playa.

“—y tú (como siempre): con esa cara de ídolo donde la tristeza sólo se movía para hacer espacio a la incredulidad igual de cara dura que siempre: te empinaste lo que quedaba de la botella mientras yo buscaba un taxi un hotel”, escribe Claudina Domingo.

En palabras de la autora, “el personaje va a la playa pero nunca llega, se pierde antes de llegar. Y elige en el sentido de que se reconoce enamorada de este sujeto pero en el fondo también tiene una relación muy tóxica. Aunque se queda con él, se arrepiente de no irse con los que sí fueron a la playa”.

Por último, Domingo señala que este año descansará de escribir poesía para terminar una novela. “Alterno escribir poesía con narrativa, la narrativa es muy exigente en términos de tiempo. Escribo narrativa directo en la computadora, en cambio con la poesía me he decantado por escribir en cuadernito para no poner palabras de más. Creo que el riesgo en la poesía, de escribir en computadora, es que te jala la capacidad de rapidez y puedes empezar a escribir de más”.

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