El Movimiento 5 Estrellas es el tonto útil de la extrema derecha italiana | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 22 de Junio, 2018

El Movimiento 5 Estrellas es el tonto útil de la extrema derecha italiana

Tragicomedia. El partido más votado en las pasadas elecciones hace honor a su fundador, el cómico Beppe Grillo: sus dirigentes han acabado de bufones de la nueva corte instalada en Roma y bailan al ritmo que les marca el líder de la xenófoba Liga, Matteo Salvini, cuya forma de gobernar recuerda al periodo más negro del país: el fascismo

El Movimiento 5 Estrellas es el tonto útil de la extrema derecha italiana | La Crónica de Hoy

El 8 de septiembre de 2007 se celebró en las plazas de muchas ciudades de Italia el Vaffanculo Day, que traducido de la manera más elegante posible sería algo así como “Día del váyase usted a la chingada”. Su promotor fue el cómico Beppe Grillo y su objetivo no era otro que unir a miles de italianos en una gigantesca mentada de madre colectiva a la “casta de los políticos corruptos”. El circo del Movimiento apolítico y sin ideología bautizado como 5 Estrellas había abierto sus lonas, para que participasen del espectáculo todos aquellos italianos “indignados”.

Una década después, el M5E (también conocido como el partido de los grillini, en honor a su fundador Beppe Grillo) alcanzó la gloria al convertirse en el partido más votado en las pasadas elecciones del 4 de marzo. Fue un triunfo histórico, pero no logró la mayoría absoluta, como era previsible, por lo que el partido antipartido se vio obligado a entrar al baile de partidos para ver con cuál de ellos se aliaba para gobernar.

Pacto con el diablo. Encantado en su papel de “la más deseada del baile”, el joven Luigi di Maio, candidato del Movimiento 5 Estrellas, sólo puso una condición: con todos menos con Silvio Berlusconi.

No era un mero capricho del ganador. Condenado por la justicia, acusado de pedófilo y de relaciones con la mafia, Berlusconi simboliza todo lo que detestan los grillinos. Imposible asociarse con su partido, el conservador y patriotero Forza Italia. De igual manera, el hasta entonces gobernante Partido Demócrata (centroizquierda) tampoco les servía y su líder en la sombra, el exprimer ministro Matteo Renzi, tampoco lo hubiera consentido. Por tanto, la única opción era: o nuevas elecciones o una alianza con el segundo partido más votado: la Liga.

Pero el diablo se esconde en los detalles y el detalle que pasó por alto Di Maio, el hombre destinado a liderar la cuarta economía de Europa, era que el candidato de la Liga, Matteo Salvini, fue a elecciones en coalición con Berlusconi (sin importarle, por tanto, el tema de la corrupción) y con un partido minoritario pero que su mera existencia pone los pelos de punta ya que se declaran abiertamente neofascistas: los Hermanos de Italia. Más preocupante aún: Salvini es abiertamente racista, xenófobo, antieuropeo y admirador de Donald Trump. Y pese a todas estas señales de alarma, el Movimiento 5 Estrellas vendió su alma al diablo, con tal de tomar el poder.

Di Maio, el joven que parecía la versión italiana del presidente francés Emmanuel Macron, el hombre que parecía destinado a convertirse en el líder que necesitaba Italia para rejuvenecer su anquilosada democracia, eligió bailar con Salvini, creyendo ingenuamente que marcaría el paso. Pero resultó lo contrario. El hombre fuerte de Italia no es ni Di Maio, ni el primer ministro Giuseppe Conte, ni desde luego el cómico que puso en marcha el circo 5 Estrellas, sino Salvini, el líder de la Liga, el partido antes llamado Liga Norte, porque buscaba la separación del rico norte de Italia de la “ladrona” Roma y de los “holgazanes del sur del país”.

Y de repente, desapareció. Quizá ahora entendamos mejor por qué Beppe Grillo decidió extrañamente renunciar al liderazgo 5 Estrellas y a ser candidato. Quizá quien puso en marcha este movimiento de indignados fue el primero (y el único de entre sus millones de seguidores) que entendió que una cosa es ser un movimiento de protesta y otra gobernar un país de la complejidad de Italia. Mejor seguir siendo cómico y hacer reír que primer ministro y gobernar sin tener ni idea de cómo se gobierna ni un programa ideológico que no sea lanzar soflamas populistas y demagógicas. La tragedia dentro de esta tragicomedia es que la Liga sí tiene un programa ideológico claro: el de la extrema derecha xenófoba. En consecuencia, Salvini escogió el cargo perfecto para “poner orden” dentro del caos en el que dice que se encuentra el país, por los inmigrantes y los refugiados que llegan en barcos del norte de África: ministro de Interior (equivalente a secretario de Gobernación).

El primer golpe de efecto lo dio la semana pasada cuando prohibió la entrada a puerto italiano del barco Aquarius, con más de 600 inmigrantes a bordo (125 de ellos niños que huyen de la miseria y los conflictos en África y Oriente Medio). Por primera vez, Italia, país fundador de la Unión Europea, violaba las leyes humanitarias de acogida. Salvini desafía así la autoridad de sus “camaradas mayores”, la alemana Merkel y el francés Macron, entre los aplausos de muchos italianos y el vergonzoso silencio de Di Maio y del Movimiento 5 Estrellas, que nació presentándose como humanista. “Italia no volverá a ser nunca más el caño por donde se cuelan los ilegales”, declaró, o como dijo tras vetar un segundo barco, “esa carne humana que recoge en altamar los desgraciados de las ONG”. La prensa, la oposición, las redes sociales y hasta el Vaticano se escandalizaron por su autoritarismo y sus palabras denigrantes, pero Di Maio guardó silencio.

Días después, animado por las encuestas que anunciaban una subida espectacular de su popularidad, Salvini decidió cruzar otra peligrosa línea roja que retrotrajo a muchos europeos a su época reciente más oscura. Tal como hizo Hitler, cuando marcó a los judíos con estrellas amarillas para hacer un censo (que luego usarían para su exterminio), el líder de la Liga anunció la elaboración de una lista de gitanos para expulsarlo del país.

Lejos de temblarle la voz ante el escándalo, Salvini añadió que “desgraciadamente, muchos no podrían ser echados del país, ya que tienen la nacionalidad italiana”. Di Maio, una vez más, se calló y confirmó su papel de tonto útil del nuevo gobierno protofascista italiano, aquel que, como en el inicio de la dictadura del terror de Benito Mussolini, empezó persiguiendo a algunas minorías, mientras el resto callaba, y acabó convirtiendo a Italia en un campo de concentración. Di Maio, de nuevo, guardó silencio. El silencio de los cobardes que no saben que ellos podrían ser los siguientes en ser perseguidos.

fransink@outlook.com

 

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