Vale la pena…

Edgar Valero Berrospe

Cuando el 14 de Octubre del 2015 se hizo oficial la presentación de Juan Carlos Osorio como director técnico de la Selección Nacional, la misión de alcanzar la calificación lucía tan complicada como cada cuatro años, al menos en las últimas tres eliminatorias. Sin embargo, entre los cambios generacionales, y la afortunada confirmación de que el Tri contaba con elementos que estaban pasando por un gran momento, no fue difícil advertir que las cosas serían muy diferentes. En particular en el Hexagonal Final de la Concacaf.

La victoria de México en Columbus acabando con lo que era casi una maldición, se unió y formó la secuencia de muchos eventos que hacía años que no se daban con el Tri. Ganar en Canadá, en El Salvador, Estados Unidos, dominar la eliminatoria hasta quedar en el primer sitio, que no se ganaba desde 1997, cuando Bora era el técnico mexicano.

A pesar de los resultados positivos, Juan Carlos Osorio se convirtió en poco tiempo en uno de los personajes más polémicos del país, cuando sostuvo a sangre y fuego, que su sistema de rotaciones era lo que le daría a México la calificación y que seguiría alcanzando meta tras meta.

A pesar de la derrota brutal de 7-0 ante Chile en la Copa América Centenario, fue respaldado por los directivos de la Federación Mexicana de Futbol quienes lo mantuvieron y respaldaron en cada ocasión que estuvo en duda su continuidad, y al grado —considerando que como persona es muy agradable— que estrechó lazos cierto sector de la prensa deportiva.

Osorio ha sido fuertemente criticado. Hay quien ha pasado incluso de la crítica profesional a la personal ante la complacencia de sus jefes, porque criticar vende, y si es el Tri, vende más. El técnico colombiano se ha equivocado en muchas cosas, tal vez más que en la cancha, en la forma como ha vendido un discurso que cansó a todo el mundo desde el primer momento, cuando hablaba de sectores y siempre de rotaciones.

Pero, porque siempre hay un pero, Osorio, no dejó que le afectara la tensa relación con la prensa, hostil hasta el último momento, cuando la fiesta de los jugadores, e incluso después de la victoria de la semana pasada ante Alemania, cuando en un gesto de nobleza, dijo que el mérito de lo que había pasado era exclusivo de los jugadores. Esto también fue motivo de que volviera a ser criticado, yo diría, sin ninguna base o razón.

Hoy, a las 10 de la mañana, y es probable que usted lea esto después incluso de que haya acabado el partido ante Corea del Sur, México buscaba la posibilidad de avanzar a la segunda ronda antes de lo previsto, que se suponía sería en el último momento en el encuentro ante Suecia. Pero no fue así, los tiempos se adelantaron tras el inesperado triunfo ante los Campeones Mundiales y la alegría, el gozo, toda la pasión desbordada de miles de mexicanos, muchos de ellos como en los viejos tiempos en el Ángel de la Independencia, reencontrándose con su equipo nacional, ha sido producto de un resultado, uno y único. El más improbable.

Hoy el asunto afecta, sobre todo, a los que siendo detractores del Tri, siguen viviendo de él, porque contra todas las críticas, ha quedado de manifiesto que ya no fue un 3 y fuera, pues México, en caso de que hoy no se le diera el resultado, aún tendría la oportunidad ante Suecia.

Han sido tres años muy ríspidos. Hemos vivido contrariados viendo a un equipo que no nos gustaba y que difícilmente sentíamos nuestro. Pero una sola victoria, qué victoria, ha hecho volver los ojos hasta a los más escépticos.

La ruta no ha sido sencilla y aunque Osorio no nos guste a muchos, nadie puede negarle que ha hecho al menos hasta hoy, lo mismo que hicieron otros técnicos hechos en México, pero en sólo un golpe ha recuperado la autoridad y el prestigio que se veía tan maltrecho apenas hace unas semanas.

El dolor de estómago, los constantes berrinches y malhumores de mucha gente simplemente han desaparecido y nos pone hoy, a millones, frente a la televisión, esperando que Osorio “no se equivoque” y que el Tri nos brinde otro gran partido como el de la semana pasada. Tantos malos ratos y tanta polémica, creo que sí ha valido la pena, eso lo vamos a poder comprobar en los 90 minutos de juego del día de hoy en los que todos queremos que gane México, aun con Osorio en el banquillo...

 

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