Espectáculos

El auge del cine de diversidad sexual en México

Especial. Filmes como Carmín tropical, Sueño en otro idioma y Te prometo anarquía se han ganado los aplausos de México y el mundo

El lugar sin límites (1977), de Arturo Ripstein, basada en la novela de José Donoso.

En lo que va del nuevo milenio el cine mexicano de diversidad sexual ha aumentado en su producción más que nunca en la historia. En los últimos años ha sido común ver en las pantallas, cómo se aborda el tema desde distintas posturas gracias a la inclusión de historias y personajes con preferencias sexuales diversas. Desde filmes comerciales como Hazlo como hombre (2017) o Macho (2016), hasta aquellos que buscan un trasfondo cultural o artístico como Estrellas solitarias, de Fernando Urdapilleta o Dólares de arena, de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas, por mencionar algunos.

Para el cine de temática gay éste es un momento histórico importante, sin embargo, aun cuando en México predomina una cultura machista, la presencia de la homosexualidad en el cine mexicano se remonta a décadas atrás. La primera cinta que mostró un personaje fue La casa del ogro (1938), de Fernando de Fuentes, en la que un personaje gay aparecía sin más pretensión que la de ser el simpático de la película.

Desde entonces no hubo ningún otro personaje, al menos fundamental en alguna película, que mostrara su homosexualidad hasta la década de los años 60, cuando Mauricio Garcés interpretó a un hombre que se hacía pasar por homosexual para entrar en la vida de sus clientas y después seducirlas. Modisto de señoras, dirigida por René Cardona Jr., marcó el inicio de una etapa en la que se reprodujo este tipo de personajes estereotipados afeminados con vestimentas estrafalarias, que se prologó por algunas décadas más.

Fue durante los años 70 que llegaron cuatro películas para abordar abiertamente el tema, las dos primeras fueron Los marcados (1971), de Alberto Mariscal; acerca de una banda de asaltantes liderada por El Pardo y El Niño, quienes tenían una relación homosexual incestuosa entre padre e hijo y que llegan a atemorizar un pueblo; la segunda fue La primavera de los escorpiones, una película polémica dirigida por Francisco del Villar, sobre dos amantes homosexuales que se relacionan con una fotógrafa divorciada y su hijito en un lago, uno de ellos se enamora de la viuda y el otro sodomiza a su hijo por celos.

Pero los casos más representativos se dieron a finales de la década, primero con El lugar sin límites (1977), de Arturo Ripstein, basada en la novela de José Donoso; es una de las primeras películas mexicanas en donde el personaje principal es homosexual y que puede considerarse el primer retrato serio del tema en México, porque devela el conflicto interno del hombre que se siente atraído por un afeminado, pero se verá frustrado por la ley de un grupo al que pertenece.

La primera película mexicana que aborda el tema del lesbianismo es Tres mujeres en la hoguera (1979), de Abel Salazar, la cual gira en torno al encuentro de dos antiguas amantes (Maricruz Olivier y Pilar Pellicer).

En los años 80 llegó una serie de películas incluidas nuevas cintas de Arturo Ripstein como El otro (1984) o Mentiras piadosas (1987); Paul Leduc estrenó ¿Cómo ves? (1985); Benjamín Escamilla Espinoza, Casos de alarma 1/SIDA (1986); Enrique Gómez Vadillo, El chico temido de la vecindad (1989), entre otras.

Sin embargo, el cineasta que abordó frecuentemente el tema en sus películas fue Jaime Humberto Hermosillo, quien es considerado como el realizador de la primera película gay mexicana, El cumpleaños del perro (1974); una historia de dos amigos, un campeón y un excampeón de natación que descubren muchas cosas en común entre ellos como anhelar la libertad del matrimonio y la sumisión que sufren provocada por sus parejas.

En 1985 se estrenó Doña Herlinda y su hijo, como la cinta más representativa de la década, acerca de una madre sobreprotectora que sabe que su hijo es gay pero no deja de presentarle mujeres para casarse. Después de esta cinta, Hermosillo se hizo aún más controvertido por el manejo del homoerotismo también en Clandestino destino (1987), Las apariencias engañan (1983) y más tarde, en EXXXorcismos (2002).

En los 90, llegaron a la pantalla grande filmes como El día de las locas (1990), de Eduardo Martínez; Enrique Gómez Vadillo, aportó tres cintas con Macho  (1990), Muerte en la playa (1990) y Amsterdam boulevard (1991); por su parte María Novaro también tuvo su aporte con personajes secundarios en Danzón (1991); y otros como Christian González, con Imperio de los malditos (1992); Gabriel Retes, con Bienvenido-Welcome (1993) y Victor Saca, con En el paraíso no existe el dolor (1993).

Estas cintas precedieron la llegada de El callejón de los milagros (1994), de Jorge Fons, en la que hay tres historias entrecruzadas, una de ellas es la de don Rutilio (Ernesto Gómez Cruz) el típico machista mexicano que ya cerca de la tercera edad descubre que es gay, así que corteja a un empleado de una tienda de ropa.

Otros filmes que destacaron en los años 90 fueron Dulces compañías, (1994), de Oscar Blancarte; Cilantro y perejil (1995), de Rafael Montero; En las manos de Dios (1997), de Zalman King; El evangelio de las maravillas (1997), de Ripstein; Crónica de un desayuno, (1999), de Benjamín Cann y Leopoldo Laborde estrenó Sin destino (1999).

En el nuevo milenio las producciones, como Y tu mamá también (2001), de Alfonso Cuarón, hablaron del tema de trasfondo con la icónica escena del beso entre Gael García y Diego Luna, pero fue el cineasta Julián Hernández quien se convirtió en el máximo exponente de las películas de diversidad sexual.

Películas como El cielo dividido (2006), sobre una historia de amor entre dos chicos universitarios, se convirtió en una cinta de orgullo homosexual que se sumó a Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor, lanzada en el 2003 y luego Rabioso sol, rabioso cielo, en 2009.

Los personajes comenzaron a tener más fuerza y naturalidad, así llegaron películas con mensajes cada vez más positivos como la mencionada ExxxorcismosNesio (2008), de Alan Coton o Quemar las naves (2007), de Francisco Franco Alba.

Uno de los casos más polémicos fue el de La otra familia, de Gustavo Loza, que abrió el debate sobre la adopción de niños para parejas del mismo sexo; también tuvieron gran recibimiento otras como Todo el mundo tiene a alguien menos yo, de Raúl Fuentes; el documental Quebranto (2013) de Roberto Fiesco —quien también tiene un aporte importante a través de cortometrajes—; Peyote (2013) de Omar Flores Sarabia; y No sé si cortarme las venas o dejármelas largas (2013), de Manolo Caro.

La lista de películas se corona con algunas de las producciones más destacadas del cine mexicano en los últimos tiempos: Carmín tropical (2014), de Rigoberto Perezcano; Cuatro lunas (2014), de Sergio Tovar Velarde; Te prometo anarquía (2015), de Julio Hernández Cordón; el documental Etiqueta no rigurosa (2017), de Cristina Herrera; y más recientemente, Sueño en otro idioma (2017), de Ernesto Contreras, que conquistó los Premios Ariel.

Imprimir