Ciudad

Se funden familias, aficionados del Tri y el orgullo gay

La victoria de la Selección Mexicana, como sucedió hace una semana, motivó a los aficionados a ir al Ángel de la independencia para celebrarla, el mismo punto del que partiría la marcha LGBTTTI.

Una mujer lleva en brazos a un niño de un año y de la mano a otro un poco más grande, quizá de cinco, a ambos los lleva con pants gris y una playera blanca. Los tres esperan en la salida del Metro Bellas Artes y piden indicaciones para llegar al punto exacto del que saldrá la marcha.

Mientras ella camina sobre avenida Juárez, se puede apreciar que muchas familias se dirigen al mismo punto.

Algunos para cubrirse del sol caminan por la Alameda y dejan que sus hijos corran y brinquen por el pasto, emocionándose cuando les regalan una corona de Burger King que promueve los derechos de la comunidad LGBTTTI.

Una vez que se llega a Reforma —específicamente a la altura del antimonumento a los 43— banderas, collares, pulseras, playeras y todo lo relacionado con los colores de la comunidad LGBTTTI empieza a notarse más, pero ahora se unen los que portan las playeras del Tri.

Caminando sobre la concurrida avenida, aquellos que decidieron caracterizarse de algún personaje o que diseñaron su propio atuendo, son detenidos continuamente para tomarse fotos con los espectadores.

Los niños en general, en cuanto han visto que todos portan algo de colores, han pedido a sus padres que les compren algo similar, por lo que empiezan a sostener banderas, se colocan collares, pelucas e incluso repiten la última palabra de las porras.

Algunos, se meten entre los participantes de la marcha junto con sus hijos para que éstos participen; lo que más les emociona es cuando de los coches patrocinadores avientan papas, agua, stickers, pines decorativos y demás objetos.

Como cada vehículo lleva música, los niños bailan por momentos y gritan cada vez que avientan polvos de colores.

Entre los puestos de comida, la gente que vende cervezas o cigarros de colores, los que regalan condones y banderas ondeando, las familias caminan como parte de la comunidad.

Aquellos que van con niños en brazos difícilmente se acercan a los carros o se colocan en medio de todos los que van desfilando, pero sí avanzan en las orillas y observan con detenimiento y optan por ponerles a los menores collares de flores o les pintan la bandera LGBTTTI en la mejilla y las carriolas son adornadas con pequeñas banderas que venden los ambulantes por 50 pesos.

Aquellos que no llevan a sus hijos, de igual forma se detienen y observan, en menos de cinco minutos ya están cantando y contagiados de la emoción de los participantes; ellos también compran pulseras y gorras para entrar en ambiente.

Es frente a Bellas Artes donde hay más espectadores y a la vez, el lugar donde mejor se les recibe. Desde las vallas saludan a los que van arriba de los carros alegóricos que patrocinaron partidos políticos o empresas, y gritan eufóricos.

En algún momento todo se queda en silencio y los integrantes de la comunidad LGBTTTI deciden lanzar una porra; cuando de nuevo todos vuelven a callarse, la voz de un niño es la que se levanta y pide entonar de nuevo una porra.

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