Chile, ¿el modelo a seguir? - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 23 de Junio, 2018
Chile, ¿el modelo a seguir? | La Crónica de Hoy

Chile, ¿el modelo a seguir?

Manuel Gómez Granados

Desde enero de este año hemos recibido muchas sorpresas desde Chile. Primero, la enfática defensa que hizo el papa Francisco de Juan Barros, el ahora exobispo de Osorno; luego, el viaje atropellado del arzobispo de Boston, Sean O’Malley, para hablar con el papa Francisco y el viraje de 180 grados que el pontífice dio a su posición sobre lo que había ocurrido en el entorno de Fernando Karadima, el mentor de Barros y al menos otros tres obispos chilenos.

Como lo hemos venido comentando en este espacio, el papa Francisco rompió todos los moldes del papado moderno: públicamente aceptó no sólo los errores de sus antecesores, sino los suyos propios y empezó el proceso de curación que se despliega ante nuestros ojos. El más reciente capítulo ha implicado crear una comisión encargada de recibir las quejas sobre casos de abuso en la Iglesia de Chile. Uno de los méritos de la comisión es que está integrada por dos sacerdotes: uno jesuita, otro salesiano, una religiosa, y otras dos laicas especialistas en temas de psicología.

No ha sido declarado de esa manera por nadie, pero dadas las semejanzas entre las historias de abuso en tantos países de nuestra región, basta ver el escándalo que recién golpeó a la Iglesia en Ecuador, sería posible que este modelo de comisión para recibir y procesar quejas en Chile, pudiera convertirse en el modelo que sigan las conferencias de obispos y las nunciaturas de otros países de América Latina.

Ello es urgente porque, a diferencia de lo que hizo la conferencia de obispos de EU (la USCCB, por sus siglas en inglés) ya desde el 2001, en América Latina no se han comisionado estudios que expliquen porqué ocurrieron los abusos; tampoco ha habido claridad respecto de cuáles son los protocolos para evitar nuevos casos de abuso; menos los hay para procesar las acusaciones y tampoco los hay para decidir si se informa o no a las autoridades civiles.

Baste señalar, sobre los protocolos, que este miércoles muchos desayunamos con la sorpresiva acusación contra el arzobispo emérito de Washington, DC, y cardenal Theodore McCarrick, de que—cuando era un joven sacerdote—habría abusado sexualmente de un menor. A pesar del rango de cardenal y de tener 87 años, McCarrick fue suspendido del ejercicio de su ministerio mientras se esclarecen los hechos ocurridos hace ya 50 años.

En cuanto a si los obispos de cada país deben o no informar de los abusos, la Iglesia enfrenta ya desde este jueves uno de sus más formidables retos: el gobierno del estado de Australia del sur, una de las ocho entidades en que está organizada Australia, aprobó una ley que obliga a los sacerdotes a violar incluso el secreto de confesión para dar cuenta de los casos de abuso. Es un reto al ejercicio de la libertad religiosa que molestará a más de uno, pero que ha sido consecuencia de la manera omisa en que muchas conferencias de obispos han actuado en este tema.

En muchas ocasiones lo que las víctimas y los familiares de las víctimas esperan de la Iglesia no es dinero, ni ninguna otra cosa que la disposición a reconocer los errores que hicieron posibles los abusos. Eso es algo que el papa Francisco ha entendido, pero que muchos obispos parecen no entender. Ojalá lo hagan pronto, lo que ha ocurrido en los últimos meses en Australia, Chile, Ecuador y otros países, habla de un cambio de época que, si no se calibra bien, podría acabar con la confianza que muchos tienen aún en la Iglesia.

manuelggranados@gmail.com

 

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