Cultura

La vida del México posrevolucionario a través del lente de los Casasola

Publican el libro Colección Casasola, que recoge 31 imágenes que registraron los hermanos a inicios del siglo XX. Se compone de fotos de oficios, enseñanza, mujeres y de deportes, entre otras

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El ajetreo de la Ciudad de México con personas cruzando calles entre automóviles y trenes, un módulo móvil para aplicar vacunas, un concierto de piano dirigido por el compositor Julián Carrillo en el actual museo de San Ildefonso y mujeres jugando básquetbol, son algunas de las 31 imágenes que registraron los hermanos Casasola a principios del siglo XX sobre la vida cotidiana del México posrevolucionario, las cuales fueron seleccionadas para crear el reciente libro Colección Casasola.

Estas fotografías en blanco y negro que recuperaron Daniel Escorza Rodríguez, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y Pablo Ortiz Monasterio, editor de la colección Círculo de arte de la Dirección General de Publicaciones (DGP) de la Secretaría de Cultura federal, muestran una faceta poco mencionada de Agustín y Miguel Casasola.

“Generalmente se asocia el apellido Casasola a imágenes de la Revolución Mexicana, a imágenes de las Adelitas, de revolucionarios y de trenes. Hay un imaginario de ese Casasola; sin embargo, no es todo lo que existe en el archivo de estos hermanos, por ello, en el libro decidimos mostrar algunas otras cosas que había en la ciudad: los diferentes oficios, deportes, mecenas y la vida cotidiana de las calles”, comenta Escorza Rodríguez.

Los hermanos fotógrafos fueron dos: Miguel y Agustín, pero éste último tuvo dos hijos que se unieron al negocio familiar: Ismael y Gustavo, con ellos crearon un acervo de 350 mil piezas que desde 1976 resguarda la Fototeca Nacional del INAH, en Pachuca.

“Es muy difícil saber quién tomó las fotos que elegimos porque en muchas ocasiones no hay firma en los negativos. Entonces el debate está en si son de Agustín o de su hermano Miguel, pero ya en los años XX se agregaron los hijos mayores de Agustín: Gustavo e Ismael Casasola. En los años de 1910 a 1930 las autorías de las imágenes se diluyen”, precisa el investigador.

La mayoría de las fotografías del libro Colección Casasola tienen un formato de negativo 5x7 pulgadas de nitrocelulosa y otras son negativos sobre vidrio (placa seca). Las imágenes, explica  Escorza Rodríguez, fueron tomadas directamente de ambos tipos de negativos digitalizados.

—¿Cómo obtuvieron los hermanos Casasola estas tomas de la ciudad?

—Tanto Agustín como Miguel estuvieron dentro del régimen de lo que hoy conocemos como fotoperiodismo, muchas de las imágenes se destinaron a la prensa diaria. Agustín trabajó un tiempo en el periódico El Imparcial y entonces fotografió lo que solicitaban los medios. Después trabajó en el semanario  e hizo su propia agencia, la Agencia de Información Fotográfica, en donde acopió imágenes hasta tener su propio estudio de tipo popular.

MUJERES, AUTOMÓVILES Y DEPORTES. Las fotografías que se reúnen en el libro editado por la DGP y que se distribuye a través de las librerías Educal, se dividen en oficios urbanos, entretenimiento del siglo XX, enseñanza del arte, inclusión de las mujeres y práctica de deportes.

Por ejemplo, en las primeras fotografías se evidencia el crecimiento industrial con la introducción de coches motorizados y aún el funcionamiento de los trenes, que años después serían desplazados por los automóviles.

“En el siglo XX llegó la máquina de combustión interna, o bien, el motor de gasolina, eso revolucionó todas las actividades de la calle. En algunas fotos de Casasola vemos el tranvía eléctrico y los automóviles, eso es parte de una modernidad que ya se iniciaba en aquel siglo”, indica Escorza Rodríguez.

Las fotografías sobre oficios y enseñanza del arte, aparecen maestros y sesiones de la Escuela de Pintura al Aire Libre y de la Escuela Libre de Escultura y Talla Directa. En una imagen aparece en primer plano un changuito posando sobre una especie de pedestal y en segundo plano aparecen varios artistas con cinceles y martillos cortando alguna especie de piedra para crear una reproducción del chango.

“Esa foto era parte de la llamada escuela de pintura y escultura al aire libre. Desde principios de los años 20 tuvieron auge las artes, en este caso, la escultura. Los alumnos tomaban como modelos a personas y animales vivos. En la fotografía vemos en primer término a un señor de traje que podría ser el profesor y al resto usando overol y batas de trabajo, pero todos tienen la mirada en el changuito”, describe Escorza Rodríguez.

—¿Por qué decidió incluir fotografías de mujeres?

—A veces se piensa que la participación de la mujer es reciente pero no, vemos en estas fotografías a una niña tocando el piano en un salón de San Ildefonso, acompañada de una orquesta y del director Julián Carrillo; a un grupo de mujeres protestando contra la educación sexual y a mujeres deportistas como una clavadista y las que aparecen jugando básquetbol.

“Es decir, ya hay un intento por registrar no sólo las actividades del hombre, sino de todos, de niños y mujeres”.

Otra fotografía que destaca el investigador es la imagen de un maestro enseñando matemáticas en una correccional.

“Lo interesante es que hay alumnos descalzos y alumnos con zapatos, hoy nos parece algo muy fuera de lugar, pero en aquel entonces una gran parte de los habitantes estaban descalzos. Es un momento educativo, se ve al maestro y a todos viendo hacia el pizarrón, pero es importante ver que el fotógrafo se puso de frente porque es una foto que pareciera pasada”.

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