Paré su linchamiento y ahora me arrepiento: madre de Fátima | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 26 de Junio, 2018

Paré su linchamiento y ahora me arrepiento: madre de Fátima

Su hija de 12 años fue víctima de violación y tortura; los responsables fueron identificados y los vecinos los querían matar. “La policía nos dijo que los quería vivos porque iba a haber justicia”, pero algo falló y no la hubo

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[ Primera Parte ]

¡Te vas a arrepentir de dejarlos vivos, Lore!, fue lo que le dijeron los vecinos a los padres de Fátima Quintana después de que evitaron el linchamiento de los bestiales asesinos de su hija. A tres años de la pérdida, Lorena se lamenta, el autor intelectual del feminicidio de Faty se encuentra libre.

Han perdido mucho desde entonces, por amenazas de muerte han sufrido dos desplazamientos forzados en los que la vasta familia ha visto emigrar a sus 12 miembros al otro lado del país.

El ataque a Fátima y su muerte ocurrieron, se cree, en menos de una hora. Aquella tarde, los padres de la niña preparaban la comida y esperaban a su hija.

La niña de 12 años solía llegar a casa a las 2:30 de la tarde. Para cuando ellos se dieron cuenta de su tardanza, eran 3:40 pm. Un mal presentimiento los hizo salir en su búsqueda.

Dieron aviso a los vecinos. Sonaron las campanas de la comunidad La Lupita Casas Viejas, un pequeño poblado al borde de la carretera Naucalpan-Toluca.

Desde una casa, en el camino que era paso obligado de Fátima para regresar a su hogar, los hermanos Misael Atayde Reyes, Luis Ángel Atayde Reyes y El Pelón (de quien no se puede dar el nombre a causa de que es parte de un juicio) ya se resguardaban.

La madre de Fátima halló en un declive, a un costado de la casa de los hermanos Atayde Reyes, un cuchillo y la sudadera ensangrentada de su hija.

Vio como El Pelón salió escapando, seguido por Misael Atayde, con quien se encontró de frente, llevaba en sus manos la mochila de Fátima. Intentó atraparlo pero no lo consiguió. Huyeron hacía el bosque cercano a la comunidad.

El único que no pudo escapar fue Luis Ángel.

–¡No dejes que se salga! –gritó Lorena a su hijo Omar, cuando escuchó que los vecinos la llamaban: había más rastros de sangre en una zanja.

Al llegar al lugar, a pesar que los vecinos le pidieron a Lorena que no bajara a la zanja, por temor a que se lastimara, Lorena se adentró. Fue entonces cuando encontró una gran mancha de sangre coagulada, cerca de uno de los tenis de la niña. En la zanja, junto a un árbol alcanzó a ver un pie. “Pensé que se lo habían cortado”, recuerda.

También había una llanta, más tarde Lorena se enteraría que habían semienterrado a Fátima y que la llanta estaba sobre su estómago.

Lorena pudo ver a su esposo, quien desde arriba también alcanzaba a ver parte del cuerpo de su niña.

Omar, ya en el lugar, le preguntó a Lorena cómo estaba su hermana.

—¡Está muerta Omar!

El joven salió corriendo, los policías federales que habían llegado a la comunidad lo agarraron y lo metieron en una patrulla porque gritaba que iba a matar a los hermanos Atayde Reyes.

Como Lorena no pudo llegar hasta el cuerpo de Fátima y salió de la zanja. Momentos después, los policías fueron a su encuentro, le rogaron que fuera hasta la casa de los hermanos, donde ya también tenían a Misael. Los vecinos decían que los iban a matar, estaban a punto de lincharlos.

El Pelón fue después atrapado y también entregado.

 “Nos dijeron que por favor los entregáramos vivos, porque iba a haber justicia”, relata Lorena.

Al llegar a la casa, Lorena y su esposo les gritaron a los vecinos que los querían vivos porque la muerte no era suficiente castigo para pagar por lo que hicieron.

—¡Te vas a arrepentir Lorena! ¡Déjanos matarlos! ¡Déjanos quemarlos!

“Yo y mi esposo se los quitamos y los entregamos”, Lorena señala que se arrepiente de esa decisión. Expresa que con gusto estaría en la cárcel que tener que saber que el peor de los tres se encuentra en libertad.

Los policías avisaron a los padres de Fátima que requerían una cuerda y una sábana para hacer el levantamiento del cuerpo. “Ni eso traían”, dice con coraje la madre de Faty.

Lorena Gutiérrez le pidió a sus hijos ir a reconocer a su hermana. Ella no tenía la fuerza de ver muerta a su niña.

Tiempo después, cuando el forense expuso su reporte, le dijo a Lorena que su hija había sido una guerrera, que ante el terrible dolor y sufrimiento que atravesó, resistió y luchó hasta donde le alcanzaron las fuerzas.

Fátima, la niña de 12 años que esa mañana se despidió por última vez de sus padres, fue víctima de violación y tortura tumultuarias. Fue sometida con 90 heridas con arma blanca.

Sus agresores le sacaron un ojo y le tiraron todos los dientes. Le abrieron el pecho 30 cm. Le dislocaron un hombro. Le fracturan las muñecas y los tobillos. La violaron sin misericordia.

Como Fátima aún no perdía la vida, los agresores le arrojaron 3 piedras en la cabeza. Una de 36 kilos y dos de 32. Fue hasta entonces que Fátima murió.

Todo ese sufrimiento pudo durar algo menos de una hora.

Una investigación que careció de perspectiva de género, de los análisis científicos necesarios y la colusión de autoridades se convirtió en el siguiente infierno de la familia Quintana Gutiérrez.

Feminicidio

-Ineptitud

Los responsables del feminicidio fueron aprehendidos y procesados, pero por incapacidad de las autoridades en el desahogo de pruebas, uno ya está en libertad, pese a que decenas de pobladores reconocieron a los victimarios de Fátima.

-Viacrucis

A tres años del crimen la comunidad La Lupita, Casas Viejas, Estado de México, la familia de Fátima ha recibido amenazas por lo que se ha mudado dos veces de domicilio.

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