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Meade cierra en Toluca y presume músculo priista

Se acerca la hora de la verdad y estamos listos para la victoria; que nadie se sorprenda el 1 de julio, dice ante militantes, gobernadores y dirigentes del PRI

José Antonio Meade y su esposa, Juana Cuevas, en la Plaza de los Mártires de la ciudad de Toluca.

Las miradas del  abanderado de la alianza Todos Por México, José Antonio Meade y el gobernador del Estado de México, Alfredo Del Mazo, se cruzaron mientras un halo de incógnita los envolvía  ante la interrogante que significan los comicios del próximo domingo 1 de julio.

Un cierre de campaña de Meade pintado de rojo  pero también lleno de simbolismos, arengas y mensajes, en este día de San Juan donde la imponente Catedral de San José de Toluca fungió como  mudo testigo de esa esperanza que no muere en busca de la llegada de un milagro.

“Hace un año el reto era más grande y pudimos con él...”, arengaba  César Camacho Quiroz, arriba del templete en alusión a los comicios del Estado de México donde el PRI alcanzó a retener la gubernatura  contra Morena por escaso margen y contra todos los pronósticos.

“Fuerte y con todo”, retumbó el eslogan que utilizó Del Mazo en esa campaña en un intento por inyectar ánimos a la marea roja que se dio cita en la Plaza de los  Mártires, pletórica de camisas y chalecos rojos.

Abajo, como impulsados por un resorte la primera fila de invitados especiales encabezados por Del Mazo levantó puño derecho en alto y al unísono corearon la arenga.

El cielo se llenó de confeti tricolor  mientras la batucada estallaba. Del Mazo palmeaba a Meade, un Meade que dibujaba una sonrisa, ante la maquinaria tricolor que pasaba lista a los ojos de sus generales y la  mirada atenta de su esposa, Juana Cuevas, su padre, Dionisio Meade, el dirigente nacional del PRI, René Juárez Cisneros y gobernadores del tricolor.

Un Meade que portaba su chaleco rojo en plena comunión con el priismo, ese priismo al que abrazó en las últimas semanas de su campaña en un intento por catapultarse a partir de esa maquinaria que es capaz de remontar desventajas como lo demostró en el Estado de México.

“Se acerca la  hora de la verdad. Estamos listos y resueltos  a avanzar. Somos millones y el próximo daremos la batalla de nuestras vidas; vamos juntos a la victoria”, arengó Meade.

Una y otra vez, Meade recorrió la pasarela que se colocó en medio de la plaza principal de Toluca, en el Estado de México,  donde observaba  satisfecho el músculo del PRI mexiquense, el  bastión más importante del PRI a nivel nacional.

NO A LA DIVISIÓN NI OCURRENCIAS. Fue ahí, arropado por la estructura más importante del tricolor, donde Meade  llamó a los priistas y simpatizantes de su proyecto a “dar la batalla de sus vidas”  pues nuestro país  no merece la división ni las ocurrencias.

“No a la división, no a la ocurrencia, no a la falta de experiencia, México merece un futuro con certidumbre, inclusión y empleo”, aseveró en clara alusión a Andrés Manuel López Obrador.

Acompañado de los gobernadores del tricolor, Meade  se declaró listo para abanderar el cambio que requiere México con rumbo y certidumbre para lo cual pidió a los mexicanos el voto reflexivo y de  convicción rumbo a los comicios  presidenciales del próximo domingo.

“El futuro de México estará mejor en nuestras manos”, aseveró.

Meade llamó al diálogo, la armonía y la unidad  y pidió que nadie se llame a la sorpresa de su triunfo este domingo 1 de julio.

“Que nadie se sorprenda el 1 de julio, porque vamos a ganar”, arengó.

“¡Vamos a ganar, vamos a ganar”!, explotó el monstruo rojo, puño en alto. La sonrisa de Meade afloró de nueva cuanta acaso  despertando esa esperanza  que hace unos meses se presentaba lánguida y con una tímida presencia.

A lo largo de la plancha de la Plaza de los Mártires se observaba a los líderes seccionales, activistas y priistas “de a pie” que disfrutaban del espectáculo que brindó Pedro Fernández, al interpretar sus canciones desde muy temprano para entretener a los asistentes al cierre.

Arriba en el templete Meade fustigaba a quienes hacen campaña con soberbia y displicencia, y sobre todo, a quienes se confían de las encuestas.

“Que nos cuenten bien, que no se sorprendan cuando el voto nos favorezca el próximo domingo”, aseguró

La imponente Catedral de Toluca, como mudo testigo de un evento priista que cumplió el cometido de mostrar músculo para su candidato presidencial camino a las elecciones del 1 de julio.

Y justo en la fachada principal de esta Catedral, donde confluyen miles de feligreses católicos  para solicitar a sus santos algún  milagro,  el enorme reloj que  marcaba inexorable la hora y la cuenta regresiva para los comicios del próximo domingo.

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