Las elecciones, la manera como pensamos y la curiosa invitación de Enrique Krauze

Gerardo Herrera Corral

“Las personas no siguen los principios de la teoría de probabilidades cuando juzgan la posibilidad de eventos desconocidos”, dice Daniel Kahneman y Amos Nathan.

Estos psicólogos cognitivos inventaron un campo de investigación al que se ha dado en llamar Economía Conductual. Daniel Kahneman recibió el Premio Nobel de Economía en 2002 por llevar la psicología y su matemática a las ciencias económicas. Con este trabajo puso de relieve la racionalidad y la ausencia de racionalidad en el comportamiento de agentes económicos develando la manera como los seres humanos tomamos decisiones en circunstancias de incertidumbre.

Las reglas que seguimos al tomar una resolución se han construido a lo largo de milenios y estos no son aquellos que resultan ser lógicos ni vigentes en el mundo moderno sino los que pueden darnos ventajas para sobrevivir.

Uno de los hechos conocidos es que los seres humanos reaccionamos más intensamente ante la amenaza de pérdida que ante las posibilidades de ganancia. Esta es una observación del comportamiento humano tan simple que los asesores de campaña de los candidatos a la Presidencia recurren a él para formular sus estrategias de comunicación. Enfocan sus recursos económicos y los esfuerzos creativos en inducir temor por la supuesta inminencia de pérdida que representa la opción que no les favorece.

Kahneman y  Nathan encontraron que las personas reaccionan con fuerza ante el peligro y con menos exaltación ante el placer. Por eso es que en las campañas políticas aparece la palabra “peligro”.

Los seres humanos son capaces de reconocer patrones y relaciones con una sola mirada. Tendemos a ver las coincidencias entre eventos como muy importantes y estas actitudes nos ofrecen ventajas en los bosques y las selvas del mundo. Nos aportan mejores posibilidades de sobrevivir en las sabanas y las llanuras. Seguramente esto aún es válido si nos encontramos en esos ambientes.

Sin embargo, para la vida en sociedad, donde las circunstancias son diferentes a las naturales, quizá no conviene pensar de la misma forma. Los procesos evolutivos no consideraron que un día viviríamos en ciudades y tendríamos elecciones democráticas.

Afortunadamente hoy tenemos la teoría de probabilidades. Con su ayuda nos podemos hacer una mejor idea de los retos nuevos que representa la vida en sociedad y aunque muchos de los conceptos de la teoría son contra intuitivos, sí podemos aprender rápidamente algunas líneas generales de razonamiento que mejoren nuestra capacidad crítica ante la tormenta de información.

Al momento de elegir a nuestros gobernantes en los próximos días no estaría mal hacer el intento por despojarnos de los temores ancestrales recuperando el significado esencial de lo que es la democracia: una celebración de la estadística matemática que se ejerce sin miedo.

La recomendación de “dividir el voto” que impulsa con ahínco Enrique Krauze, —el historiador preocupado por lo que puede perder—, olvida el verdadero significado de la participación social. Tenemos un modelo en el que la gente expresa sus preferencias y esto pierde sentido cuando se tergiversa introduciendo sesgos groseros que se basan en el miedo. Su invitación desesperada es la reacción primitiva y temerosa que desplazó, en sus reflexiones angustiadas, a la lógica más formal y civilizada.

Enrique Krauze se dedicó toda la vida, —que por cierto coincide con la del régimen Panpriista— a ofrecernos la historia como un triunfo de la percepción desfigurada. Ahora quiere deformar la democracia que es el triunfo de la estadística matemática.

* Investigador del Cinvestav

gherrera@fis.cinvestav.mx

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