Se legaliza la discriminación - Concepción Badillo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 26 de Junio, 2018
Se legaliza la discriminación | La Crónica de Hoy

Se legaliza la discriminación

Concepción Badillo

En una de las victorias más grandes de su mandato, la Suprema  Corte de Justicia, la máxima autoridad aquí, le concedió permiso absoluto al presidente Donald Trump para que prosiga con su política de prohibir la entrada a Estados Unidos a ciudadanos de seis países musulmanes. En su decisión los magistrados argumentan que el mandatario tiene toda la autoridad para velar como mejor le parezca por la seguridad de sus gobernados.

Así, quedan sin poder viajar a Estados Unidos personas de Siria, Libia, Irán, Yemen y Somalia. Además de Corea del Norte y algunos funcionarios de Venezuela. Chad fue removido de la lista, pero se cree que se agregará otro más. Todo en nombre de, supuestamente, evitar el ­terrorismo.

Y es que el mandatario, sin fundamento alguno, ha —desde su campaña— ligado el terrorismo con inmigrantes y refugiados. Lo que al parecer ignora o no quiere ver el presidente, es que todo ataque terrorista que ha tenido lugar en suelo estadunidense en los últimos quince años, ha sido realizado por ciudadanos de aquí.

Ése fue el caso de Ahmad Khan Rahmani, de 28 años quien detonó una bomba en Manhattan. Nacido en Afganistán, vino de niño y hace más de una década se le concedió la ciudadanía. Situación similar la de los hermanos Tsarnaev, autores de las bombas en el maratón de Boston, o Nidal Hasan, el soldado del ejército que mató a 13 en la base militar de Fort Hood, Texas. Ellos, igual que la pareja que en diciembre de 2015 dio muerte a 14 en una fiesta de Navidad en San Bernardino, California, eran de aquí.

Otro estadunidense, Omar Mateen, nacido y educado en Nueva York, de padres afganos, fue quien abrió fuego en un centro nocturno gay de Florida  dando muerte a 49 e hiriendo a 53 más, en el peor tiroteo masivo en la historia de esta nación.

Tan sólo en los últimos 36 meses ha habido alrededor de 600 casos de terroristas locales investigados por el FBI. Jóvenes resentidos, de menos de 30 años, que están siendo adoctrinados e instruidos a través de computadoras o de sus celulares y que no tienen que viajar para ser entrenados por grupos radicales que los inspiran a cometer actos violentos. A diferencia de lo que Trump dice, el terrorista local no viene de lejos. No son inmigrantes ni refugiados y mucho menos turistas.

Es cierto que los terroristas que atacaron Washington y Nueva York en 2001 fueron 19 árabes nacidos en el extranjero, pero el resto,  todos han sido de aquí, gente que en muchos casos se siente maltratada por esta sociedad. Puede ser un vecino o cualquier residente de los suburbios de clase media. Lucen exactamente como el resto de los ciudadanos, se mezclan fácilmente y pasan desapercibidos en sus comunidades antes de actuar.

Al igual que los mexicanos, los musulmanes han sido el punto favorito de ataques de Trump y uno que mucho éxito le ha dado con los millones de personas de raza blanca derechistas que apasionadamente lo siguen.

En Estados Unidos viven 3.3 millones de musulmanes, lo que hace a esta religión la tercera más importante aquí, luego del cristianismo y del judaísmo. Contrario a lo que se cree, no todos son árabes, es una población diversa, integrada por afroamericanos y gente que inmigró del sur de Asia.

Los musulmanes son una comunidad educada, donde el 40 por ciento cuenta con título universitario, en contraste con el 29 por ciento del resto. Constituyen sólo un uno por ciento de la población, pero a su comunidad pertenece el diez por ciento de todos los médicos del país. Entre los musulmanes más distinguidos hay figuras como el fallecido boxeador Muhammad Ali, el arquitecto creador de rascacielos, Fazlur Khan, y el cirujano cardiólogo famoso en televisión, Mehmet Dr. Oz.

Sin embargo a los musulmanes se les ve con sospechas y el sentimiento en su contra se ha intensificado con los recientes ataques en Europa. Trump ha explotado y sacado provecho de eso, inspirando miedo y fobia hacia ellos, cuando carece de toda decencia o moral para atacar a grupo alguno.

 En su gran mayoría los musulmanes estadunidenses son personas de bien, aman y se identifican con el país. Es triste e injusto que Trump y la Suprema Corte, secundados por la mayoría republicana del Congreso, los tres poderes de un país —hasta hace poco bastión de libertad y democracia—, se basen en un puñado de locos y resentidos para culpar y discriminar a toda una religión, raza o grupo social.

 

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