Ni la plutocracia ni las élites iluminadas son el camino - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 30 de Junio, 2018
Ni la plutocracia ni las élites iluminadas son el camino | La Crónica de Hoy

Ni la plutocracia ni las élites iluminadas son el camino

Carlos Matute González

En la intervención radiofónica en Fórmula del 6 de junio pasado, el contador y abogado Jesús Patiño Soto hizo una defensa de la plutocracia en los términos siguientes: “En este problema de la votación recordemos que hay una diversidad de votantes, el voto de Slim vale igual que el del más humilde de cualquier pueblito de la República Mexicana, entonces ése es un gran problema...”. En ese tenor, continúa su participación con una cita de Chávez y el argumento de que la pobreza es el apoyo de los malos gobernantes. Ni la plutocracia, ni élites iluminadas son el camino.

Hoy estamos en una pausa para reflexionar sobre las propuestas y trayectorias de los candidatos a los numerosos cargos de elección popular. El miércoles pasado se hicieron los cierres de campaña, de cara a la nación y arropados por sus simpatizantes, los contendientes mandaron su mensaje final. Mañana por la noche sabremos el resultado preliminar de las elecciones y quiénes dirigirán el destino de nuestro país en los próximos tres y seis años.

Lo único cierto es que todos los ciudadanos mexicanos tenemos derecho a acudir a las urnas y con nuestro voto elegir al Presidente, al Jefe de gobierno y a los gobernadores, los senadores, los diputados, así como alcaldes, presidentes municipales, consejos y cabildos. ¿Cuántos ejercerán ese derecho? La expectativa es que el abstencionismo sea menor en comparación con elecciones anteriores, y los preparativos para que esta jornada ciudadana sea un éxito se han concluido. Se respira ánimo de acudir a las urnas y es previsible que haya largas filas para emitir el voto. Si esto último sucede, los mexicanos podemos sentirnos orgullosos de que en pocos años hemos construido un sistema electoral cuyos resultados sean creíbles y sean fuente de legitimidad del poder democrático.

En ese momento, los ciudadanos demostrarán a los defensores de la plutocracia que la esencia de la convivencia pacífica es que todos somos iguales frente al Estado. El voto de Slim y el más humilde de los ciudadanos mexicanos, AFORTUNADAMENTE, valen lo mismo. La democracia no es la fuente de malos gobiernos, ni los índices de pobreza en nuestro país son la causa de los malos gobernantes.

Es más factible un mal gobierno cuando una élite decide el futuro de todos, que cuando todos nos organizamos y decidimos que las elecciones igualitarias son la mejor forma de integrar los gobiernos y la representación popular.

Periódicamente, la voluntad del “pueblo” se descentraliza al extremo y cada ciudadano, cada individuo con derecho a votar, representa al colectivo y expresa su deseo en forma de voto. El sentido del mismo no es mejor, ni peor; las motivaciones para emitirlo son igualmente válidas. Es digno de respeto y consideración quien vota pensando en proteger su riqueza y el producto de su trabajo, como aquel que lo hace imaginándose el México que quiere para él y para sus hijos. En una democracia, vale lo mismo el voto del sabio y del ignorante, del comprometido con una causa social o política que el de aquel cuya pasión es el futbol, un cantante o llevar una vida loca.

En ese sentido, preocupa quien pregone que los intelectuales, la gente decente o los políticos son los únicos que conocen el camino correcto de una nación. Asusta que haya quien asuma para sí la voz del pueblo, de la sociedad civil o de los buenos.

Estos días son para decantar lo que hemos visto y escuchado y, con base en nuestras vivencias, deseos e ideales, en la secrecía de la urna, emitir el voto en forma libre e incondicionada. Mucho se ha luchado para que este momento se garantice, muchos ciudadanos trabajan el día de la elección para que esto suceda y mucho presupuesto se gasta. El esfuerzo, los recursos y la esperanza que pongamos en la democracia siempre reditúan en favor de la convivencia pacífica.

El resultado de una elección democrática es producto de muchos factores. Nadie puede controlarlos en su totalidad. Los competidores legítimamente argumentan y emplean los recursos a su disposición para convencer a los votantes, pero la efectividad de una campaña sólo se mide en las urnas. Hoy sólo resta esperar y estoy seguro que el elector, en lo individual, sabrá elegir la mejor opción, que será la mayoritaria, aunque a la minoría no le guste. Esta frase propia de Perogrullo es la esencia de la democracia. El límite al poder de la democracia son la división de poderes y otras instituciones políticas, pero el domingo entrante es el día en que todos somos iguales, aunque no les guste a los defensores de la plutocracia o las élites iluminadas organizadas en “vanguardias”.

Profesor del INAP

cmatutegonzalez@yahoo.com.mx

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