El voto, un día después - Isidro H. Cisneros | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 02 de Julio, 2018
El voto, un  día después | La Crónica de Hoy

El voto, un día después

Isidro H. Cisneros

La sucesión presidencial evidenció los límites del sistema político. Estas elecciones dejaron enseñanzas sobre las debilidades e involuciones que sufre nuestro proceso democratizador, dentro de las que destaca el agotamiento del actual régimen de partidos. El inminente cambio de gobierno no significará en automático una transformación de la forma en que funciona la política, por lo que la nueva oposición deberá hacer un balance de sus errores y reconocer que los resultados electorales expresan sobre todo la grave crisis de representación política que afecta al país. Más allá del análisis sobre las inconsistencias organizativas de los partidos, resulta indispensable una reflexión sobre la refundación política que requieren con urgencia. Ha llegado el momento de una autocrítica a fondo que permita el cambio organizativo. No basta con hacer pequeños ajustes aquí o allá, se necesita de una radical reingeniería política que provoque su renacimiento. El sistema de partidos que produjo la primera fase de la transición política mexicana se agotó.

Los partidos políticos tradicionales padecen los efectos de la desconfianza ciudadana, de la impopularidad y el desprestigio. Agobiados por sus bajos niveles de democracia interna, la errática selección de candidatos, las fuentes ilegales de financiamiento y la violación de los derechos de sus afiliados, entre otros, los partidos enfrentan una crisis irreversible. Ellos se han convertido en partidos de conveniencia, es decir, en partidos “atrapa todo” caracterizados, de acuerdo con el politólogo alemán Otto Kirchheimer, porque reducen su equipamiento ideológico, refuerzan a los grupos dirigentes en las cúpulas del poder, disminuyen el rol del militante, desaparecen sus referencias programáticas y porque permiten el acceso directo de los grupos de interés en las decisiones de la organización. Son partidos que se transforman en negocios personales y que renuncian a actuar en profundidad incorporando la política-espectáculo a sus estrategias de acción.

El régimen de partidos representa la sustancia de nuestro sistema político, de su estructura y dinámicas, influyendo en los recursos del gobierno en términos de poder, consenso y legitimidad, así como en las capacidades institucionales para responder a las expectativas y demandas sociales. A diferencia de otros países del mundo democrático, donde los partidos representan auténticas “divisiones sociales”, es decir, escisiones o fisuras existentes en la comunidad, que determinan las tendencias del voto, en México se ha desarrollado un sistema de partidos que prescinde de las identidades colectivas creando confusión y ambigüedad. El creciente escepticismo y la incredulidad ciudadana afectan gravemente a los partidos y a los políticos que los representan.

Vivimos una situación política anómala donde todo parece haber cambiado de significado. Actualmente, los partidos que se presentan como símbolo del cambio aparecen anclados al inmovilismo y sus privilegios; mientras que las posiciones defensoras del statu quo se dicen portadoras de la transformación y la innovación. Esta anormalidad resulta evidente cuando se observa que el actual espacio político se encuentra ocupado no por una, sino por varias fuerzas conservadoras. Es decir, por concepciones políticas e ideológicas que persiguen los mismos objetivos con estrategias diferentes. Unas incómodas con la democracia, tecnocráticas y elitistas; otras, populistas, clientelares y plebiscitarias. Así como se han configurado, nuestros partidos políticos no le sirven a la democracia. Es urgente su transformación, los ciudadanos con su voto masivo lo exigieron.

 

isidroh.cisneros@gmail.com
Twitter: @isidrohcisneros

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