La inevitable crisis (1) - Fernando de las Fuentes | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 02 de Julio, 2018
La inevitable crisis (1) | La Crónica de Hoy

La inevitable crisis (1)

Fernando de las Fuentes

La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer

Bertolt Brecht

 

Aquello que más aterra a los seres humanos es el cambio, el cual, paradójicamente, viven esperando... siempre y cuando sea en su favor, porque nadie desea ese otro, el que requiere “un salto de fe” hacia lo desconocido, proeza que pocos logran porque la mayoría no confiamos en la vida ni en la red que infaliblemente tiende bajo nuestras acrobacias ni en que los mejores días están siempre por venir.

Del primer tipo de cambios hay pocos, del segundo está llena la vida, pero no por azar, sino por terquedad. Tan sencillo como esto: nos negamos a abandonar el lastre, y en vez de salir a flote nos vamos a pique.

Las crisis son como un naufragio, no hay mejor analogía. El oleaje que abata nuestra embarcación será del tamaño de las decisiones, acciones, responsabilidades y aceptaciones que hemos evadido, a veces durante años; y/o de las negligencias, indiferencias, malas conductas y opciones erróneas que hemos ido acumulando. Podrá tratarse de una buena sacudida o del tsunami de nuestras vidas. En todo caso, es uno quien determina la cantidad y la fuerza de sus crisis.

Porfiar en lo que creemos que nos define, pero ya no nos funciona, aunque no nos demos cuenta, hace inevitable una crisis, esa catástrofe personal o colectiva más dolorosa en la medida en que más nos aferramos al mástil de la embarcación semihundida, con pánico porque no avistamos tierra.

La crisis podría definirse, entonces, como esos lapsos de confusión, miedo, estrés y sufrimiento que hay cuando algo o todo se ha derrumbado y nada ha sido aún construido. Lo que la caracteriza es la turbulencia, no el hecho mismo del cambio.

La causa es la resistencia a deshacernos de todas las emociones, creencias,  patrones mentales y pensamientos que nos han venido poniendo en jaque, hasta hacer inminente el mate, si no cambiamos la estrategia.

Tendremos menos crisis y más leves en la medida en que fluyamos con la vida, cuya constante es el cambio. ¡Pero puede ser para peor!, me dirá usted. Sí, fíjese que sí, pero no sólo no podrá evitarlo, incluso agravará la situación si se pone terco en quedarse donde está. Aprenda la lección que tiene que aprender y transitará cuanto antes hacia el siguiente cambio, que lo llevará a una situación mejor, sin duda alguna, en la medida en que usted así lo determine. Determinación es la actitud.

El cambio está lleno de pérdidas y, en la misma medida, o aún más, de ganancias. Puede ser que tenga menos dinero, aunque más tranquilidad y libertad; puede ser que alguien se vaya de su vida, pero lleguen importantes personas, o aprenda a relacionarse mejor con usted mismo. El cambio nunca es injusto, a menos que usted venda demasiado caro lo que debe soltar.

La crisis es indispensable para el crecimiento personal, para adquirir habilidades que nos facilitarán la vida y nos permitirán ir sintiéndonos cada vez más en dominio de nosotros mismos y, por tanto, de nuestras reacciones ante todo lo que nos ocurra. Pero si queremos, por comodidad, que la vida sea sólo eso que nos sucede azarosamente, pues echemos esto en saco roto.

El gran secreto para manejar las crisis es dominar el miedo a la pérdida, porque es inevitable, tanto el miedo, como la pérdida. Para eso requerimos desarrollar la habilidad emocional del desapego, que no significa perder interés en las cosas o afecto en las personas, sino dejarlas ir y lidiar con su ausencia, porque todo tiene un ciclo de vida.

Sin embargo, antes que nada, debemos aprender a distinguir una crisis de una zona de confort acolchada de problemas. La primera siempre trae un cambio al que, en mayor o menor medida, nos resistiremos. La segunda se pregona para obtener la atención que creemos necesitar.

 

Fernando de las Fuentes
delasfuentesopina@gmail.com

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