“Gobernando para la prosperidad” - Leopoldo Mendívil | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 03 de Julio, 2018
“Gobernando para la prosperidad” | La Crónica de Hoy

“Gobernando para la prosperidad”

Leopoldo Mendívil

ING. ALFONSO ROMO GARZA,

EL ALADINO DE AMLO:

+El éxito es donde la preparación

y la oportunidad se encuentran

Bobby Unser

 

Ya que usted  continuará haciendo con López Obrador lo que en los últimos años sirvió para construir el triunfo electoral del domingo, le envío este ensayo que Bruce Bueno de Mesquita y Root Hilton, coordinaron para la revista Yale University Press, con el título que lleva esta entrega:
“El debate entre las virtudes del modelo ­socialista como una alternativa al modelo ­capitalista, parece ya estar cerrado a favor del segundo. No obstante, vastos grupos humanos todavía viven la tragedia diaria del hambre, la pobreza y la insalubridad. Estos males se pueden prevenir y no son el producto de la ignorancia o de fuerzas inevitables, sino el resultado de fracasos institucionales y políticos que pueden revertirse en la medida que se reconozca que ciertos acuerdos políticos llevan a los líderes políticos a cualquiera de estos dos caminos:

“Fomentar el crecimiento de sus países, o robar a la Nación sus alternativas de ­prosperidad (de lo cual sabemos mucho en México, ¿verdad, ingeniero?).

Dado el conocimiento alcanzado a la fecha sobre el crecimiento económico, la solución a la pobreza radica en la construcción de ­instituciones políticas que provean a los líderes de incentivos para enfocarse en el ­bienestar de los ciudadanos. La sociedad no tiene que esperar la llegada de nuevos líderes y/o activistas sociales para alcanzar el ­bienestar de la población, pero sí tiene que construir instituciones dedicadas al ­crecimiento, que den espacio a los líderes para la consecución y el aseguramiento del poder.

“Hemos identificado dos fuerzas contrarias en la vida política: Una es el impulso de los políticos por el control distributivo de los bienes —incluyendo los que darán a sus ‘amigos’— y otra, el impulso por coordinar y proteger el acceso al progreso presente y futuro. Más allá de la ética de un político, éste sigue una u otra fuerza en función de qué tanto influye la asignación de bienes privados y públicos para seguir en el poder. La primera fuerza se acerca más a la autocracia y la segunda a la democracia.

“Cuando un líder permite el acceso ­privilegiado de los recursos a un grupo en ­particular (aun cuando sean los más pobres), interfiere en la distribución eficiente que se da a través de la toma descentralizada de decisiones a la que lleva el mercado; asimismo, debilita la economía y —he aquí la paradoja— disminuye los recursos a la disposición de dicho líder (pensemos, ingeniero Romo, en las becas que AMLO pretende dar a los ninis; ¿hasta cuándo y hasta cuántos? ¿Ha pensado en que habrá nuevas generaciones de ninis? ¿Ha estudiado si los ­ninis quieren cambiar y, en un momento dado, ponerse a trabajar o estudiar?)

“Todos sabemos que los políticos buscan permanecer en el poder (y gozar de aceptación). Están dispuestos a comprar lealtades a cualquier costo, aunque se afecte la economía nacional. Sólo pondrán atención al costo que les significa tal lealtad cuando la crisis económica haya derivado en una crisis política.

“Cuando los bienes disponibles tienen que ser distribuidos entre mucha gente valiosa para el grupo en el poder, los líderes democráticos se ven forzados a asignar los recursos mediante el otorgamiento de bienes públicos y, en consecuencia, también se ven obligados a respetar la toma de decisiones de acuerdo con el mercado. Por el contrario, los líderes autocráticos requieren un apoyo político menor para permanecer en el poder y, por lo tanto, pueden elegir usar los bienes como medio para conservar su poder  y de paso recompensar a los ‘amigos’ que les ayudaron a ganar el cargo. Para los autócratas, una crisis económica no necesariamente representa un crisis política, así que atienden los problemas distributivos sin preocuparse mucho de la prosperidad a futuro. Por eso son tan importantes las instituciones democráticas, pues obstaculizan este tipo de acciones; a través de limitaciones institucionales formales, un político se ve obligado a proveerse de políticas públicas efectivas que eviten una crisis económica. Más que las elecciones, éste es el punto decisivo de la relación entre la ­democracia y el crecimiento de una Nación.

“Generalmente, los economistas que realizan una reforma económica, asumen que los tomadores de decisiones y los ciudadanos tienen los mismos intereses, por lo que los líderes simplemente necesitan información sobre cómo ­satisfacer esos intereses. No es así. Las ­diferencias distributivas dan lugar a que los tomadores de decisiones resuelvan sus discrepancias mediante el castigo en vez  de la cooperación. (‘Hay cariño o no hay cariño’, decían nuestros viejos políticos). Los partidos pequeños, para tener cierto éxito, deben aceptar el status quo para incrementar el ­bienestar de sus seguidores gracias a la ­generosidad del líder. Cuando una crisis económica limita la generosidad distributiva de un líder, las normas de lealtad se ­debilitan en la medida en que dependían de la capacidad del líder para otorgar recompensas ­particulares. Ésta es la razón por la cual una crisis da un espacio momentáneo para el cambio institucional. En síntesis, los economistas proporcionan soluciones de política económica más que probadas para promover la prosperidad, pero rara vez han sido confrontadas con los incentivos políticos (perversos) capaces de bloquear una reforma económica.

“Muchos regímenes prevalecen pese a su alto nivel de desorden, como (ha sido) ­México y la India. Pero incluso un cambio revolucionario no garantiza la resolución de los ­problemas distributivos que llevan al camino del ­crecimiento económico. La adopción de principios democráticos de gobernanza sin la adopción de un sistema democrático en la administración pública no asegura responder a los problemas distributivos que ponen en riesgo el crecimiento económico.” 

 

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