Presidente AMLO - Wilfrido Perea Curiel | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 03 de Julio, 2018
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Presidente AMLO

Wilfrido Perea Curiel

Aún es muy temprano para analizar con profundidad el resultado y las repercusiones de la reciente elección, de hecho, aún no se cuenta con las cifras definitivas, hace falta perspectiva, frialdad de ánimo y que la revuelta coyuntura vaya sedimentando. El domingo tuvo lugar un acontecimiento que condensa décadas de la historia reciente del país. Queda el reto para analistas, politólogos y demás científicos sociales, de desentrañar acuciosamente las causas que dieron lugar al triunfo de AMLO y la reconfiguración que viene del sistema político. Tanto el tablero, como la posición de sus piezas será trastocado, no sólo por el mero resultado, sino por la manera apabullante como éste se dio. Ni las encuestas previas que mayor margen a favor le auguraban al tabasqueño acertaron en que la distancia rayaría los 30 puntos porcentuales.

Tan contundente e inobjetable victoria facilitó que en las últimas horas del 1 de julio el desenlace fuera pulcro y que los mexicanos durmieran tranquilos esa noche con la elección resuelta, se conjuró el fantasma de aquel tristemente célebre 2 de julio del 2006. Queda el pasado 1 de julio como una fecha memorable para la joven e imperfecta democracia mexicana, que luego de 18 años de alternancias, reclamó su mayoría de edad y mostró que con todas las insuficiencias que es preciso atender, incuestionablemente es funcional.

La prueba de ácido radicaba en observar si el sistema estaba en condiciones de procesar una alternancia por la izquierda. Es encomiable la estatura con la cual reaccionaron los principales actores involucrados. En contraste con un proceso agreste y campañas caracterizadas por la diatriba, los candidatos perdedores lucieron como demócratas al reconocer con todo sentido de oportunidad su derrota. AMLO actuó en consecuencia y también fue cuidadoso de las formas, destaca que en su mensaje señalara que una de sus principales preocupaciones es restituir la reconciliación. 

AMLO llega con una amplia legitimidad, el número de votos obtenidos para su causa no tiene referente desde que las campañas son realmente competidas. Tendrá una amplia representación en el Congreso, probablemente le alcance para hacerse de la mayoría simple en ambas Cámaras. Además, ha triunfado en estados donde la izquierda nunca había tenido presencia, incluso Morena logró obtener más gubernaturas de las que las encuestas sugirieron.

Morena obtiene su registro como partido apenas en 2014, entre otras cosas, como una reacción de AMLO en contra de la determinación que tomaron Los Chuchos de apoyar al gobierno de Peña Nieto desde el inicio de su sexenio. Tales acercamientos se dieron en el marco del llamado Pacto por México, en cuyo seno se impulsaron, entre 2012 y 2014, las denominadas reformas estructurales que serían la obra emblemática del gobierno peñista.

AMLO sistemáticamente se opuso al colaboracionismo del PRD y se manifestó sin titubeos en contra de ese paquete de iniciativas. Justo para 2014, el gobierno de Peña había logrado los acuerdos y consensos necesarios para que todas sus reformas fueran aprobadas, lo cual fue en los hechos una derrota política para AMLO, además, en la víspera había sufrido una afección cardiaca. En suma, hacia las fiestas patrias de 2014 AMLO lucía derrotado políticamente y muy mermado de salud. Nadie habría vaticinado que tan sólo cuatro años después obtendría tan abrumadora victoria. En este lapso, Morena de la nada se convirtió en la fuerza hegemónica del país, por supuesto, gracias al empuje y tozudez de su líder, pero un factor para explicar tal crecimiento exponencial fue el propio mandatario Peña.

Si hubo algún promotor que involuntariamente impulso a AMLO, ese fue el inquilino de Los Pinos, si se observa en retrospectiva, Peña con todo esmero hizo hasta lo que se consideraría imposible para inflamar el hígado de los mexicanos. En un tiempo récord hizo añicos la popularidad de la que gozó al arranque de su gobierno.

Efectivamente, se trató del voto de castigo al PRI y el mérito de AMLO fue su perseverancia y leer con mucha astucia política la ola de indignación, se subió a la cresta y, a pesar de que cometió errores durante su campaña, fue claro que la ciudadanía lo vio como el vehículo para volver a sacar al PRI de Los Pinos.

pereawilfrido@me.com

 

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