La peor derrota de la revolución institucionalizada la generó el secuestro del partido, dice Ulises Ruiz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 04 de Julio, 2018

La peor derrota de la revolución institucionalizada la generó el secuestro del partido, dice Ulises Ruiz

La peor derrota de la revolución institucionalizada la generó el secuestro del partido, dice Ulises Ruiz | La Crónica de Hoy

El PRI sufrió este domingo la peor derrota en una contienda presidencial en sus 89 años de vida, más contundente incluso que las dos anteriores, la primera en el año 2000, con Francisco Labastida Ochoa como su candidato, y la segunda con Roberto Madrazo Pintado, en 2006.

Le correspondió a José Antonio Meade Kuribreña, sin militancia priista, correr con la negra fortuna que dejará al Revolucionario Institucional no sólo sin la Presidencia, sino con el menor número proporcional de diputados y senadores en nueve décadas.

La debacle tricolor incluye la pérdida de sitios emblemáticos como el municipio de Atlacomulco, Estado de México, cuna del poderoso grupo del mismo nombre que fundara el fallecido Carlos Hank González; la capital de la entidad, Toluca; Ecatepec y Huixquilucan, de donde es originario el actual mandatario, Alfredo del Mazo Maza.

Los poco más de 13 millones de votos que obtuvo Labastida en 2000, fueron insuficientes para ganar la contienda de aquel año y el PRI perdió por primera vez la Presidencia. Seis años más tarde, en el 2006, el tabasqueño Roberto Madrazo (antítesis de AMLO en aquel tiempo), con 9 millones 301 mil votos, se convirtió en el segundo priista perdedor de la elección presidencial.

En 2012, el mexiquense Enrique Peña Nieto recuperó para el PRI la Presidencia de la República y la mayoría simple en el Congreso de la Unión.

Meade, con 5 millones 993 mil votos, obtuvo casi cuatro millones de votos menos que Labastida y casi tres millones menos que Madrazo.

“Cadena de desaciertos nos llevó a derrota apabullante”. Priistas que integran la corriente Democracia Interna, responsabilizaron de la derrota “apabullante e indiscutible” a “una larga cadena de desaciertos en la conducción del partido, por parte de quienes lo secuestraron en los últimos años”.

El dirigente de esa expresión tricolor, Ulises Ruiz (un exgobernador recordado por aquellos días en los que Oaxaca vivió prácticamente una insurrección a manos de la APPO), señala en entrevista con Crónica que “la percepción desde la sociedad de un gobierno corrupto, aumentó el desgaste del partido, que apenas había recuperado la Presidencia”.

“El incremento en la inseguridad y la pobreza, además de reformas estructurales cuyos beneficios no sintió la gente, socavaron aún más el apoyo popular al PRI y a su gobierno”, añade. Asegura que, pese a la peor derrota de su historia, “el PRI no está muerto, pero debe entrar a una auténtica refundación, a una reconstrucción total que regrese al partido a su esencia de centro-izquierda, y no de ultraderecha, como está convertido ahora”.

El exgobernador de Oaxaca pide al presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, René Juárez Cisneros, ir preparando la convocatoria para una Asamblea Nacional, que incluso pudiera adelantarse a marzo del próximo año, cuando debe renovarse la dirigencia del partido, sobre la base de regresar el instituto a los ciudadanos.

Ruiz enlista lo que, a su juicio, ocasionó la debacle del PRI, comenzando por la imposición de una dirigencia nacional que no era ni conocía al partido —en manos de Enrique Ochoa Reza—, que no tenía ni la menor idea de lo que es el oficio político, que se olvidó de la militancia, que menospreció cuadros nuevos y veteranos de primer nivel y compromiso, todo lo cual terminó por fracturar irremediablemente al priismo real”.

Aparte de eso, agrega, convirtió a los plurinominales al Congreso “en un club de amigos”, que se atrevió incluso a llevarse a Toluca, “a escondidas, con un pavor tremendo, la Asamblea para aprobar precisamente ese listado nominal” que es del partido, no de una dirigencia limitada en su reconocimiento, pero con “un gran poder político otorgado desde Los Pinos”.

Y por si fuera poco, añade, abrir los candados para otorgar una candidatura a un candidato externo, a quien se le diseñó “una campaña torpe, coordinada por otro personaje ajeno al PRI (Aurelio Nuño), cuyo objetivo fue siempre alcanzar al segundo lugar (Ricardo Anaya), y que en esa obsesión dejó libre el camino a López Obrador”.

Por último, agrega Ulises Ruiz, “el absoluto rechazo al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y a su gabinete principal, donde la seguridad y el combate a la pobreza fueron creciendo incesantemente, lo mismo que los escándalos de corrupción que terminaron por perjudicar al PRI que necesita de manera urgente entrar a una terapia intensiva, a fin de renacer de sus cenizas”.

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