¿Por qué ganó AMLO? - José Fernández Santillán | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 06 de Julio, 2018
¿Por qué ganó AMLO? | La Crónica de Hoy

¿Por qué ganó AMLO?

José Fernández Santillán

Coincido con Roger Bartra, quien afirma que López Obrador es la regeneración del viejo autoritarismo priista (Sinembargo 25-VI-2018). Y su vaticinio, desgraciadamente, se cumplió: este 1 de julio, el tabasqueño ganó la Presidencia de la República pero, además, su partido Morena, obtuvo la mayoría en las dos cámaras del Congreso de la Unión. De golpe y porrazo los mexicanos hemos dado un salto hacia atrás al revivir aquél régimen hegemónico emanado de la Revolución que creíamos ya superado.

La exhumación del Ancien Régime verificada en estos comicios me recordó dos frases de Marx que se encuentran en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte. La primera dice así: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra como farsa.” (Carlos Marx, Federico Engels, Obras escogidas, Editorial Progreso, Moscú, S/f, p. 95). Y vaya que, verdaderamente, López Obrador es una farsa. La segunda frase es la siguiente: “Todo un pueblo que creía haberse dado un impulso acelerado por medio de una revolución, se encuentra de pronto retrotraído a una época fenecida.” (Ibidem., pp. 96-97) El Peje habló de una “revolución de las conciencias” como motor de su movimiento. Pues bien, esa supuesta revolución, en realidad es una contrarrevolución. Nos remite, efectivamente, a una época ya fenecida.

La megalomanía de López Obrador lo ha hecho hablar de que él encabeza una cuarta etapa en la transformación histórica de nuestro país. A saber, la primera fue la Independencia, personificada por don Miguel Hidalgo; la segunda la Reforma, encarnada por don Benito Juárez; la tercera, la Revolución, simbolizada por don Francisco I. Madero. Él abriría un siguiente periodo; o sea, se pone a la altura de estas figuras señeras. De verdad, se necesita estar chiflado para decir semejante disparate. No tiene los pies en la tierra; pero así de grande es su ego.

Lo que sí debemos reconocerle es su tesón en la lucha: la tercera es la vencida. Fue candidato presidencial por el PRD en 2006 y 2012. Pero esa tozudez personal tan sólo explica, en parte, el fenómeno que se registró el 1 de julio. Ese día lo que se vino abajo, también, fueron por lo menos tres décadas de imposición a raja tabla del modelo neoliberal; de la ortodoxia del Consenso de Washington que pregonó: la libre empresa, la desregulación, el predominio del mercado, las privatizaciones, el retraimiento del gasto público, el favorecimiento de la concentración del ingreso en unas cuantas familias, la pauperización de la mayor parte de la población.

Con todo y que hubo alternancia en el poder en 2000, el modelo neoliberal siguió aplicándose por parte de la tecnocracia neoliberal; el regreso del PRI en 2012 dejó intacta —incluso fortaleció— la presencia de esa tecnocracia neoliberal en los puestos de mando del gobierno federal.

Las masas sociales que no fueron incluidas en el proceso de desarrollo fueron la base de apoyo electoral que le permitió a López Obrador alcanzar la Presidencia de la República.

Ciertamente, había habido otros intentos por detener ese modelo económico: en 1988, con la candidatura del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas impulsada por el Frente Democrático Nacional (FDN); la insubordinación de Luis Donaldo Colosio en 1994; la postulación de AMLO en 2006. Pero ahora la tecnocracia cometió el error de colonizar al PRI, imponer a un Presidente del Partido que no era oriundo de ese instituto político e imponer a un candidato externo. Otro error fue atacar a Ricardo Anaya, candidato de la coalición Por México al Frente. Una serie de torpezas cuyos resultados están a la vista.

En declaraciones posteriores a su triunfo, López Obrador dijo que, si bien tienen la mayoría, no van a ser abusivos (o algo así). Eso me recuerda la conferencia que Michelangelo Bovero dictó el pasado 15 de mayo en el INE: “Pleonocracia: Crítica a la democracia mayoritaria”. Este académico de la Universidad de Turín definió a la Pleonocracia como “una tiranía de la mayoría que, por lo tanto, debe reconocerse como una especie de la autocracia.” Esa autocracia “instaura un flujo descendente del poder sobre las minorías, las cuales no pueden hacer más que soportar las decisiones de la mayoría autorizada para gobernar.”

Dicho de otro modo: contrariamente a lo que comúnmente se piensa, la democracia no es el gobierno de la mayoría. Esto es importante resaltarlo porque ha habido regímenes autoritarios que han sido mayoritarios como el nazismo o el fascismo y ahora el populismo. Lo que define a la democracia es el gobierno mayoritario que respeta a la minoría, es decir, el disenso.

Es más, como decía Hans Kelsen, en democracia la decisión no debe salir de la imposición de la mayoría sino del compromiso entre mayoría y minoría para que, así, la determinación política sea de todos y no solo de una parte. (Teoría general del derecho y del Estado, México, UNAM, 1958, p. 342). Aceptar los contrapesos.

En estas elecciones murió el PRI tecnocrático, renació el PRI autoritario, intolerante y hegemónico.

jfsantillan@itesm.mx

@jfsantillan

Imprimir

Comentarios