El quinto partido y la democracia - José Carlos Castañeda | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 06 de Julio, 2018
El quinto partido y la democracia | La Crónica de Hoy

El quinto partido y la democracia

José Carlos Castañeda

El triunfo de la selección de México contra Alemania en el mundial de Rusia fue una auténtica alegría nacional. Pocos esperaban un resultado como el que logró el equipo tricolor. De inmediato, las expectativas crecieron. La selección mexicana venció al campeón del mundo, ni más ni menos. En su primer partido demostró un talante que nadie imaginó posible. Recuerdo que en el mundial de Argentina de 1978, vi a México derrotado 6 a 0 por los alemanes. Ahora la sorpresa de alzarse con la victoria invitaba a creer que este grupo de jugadores podría ir más lejos. El sueño del quinto partido dejó de ser una pesadilla y, por un momento, tuvo destellos de esperanza. ¿Cómo repetimos el fracaso? ¿Por qué no llegamos a cuartos de final? ¿Qué falló? ¿Quién tiene la responsabilidad de que el seleccionado nacional, otra vez, no sea uno de los ocho mejores del mundo? ¿Una vez más castigarán al entrenador o los jugadores no entregaron todo en la cancha? Quizá sucedió lo básico: ganaron los más competitivos en torneos internacionales. 

Este domingo primero de julio vivimos una experiencia democrática magnífica. La noticia más importante de ese día fue la consolidación de nuestras instituciones electorales. Después de décadas de cuestionamientos y sospechas, la mayoría de las veces infundadas, el fraude como mecanismo para intervenir en los procesos quedó desterrado del imaginario nacional, al menos, eso deseamos. Todavía en las noches previas, había quienes discutían en la sobremesa: “está preparado un fraude monumental”, “nunca lo van a dejar ganar”. Frases como ésas se escucharon hasta el momento en que los datos del INE coincidieron con la mayoría de las encuestas.

La ciudadanía participó como funcionarios de casilla, gracias a su trabajo durante una larga jornada se cumplió con un reto fundamental de toda democracia: ofrecer confianza a los votantes sobre los resultados del conteo.

El segundo fantasma descubierto en medio de la sala: las encuestas no mintieron. No estaban manipuladas. Los datos que aportaron eran correctos y la gente contestó la verdad. No hubo voto oculto para la oposición, tampoco hubo voto útil. El PAN sufrió su peor caída en su historia, incluso en una coalición. El PRI recibió un voto de castigo.

En las conversaciones poselectorales reconozco tres argumentaciones que merecen un mínimo comentario.

La teoría del complot acompaña el análisis político como una sombra o una fantasía. Todos los que estudian el poder han debatido o confrontado esta hipótesis que busca encontrar orden y sentido en acontecimientos que quizá responden al azar de los encuentros o a una dinámica social que está fuera de los salones de la conspiración. Pero nunca falta la explicación que reduce un fenómeno político a un acuerdo cupular. En este caso, le llamaron: PRIMOR. Un supuesto pacto entre Morena y la Presidencia. Política-ficción, diría un clásico.

La extraordinaria campaña de comunicación del ganador, otro argumento incompleto. Cabe la opción de celebrar su trabajo comunicativo. Pero nadie gana una elección con una campaña publicitaria, se necesitan muchas más cosas. Por ejemplo, organización de brigadas de tierra, recursos económicos, alianzas con las fuerzas sociales. El mensaje no es todo. Ahora bien, cuando te equivocas en el mensaje, pierdes. Había mensaje: combate a la corrupción. Esperamos los resultados.

 ¿Y los contrincantes? ¿Dónde estuvieron? ¿Qué pasó con ellos? ¿Qué falló? De entrada, una elección es una contienda; ahora que podemos dar total credibilidad a los estudios de opinión, habría que preguntar por qué no hubo contienda. Nunca hubo competencia. Desde el día uno había un ganador claro. Los adversarios se dedicaron a perder seguidores y votos. Un desastre de campaña como retadores al puntero. Nadie alcanzó el segundo lugar. Todos los partidos antagonistas cayeron en una situación de crisis de representación en todos los cargos de elección.

Esta jornada democrática deja una lección final, quizá como en el fracaso de nuestro equipo mundialista, donde la primera victoria mostró los fallos del campeón del mundo; la aplastante victoria del puntero se debe más al deterioro de todo el sistema político, que a las capacidades del ganador para atraer simpatizantes. La pregunta ahora es: ¿tenemos esperanza de ganar el próximo partido o será igual que cada cuatro años?

@ccastanedaf4

 

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