Más armas y no al aborto, consecuencias de la era Trump - Concepción Badillo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 10 de Julio, 2018
Más armas y no al aborto, consecuencias de la era Trump | La Crónica de Hoy

Más armas y no al aborto, consecuencias de la era Trump

Concepción Badillo

El presidente Donald Trump anunció esta semana al juez ultraconservador Brett Kavanaugh como su nominado para llenar la vacante en la Suprema Corte de Justicia, uno de los cargos más poderosos en este país, uno que no requiere elección popular, a pesar de la gran influencia que tiene en la vida diaria de todos los ciudadanos. De ser confirmado por el Senado, como se espera, desaparecerá toda esperanza de control de armas y se teme que tarde o temprano el aborto aquí será ilegal otra vez.

La designación de Trump no fue sorpresa. Desde su campaña prometió una Suprema Corte de derecha, que una vez confirmado su elegido, estará integrada por cinco magistrados conservadores y cuatro liberales, la misma configuración que ha tenido desde 1970, sólo que nunca se sabía a ciencia cierta cómo votarían. Ahora por primera vez desde 1930 Estados Unidos tendrá un Poder Judicial controlado y en manos de una mayoría abierta y decididamente conservadora.

Para ser confirmado se requieren 50 votos y los republicanos tienen 51, asumiendo que el vicepresidente Mike Pence rompa el empate. Un solo voto republicano en contra o abstención serviría para terminar con su nominación. Si los senadores demócratas no tienen éxito en convencer siquiera a uno de sus colegas de la oposición, el escenario a la vista es el de un país que se inclina totalmente a la derecha, limitando la habilidad del gobierno para gastar dinero en servicios sociales, a la vez que podrían reducirse los derechos de la mujer y de la comunidad homosexual y hacerse aún más difíciles los procedimientos y condiciones para los inmigrantes y solicitantes de asilo.

Todo esto no es sino otra consecuencia de la elección de Trump, a quien al parecer no le importa el balance de la Suprema Corte sino darle gusto a quienes lo eligieron y que gustosos ven una nación que cada día tiende a ser más derechista.

Kavanaugh tiene 53 años, el puesto es de por vida, por lo que seguramente al menos en los próximos 25 jugará un papel decisivo en las leyes que rigen este país. Nació en Washington, DC y fue educado en la escuela jesuita Georgetown Preparatory School, de donde pasó a la Universidad de Georgetown también de jesuitas y se graduó de leyes en la Facultad de Jurisprudencia de Yale. Siempre fue estudiante aplicado, buen atleta y super republicano. De joven colaboró en la investigación en torno al escándalo de faldas del entonces presidente Bill Clinton, que sentó las bases para que se iniciara un fallido proceso de destitución.

El nominado a magistrado actualmente se desempeña como juez en una Corte de apelaciones a nivel nacional con sede en esta capital y antes trabajó en la administración de George W. Bush. De hecho se casó con su secretaria privada. Tienen dos hijas, Margaret y Lisa, de edad escolar. Es un católico practicante, fervoroso asistente cada domingo a misa en la parroquia del Sagrado Sacramento en esta ciudad.

Cree en el poder absoluto de quien tiene el Poder Ejecutivo. Entre las críticas a su nominación está el hecho de que siempre ha sostenido que los presidentes no deben ser acusados de nada mientras están en funciones, porque —argumenta— se les distrae con investigaciones y demandas legales. Se cree que este punto es el que convenció a Trump de nominarlo, ya que él, como se sabe, está actualmente envuelto en una detallada investigación que quiere terminar sobre sus lazos con Rusia durante las elecciones de 2016.

Kavanaugh es abiertamente simpatizante de que los ciudadanos posean armas, lo considera un derecho que no se debe modificar. Terminantemente, aunque sin éxito, se opuso en 2011 a la prohibición en el Distrito de Columbia de los rifles semiautomáticos. Sostiene que prohibir las armas o imponerles restricciones que no son parte de la historia y tradición, es en contra y no consistente con los derechos individuales que establece la Constitución.

Los activistas y grupos liberales están listos para atacarlo ante la opinión pública como un extremista en el que no se puede confiar, no sólo porque será incondicional de Trump, apoyándolo en sus metas políticas de acabar como con el sistema de salud impuesto por Obama y dando marcha atrás a la decisión de la Suprema Corte conocida como Roe vs Wade, que en 1973 terminó con la prohibición al aborto.

Pero pocos creen que las protestas, calificadas ya despectivamente por el líder republicano del senado, Mitch McConnell, como “retórica de izquierda”, tendrán éxito. Estamos totalmente en la Era Trump.

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