Bienvenido siglo XIX - José Carlos Castañeda | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 13 de Julio, 2018
Bienvenido siglo XIX | La Crónica de Hoy

Bienvenido siglo XIX

José Carlos Castañeda

Nuestra sensación del tiempo es relativa. A veces sentimos que el tiempo tiene prisa o, al contrario, se detiene. ¿Cómo registrar el acontecimiento de una elección con un resultado que rompe con los estándares conocidos? Unos dicen que fue un triunfo histórico, ni como negarlo. Otros se preocupan, la victoria arrolladora es un riesgo para los equilibrios de una democracia liberal. La desconfiguración de las identidades partidistas anuncia un enredo en las fuerzas opositoras. En el PAN ni siquiera llegan a un acuerdo sobre los tiempos para el relevo de su dirigencia. El PRI está hundido en un desconcierto del tamaño de la derrota. Si nuestro siglo XX comenzó en 1910 con una campaña electoral por la democracia y terminó en el año 2000 con la victoria del llamado “primer gobierno de la alternancia”, cómo quedará en los anales del pasado un día que conmovió a todo el país con la noticia de un colapso de los partidos tradicionales y la nueva hegemonía de un movimiento social emergente, bajo la figura de un líder con un perfil autoritario.

A los historiadores les corresponde explorar los grandes periodos, hurgar tras bambalinas de los escándalos cotidianos y de los episodios disruptivos, para descubrir las tendencias inexorables, los procesos subterráneos y las pautas constantes. Por ejemplo, el envejecimiento de la población y su impacto en las políticas de seguridad social: salud y pensiones. También, la sustitución del uso de combustible fósiles y el desarrollo del mercado de energías limpias. Esas mutaciones profundas que tienen un mayor impacto que las batallas cotidianas.

La pasada elección presidencial ya ha sido definida como un acontecimiento histórico, que será el inicio de una “transformación”. Cuando uno ve sólo el árbol, observa detalles fascinantes en el nuevo fenómeno de una sociedad que ha puesto en jaque al sistema político y enfrenta un escenario de retorno del autoritarismo presidencial o una recomposición de las identidades políticas.

Pero si de pronto en lugar de detenernos a discutir las ramas del árbol, buscamos una fotografía del bosque entero, quizá tropezamos con esas corrientes subterráneas que alimentan lo que algunos quieren describir como el colapso de las estructuras de poder. Perdón que para poder explicar cómo desde las alturas se observa el bosque, sea indispensable dar un paso atrás y revisar un siglo fascinante en México, el siglo XIX.

A finales del siglo XIX, la población en todo el país apenas rebasaba los 12 millones de habitantes. Hoy somos alrededor de 123 millones. En 1810, una revolución de independencia que dura más de 10 años. Como nación independiente, México no existe hasta la década de los veinte. Apenas unos años después de consolidar la Independencia perdimos la mitad del territorio, en 1848. En medio de intervenciones extranjeras y batallas domésticas. En 1864, arriba el segundo emperador, Maximiliano, y la monarquía se impone, otra vez, como forma de gobierno. La mitad del siglo XIX es una disputa entre monarquistas y republicanos para desembocar en una dictadura. El tiempo de mayor estabilidad política a fuerza de coerción estatal. Lo sé, un resumen muy apretado e injusto, pero es a propósito. Mi punto: la historia tiene formas extrañas de convertirse en legado. Muchos hubieran jurado que el PRI estaba destruido después de la elección que ganó Vicente Fox. Otros hubieran creído que Andrés Manuel López Obrador estaba en la lona, cuando invadió las calles y se apoderó de la avenida Reforma. Aún no tenemos claro cuál será el saldo final que esta puerta recién abierta ofrece para México. Este acontecimiento, que hoy parece a muchos un cambio de época, cómo será leído en la historia del siglo XXI mexicano. La historia continúa.

Un dato clave de esta elección: el índice de participación no fue la diferencia, el factor central podría ser la edad de los votantes. ¿Hay un cambio generacional en la composición del electorado y eso definió el sentido del voto? ¿Ese giro tuvo que ver con los canales de comunicación para informarse sobre las campañas? Lo sabremos pronto.

 

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